
Está sucediendo en este momento ante nuestros ojos, el tigre impuso con ayuda de bots un relato y, a punta de repeticiones y con el concurso de hackers como Carimedo, dirigentes y prensa tradicionales, lo difundieron, crearon una realidad paralela, un consenso falaz entre muchos colombianos.
Ese relato venenoso y mendaz, repetido hasta el cansancio, de un país en ruinas, de una economía frágil, de un desastre financiero y una deuda impagable, de una corrupción galopante y de una nación a merced de la violencia y el tráfico ilegal de droga, oro y seres humanos, era para ellos necesario para sostener el espejismo de un enemigo al cual derrotar, generar rabia, terror, indignación entre quienes no tienen por hábito leer un poco más allá de la propaganda, de esa letanía infame apocalíptica que los ponía a ellos, los presuntos nadies, los de siempre, como únicos capaces de sacar el país del fango ilusorio que sus mentiras repetidas deliberada, metódica y sistemáticamente.
Llegaron al poder por poco, convencieron a muchos no de la bondad de sus propuestas, pues estas se reducían a eslóganes, sino de la necesidad de derrotar al progresismo, el estado regulador, los impuestos progresivos, los subsidios a los pobres, las iniciativas de paz.
La clase media que había crecido merced a la mejoría de parámetros como los salarios, el empleo, la productividad, la reducción de la inflación, la mejoría del poder adquisitivo, votó masivamente por el locuaz e inescrupuloso picapleitos, apoyado por un gobierno extranjero aún más inescrupuloso.
Hoy nos enteramos que el veneno de su narrativa electorera llegó y está afectando a círculos económicos internacionales y ha generado el deterioro de la imagen ante ellos de la solidez de nuestra economía: Los bonos colombianos se deprecian y la deuda se torna más onerosa, el dólar empieza a crecer, el peso se debilita y la inversión extranjera se desploma.
Los mercados internacionales no son estúpidos, sus evaluaciones son duras y objetivas, al dinero no le gusta ni la incertidumbre ni la prosopeya, es poco afín con las hipérboles, los anuncios aterradores y las mentiras publicitarias y propagandísticas.
La inversión extranjera huye de ambientes tóxicos, sabe leer entre líneas y no come cuentos politiqueros, tiene mecanismos certeros para saber hacia dónde va una economía, no cree en discursos faranduleros y se marcha hacia escenarios más seguros.
Las declaraciones y discursos de un mediocre ministro de hacienda, sumadas a las del vicepresidente que otrora provocó con sus decisiones un estallido social sin precedentes, la propuesta de un nuevo presupuesto general de la nación más abultado y desfinanciado, sostenido y pegado con babas, que reduce el rol redistributivo y regulatorio del estado, reduce el rubro que financia la educación pública, la protección ambiental, la cultura, el arte, aumenta el gasto del estado en contrataciones y la indispensable mermelada: No hay plata para los damnificados, la reconstrucción, los salarios de los soldados y falta a la promesa de reducir el estado, reduce a la vez impuestos progresivos y se cimenta sobre deuda externa. han llamado la atención de las agencias que evalúan el riesgo de invertir en la patria milagro.
El gobierno de Abelardo se resbala sobre la propia inmundicia de la que se valió para desacreditar al gobierno que ya no está.
Aumentarán el servicio de la deuda, la inflación, el subempleo y el desempleo, el peso colombiano valdrá papel higiénico y el dólar subirá como la espuma, superaremos nuestras cifras en cuanto a Gini, la pobreza se incrementará, el vicepresidente sabe harto de eso y de hablar basura y Gómez aplicará tozudamente las fórmulas que, en el pasado, nos han tenido al borde del precipicio.
La patria milagro a duras penas sobrevivirá, la violencia crecerá de parte y parte, hoy el bufón saca el pecho con cifras que la propia prensa y el ejército le corrigen, exagera pretendiendo generar euforia, pero solo consigue generar temor entre tirios y troyanos.
Se rodea de cadáveres para ufanarse de la muerte, gritar a pleno pulmón que la solución para la violencia es más guerra, más bombardeos. Entre esos cadáveres seguramente estaban los de los tres menores que las disidencias criminales secuestraron de sus casas y reclutaron a la fuerza para convertirlos en carne de cañón, los tres que murieron destrozados por las bombas.
“Que viva Cristo Rey”, grita el rábula criminal al final de su intervención, reviviendo el grito de Francisco Franco y de los temibles chulavitas que también asesinaban indiscriminadamente niños, mujeres, ancianos
Vendrán impuestos regresivos, aumento del IVA al 21 o 25% y del impuesto a las transacciones al 6 u 8%, los ricos pagarán menos y la clase media más, el aumento de la clase media se refrenará y muchos volverán a los niveles de pobreza; se viene una catástrofe social, protestas, manifestaciones, violencia y represión brutal.
Ya casi podremos decir que todo lo que han dicho del gobierno de Petro se convertirá en la dura realidad de Abelardo. Ya hemos pasado por eso, tiempos duros se vienen diría Dumbledore…
Sumado a lo anterior están algunas decisiones de corte preocupante: La persecución abierta a periodistas que intentaban parecer equilibrados, la orden de mantener el control del discurso evitando entrevistas y basándose en comunicados, someter con la pauta a la “gran” prensa e imponer líneas editoriales que promuevan la esperanza en medio del caos, silencien cualquier asomo de crítica y le den protagonismo al falso felino en su intento de mantener una imagen mesiánica que haga tan obvia su bondad falaz que, de una buena vez, satanice el disentimiento.
Anuncios de victorias cuestionables, cifras de muertos y detenidos, extradiciones flash, para decir que se trabaja en seguridad mientras el crimen galopa en las calles y la violencia cunde en los campos, ya no serán las Convivir del avejentado matón, ahora serán grupos de exmilitares que actuarán como paramilitares al servicio del régimen que ya saca sus garras autoritarias y regresivas.
Bienvenidos a la “patria milagro” (¿O tal vez la patria miseria?) que se construye sobre el cadáver insepulto del “país de la belleza”.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

