
Antes de comenzar y a manera de introducción, traigo a colación al político, filósofo, escritor, jurista y orador romano Cicerón, quien nos recuerda que resolver conflictos mediante la fuerza o el desquite es propio de las bestias, mientras que el diálogo y la cordura son propios de los seres humanos. De otro lado filósofos estoicos como Marco Aurelio o Séneca coinciden en formular que, si alguien te trata mal y tú respondes igual o peor, sólo confirmas que son los otros quienes tienen la razón.
La destacada periodista Cecilia Orozco Tascón nos regala una de sus minuciosas y certeras columnas en su espacio habitual en el diario El Espectador, la columna tiene por título “El presidente carcelero y el preso David Murcia”.
Para efectos del presente artículo debo aclarar que cuando se refiere al “Presidente Carcelero” Cecilia alude a ese híbrido criollo entre Trump, Bukele, Milei, Kast, Paz, Hernández, Asfura, Pinochet, Franco, Mussolini y Laureano Gómez salpimentado con raíces caribeñas corronchas, experto en defensa de narcotraficantes y politicastros corruptos, quien ha demostrado que tiene por objeto llenar las principales ciudades de sedes alternas de la Presidencia de la República, como expresión elocuente de su visión de lo que puede representar una descentralización a fondo y radical del gobierno.
Así mismo aclaro que David Murcia es uno de esos avivatos con suerte que a menudo surgen en estas tierras fecundas para toda clase de talentos, lamentablemente también para aquéllos que destacan por su ingenio para desplumar a otros crédulos y confiados. En efecto, en el año 2008, más exactamente en noviembre, se registró en Colombia la aparatosa caída de una empresa llamada DMG, por las iniciales de su creador y dueño David Murcia Guzmán, fundada en el año 2000. La empresa se especializaba en la venta de tarjetas prepago a través de las cuales realizó una captación masiva, ilegal y engañosa de una suma billonaria de los ahorros de muchos colombianos que creyeron en sus promesas de rendimientos estrambóticos.
Se trataba de un negocio piramidal en el que a los primeros que llegaron les fue bastante bien, pero los que llegaron de últimas pagaron con sus ahorros las pingues ganancias de los primeros y, por supuesto, del astuto creador de la firma.
Eran los días del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y, al parecer por órdenes de éste, ante el posible involucramiento de sus hijos en relaciones non sanctas con el estafador de marras, dio la orden a la Superintendencia de Sociedades de proceder con la liquidación y cierre de la empresa, la venta de sus activos y la devolución, hasta donde fuera posible, de los recursos invertidos a los ahorradores.
Como consecuencia de ello la empresa desapareció, sus activos fueron vendidos al mejor postor, David Murcia enfrentó el llamado implacable de la justicia y miles de ahorradores quedaron con el consuelo de lamerse las heridas porque plata no hubo para todos. Las víctimas del fraude querían sangre, decapitaciones en plaza pública. En esos momentos David Murcia, el estafador por excelencia, sucumbió él también a la labia prodigiosa y las promesas de un joven abogado bogotano, pero de origen costeño, corroncho para mas detalles (Aclaro que en Colombia la palabra corroncho se refiere a una persona nacida y procedente de la región caribe, particularmente de la ciudad de Barranquilla, no siempre de buenos modales, no siempre estilizada ni elegante en su trato).
Para no ir más lejos el novel abogado asumió, por una suma tan prodigiosa como su labia la defensa del señor Murcia, era esa efectivamente su especialidad, defender causas perdidas de delincuentes de todos los pelambres, así que David Murcia no podía estar mejor representado, sólo que, como era habitual en esas procelosas épocas en las que el abogado ejercía como penalista, el tipo perdió y David Murcia resultó condenado no sólo en Colombia donde recibió penas por más de 30 años, sino en los EEUU, a donde fue extraditado y donde cumplió por varios años pena por narcotráfico y lavado de activos.
Hasta hace unos días el señor Murcia cumplía apaciblemente su pena en la cárcel Picota. Valga decir que hace algunos meses, mientras Abelardo era candidato a la presidencia, David Murcia dio unas declaraciones en una entrevista al prestigioso periodista Daniel Coronel, en las que acusaba al entonces candidato de haberlo estafado y robado en una suma superior a millón y medio de dólares.
Pues bien, hace unos días en forma silenciosa, sin darle aviso a su familia ni mucho menos a su abogada defensora, digamos que en forma arbitraria pues no se cumplía con las condiciones que se establecen normativamente para realizar ese tipo de acciones, David Murcia Guzmán, fue trasladado de la Penitenciaría de la Picota a la cárcel de Palogordo, una prisión localizada en la ciudad de Girón en Santander, al decir de la periodista Orozco Tascón “poco escudriñada”, por decir lo menos.
Aclaremos acá que a lo largo de su ejercicio profesional y público el señor Abelardo de la Espriella se ha caracterizado por ser proclive a la rencorosa y vengativa persecución a sus contradictores. No en vano es uno de los personajes que acumula el mayor número de demandas en contra de periodistas que se han atrevido a revelar aspectos de su vida y de su actividad. Durante la campaña pasada fuimos sorprendidos por el brutal y abusivo trato, detención y deportación que tuvo que sufrir el influencer Beto Coral, luego de que denunciara a de la Espriella ante las autoridades estadounidenses por grabar ilegalmente una conversación en el marco de un intento de conciliación con el expresidente Álvaro Uribe y sus representantes legales en los EEUU.
El por entonces candidato se ufanó en redes de que iba a ser el portador de una “buena noticia” para los colombianos, en referencia a lo que, en últimas, fueron consecuencias de gestiones que involucraron al señor Marco Rubio, secretario de estado de los EEUU, quien justificó el trato a Beto diciendo que no era permitido que personas que estuvieran gestionando su asilo por razones humanitarias en ese país, denunciaran a candidatos aliados del gobierno de la metrópoli.
Todo lo anterior para recalcar que la venganza ha sido una inspiradora constante de las actuaciones del señor de la Espriella en el pasado, como ahora lo es también en el caso del señor Murcia Guzmán.
En fin, Cecilia Orozco señala con justificada preocupación que el traslado de Murcia a una cárcel en las condiciones arriba ya señaladas y de forma intempestiva, es una señal “del enorme riesgo que corre la democracia en los tiempos políticos que vivimos” y que esa orden administrativa del INPEC (Instituto Nacional Penitenciario) dista mucho ¿de ser un tramite anodino, sino que más bien pare la expresión del interés personal del rencoroso señor de la Espriella, público enemigo de Murcia.
Señala la destacada comunicadora que “Como se sabe, un condenado puede ser removido legalmente del sitio asignado para pagar su pena si, primero, existe una situación objetiva que explique la decisión; segundo, se presentan los respectivos soportes jurídicos; y, tercero, se expiden y registran las autorizaciones correspondientes.”.
De cualquier manera esos cambios no se llevan a cabo de manera intempestiva como fue el caso de Murcia, a escondidas de todos, especialmente, como ya lo mencioné de su familia y su apoderada, la abogada Sondra Macollins quien ha denunciado públicamente ese hecho, señalado que pudiera estar en curso un atentado contra la vida del incómodo recluso y pide que se le respete la vida a Murcia Guzmán, a la vez que enfatiza que hay hechos, algunos de los cuales ya hemos mencionado, que probarían que detrás de ese traslado estaría la voluntad del presidente de la Espriella.
Las acusaciones de Murcia Guzmán en contra de De la Espriella fueron contundentes, continua en su columna la periodista Orozco Tascón: “En resumen, aseguró que De la Espriella le pidió $5 mil millones de pesos (cerca de $1,5 millones de USD de 2008), y que él o su empresa DMG se los dio; que el exabogado le dijo que era necesario (y Murcia aceptó) que le entregara $760 millones de pesos más, para, con ese dinero, “tocar a unos congresistas” con el fin de evitar que estos aprobaran una supuesta nueva ley que perjudicaría la operación de DMG; que De la Espriella lo abandonó sin asumir su defensa ni devolverle las millonarias platas que le había entregado (el condenado Murcia añadió que el penalista lo traicionó para entenderse con quien supuestamente lo perseguía, Uribe Vélez, a cambio de que este –entonces presidente de la República– favoreciera a su padre, Abelardo de la Espriella Juris, nombrándolo Notario 32 de Bogotá como, en efecto, sucedió en 2005 y hasta 2022).”
En sus declaraciones el señor Murcia Guzmán no se quedó en medias tintas, aseguró que de la Espriella es un tipo ladrón y traicionero.
Finaliza Cecilia Orozco su preocupante revelación diciendo que: “El presidente Abelardo de la Espriella es el responsable obvio del destino de Murcia Guzmán. Independientemente de los delitos que cometió el creador de DMG según dictámenes de la justicia, David Murcia sería reconocido, en cualquier país democrático, como asilado político por la persecución gubernamental en su contra. Si así, tan cínica y abiertamente, este Gobierno empieza a ejecutar acciones para activar las venganzas personales del mandatario, muy pronto veremos cómo se “desinhibe” frente a los ciudadanos de bien que no se sometan a sus obsesiones.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

