La historia de Eevee, una pequeña canguro roja nacida en un zoológico de Cotia, en el estado de São Paulo, entra en una nueva etapa. Después de sobrevivir al rechazo de su madre y pasar meses bajo el cuidado permanente de una bióloga, la cría comenzó un proceso gradual de adaptación para volver a convivir con otros canguros. El objetivo ahora es que pueda ganar independencia sin perder las habilidades necesarias para integrarse al grupo.
Eevee fue rechazada por su madre, Esther, cuando todavía era muy pequeña. El equipo del Animália Park, que mantiene un sistema de monitoreo permanente de los animales, detectó que la madre la había expulsado de su bolsa durante la noche. Los profesionales realizaron varios intentos para que ambas volvieran a establecer el vínculo, pero finalmente la madre no aceptó nuevamente a la cría.
La situación era delicada porque los canguros recién nacidos dependen intensamente de sus madres. Eevee necesitaba mantener una temperatura adecuada, recibir alimentación frecuente y permanecer en un ambiente que reprodujera, en la medida de lo posible, las condiciones del marsupio. Cuando fue rescatada, los especialistas evaluaron especialmente su hidratación, glucemia y temperatura corporal.
Una madre sustituta durante las primeras semanas
La responsable de acompañar el proceso fue Thais Gomes Amaral, bióloga especializada en bienestar animal y coordinadora del sector de aves y crías del parque. Durante las primeras etapas, Eevee permaneció prácticamente todo el tiempo junto a ella.
Para reproducir la sensación de seguridad que tendría dentro de la bolsa materna, el equipo preparó una estructura de tejido que imitaba el marsupio. También utilizaron materiales capaces de proporcionar calor y movimiento, ya que el balanceo constante forma parte de la experiencia natural de una cría que permanece junto a su madre.
La alimentación también exigió una rutina estricta. En los primeros meses, Eevee recibía leche específica en intervalos regulares y permanecía bajo supervisión veterinaria. Con el crecimiento comenzó además una transición progresiva hacia otros alimentos.
El vínculo con Thais se volvió tan estrecho que la bióloga pasó a representar para la cría una figura de seguridad. Precisamente por eso, el siguiente desafío no consiste simplemente en dejarla en un recinto con otros animales, sino en enseñarle gradualmente a desenvolverse sin depender permanentemente de su cuidadora humana.
Ahora comienza la etapa más importante
Con aproximadamente seis meses de edad, Eevee ya está suficientemente desarrollada para iniciar una nueva fase. Por las mañanas es trasladada a un recinto donde puede observar y acercarse a otros canguros.
El contacto se realiza lentamente. Los otros animales pueden aproximarse, olfatearla y reconocerla, mientras los cuidadores observan atentamente las reacciones de todos. No se pretende obligarla a integrarse inmediatamente, sino permitir que el reconocimiento y la confianza se construyan de manera natural.
La bióloga también está aumentando progresivamente el tiempo que Eevee permanece con otros cuidadores y reduciendo su dependencia directa de Thais. La intención es que llegue el momento en que pueda permanecer durante períodos más largos junto a otros canguros adultos.
Este proceso es particularmente importante porque Eevee no será liberada en la naturaleza. Al haber nacido bajo cuidado humano y haber crecido en un ambiente controlado, su futuro está relacionado con el grupo de animales mantenido por el parque.
¿Por qué una madre puede rechazar a su cría?
El rechazo de un recién nacido puede producirse por diferentes razones. En el caso de Eevee, los especialistas señalaron que Esther era una madre primeriza y que la inexperiencia pudo haber contribuido a la conducta.
La situación no necesariamente significa que exista un comportamiento agresivo permanente. En algunos casos, las madres pueden rechazar a sus crías durante determinadas etapas de desarrollo. Por eso, el protocolo aplicado por los cuidadores no consiste en retirar inmediatamente al animal, sino en intentar primero la reintegración con su madre biológica.
Solo cuando esas posibilidades se agotan se inicia un programa de crianza asistida.
De una cría vulnerable a un animal cada vez más independiente
La transformación de Eevee ha sido considerable. Cuando nació, tenía apenas unos centímetros y dependía completamente de la protección materna. Los canguros nacen después de una gestación muy corta y continúan gran parte de su desarrollo dentro de la bolsa de la madre.
Con el paso de los meses, Eevee comenzó a salir de su bolsa artificial para explorar el entorno. Los cuidadores también incorporaron períodos controlados de exposición al exterior y contacto progresivo con otros espacios y animales.
Ahora, el desafío es diferente: ya no se trata solamente de mantenerla con vida, sino de prepararla para una vida social lo más adecuada posible dentro de su grupo.
La bióloga explica que los animales aprenden mediante la repetición. Por eso, cada comportamiento que se busca incorporar debe practicarse de manera gradual, evitando cambios bruscos que puedan generar miedo o dependencia.
Una historia que también enseña sobre conservación
El caso de Eevee tiene un significado que va más allá de la historia emotiva entre una cría y su cuidadora. Los profesionales consideran que cada experiencia de este tipo permite desarrollar conocimientos que pueden ser útiles cuando otros animales necesitan atención humana.
En situaciones de rechazo materno, la experiencia acumulada sobre alimentación, temperatura, comportamiento y socialización puede resultar fundamental para aumentar las posibilidades de supervivencia de futuras crías.
La especialista australiana Annabelle Olsson, directora del Hospital de Vida Silvestre de la Universidad de Sídney, explicó que existen grupos de cuidadores especializados en el entrenamiento y cuidado de canguros que han sido abandonados o rechazados.
El objetivo final: que Eevee ya no necesite a su “mamá humana”
La etapa que comienza ahora probablemente sea una de las más difíciles para Thais. Después de haber acompañado a Eevee prácticamente durante todo su desarrollo inicial, tendrá que ir reduciendo su presencia para permitir que la cría establezca relaciones con sus semejantes.
El éxito no estará en que Eevee permanezca siempre junto a la bióloga, sino precisamente en que consiga separarse de ella.
Los primeros encuentros con otros canguros ya comenzaron y se realizan bajo vigilancia. Los animales se acercan, se reconocen y comparten el espacio durante períodos controlados. El tiempo de convivencia irá aumentando a medida que Eevee demuestre mayor seguridad e independencia.
La historia de Eevee comenzó con un rechazo que podría haber terminado de manera trágica. Sin embargo, el monitoreo permanente del parque, la intervención veterinaria y la dedicación de una bióloga permitieron que la pequeña canguro superara sus primeras dificultades.
Ahora comienza un nuevo capítulo: aprender a dejar atrás a su madre humana para encontrar su lugar entre los animales de su propia especie. No se trata simplemente de devolverla a un recinto, sino de enseñarle, paso a paso, a ser canguro.
Foto: Reprodução/TV Globo / Animália Park
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