
Comités de cuenca y expertos del Mercosur advierten sobre el límite físico del agua y evalúan la viabilidad de megaacueductos oceánicos para salvar los salares
El debate en torno a la sostenibilidad de la minería de litio en el Cono Sur ha alcanzado una nueva dimensión regulatoria en el seno del Mercosur, luego de que una red internacional de hidrólogos publicara un informe detallado sobre el acelerado declive de los acuíferos subterráneos en las regiones altoandinas de Argentina y Bolivia. La investigación, que analiza el comportamiento de las cuencas endorreicas cerradas durante el último ciclo operativo, confirma que la extracción masiva de salmuera para el método de evaporación tradicional está alterando la presión hidrostática y provocando el descenso crítico de las napas freáticas periféricas. Esta situación afecta directamente a los bofedales y lagunas superficiales de los que dependen las comunidades originarias y la fauna autóctona, encendiendo las alarmas de los ministerios de medio ambiente del bloque. Ante la inminente transición hacia tecnologías de Extracción Directa de Litio (EDL), que prometen mayor eficiencia pero exigen un consumo intensivo de agua dulce para el lavado de resinas, las autoridades aduaneras y las cámaras mineras se ven obligadas a buscar alternativas radicales que eviten el colapso hídrico definitivo de los salares más productivos del continente.
La solución técnica más ambiciosa que se discute en las mesas de energía del bloque regional contempla la construcción de megaacueductos de alta montaña para transportar agua de mar desalinizada desde los litorales oceánicos directamente hacia el corazón del altiplano, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. Aunque desde la perspectiva de la ingeniería civil esta infraestructura es plenamente viable —tomando como referencia los sistemas de bombeo vertical ya operativos en la gran minería del cobre en el desierto de Atacama—, el desafío geográfico para el litio interior representa una proeza titánica sin precedentes. Un trazado desde el Océano Pacífico requeriría perforar la Cordillera de los Andes mediante estaciones de bombeo en serie de alta presión para vencer una pendiente vertical abrupta en trayectos que van de los 300 a los 500 kilómetros. Por el contrario, un diseño desde el Océano Atlántico ofrecería una pendiente mucho más suave y progresiva a través del territorio argentino, pero obligaría a tender tuberías a lo largo de distancias masivas superiores a los 1.200 kilómetros, encareciendo drásticamente los costos de materiales y logística.
El verdadero nudo gordiano de estas megaobras radica en su viabilidad económica y en el impacto directo que tendrían sobre la estructura de costos de las corporaciones mineras que operan en la región. Mientras que el cobre posee un volumen de facturación global que amortiza rápidamente las multimillonarias inversiones en infraestructura hídrica, el mercado del litio presenta márgenes mucho más ajustados que vuelven prohibitivo un gasto de capital (CAPEX) que oscila entre los 1.500 y 3.000 millones de dólares por acueducto. Adicionalmente, el costo operativo (OPEX) derivado del consumo eléctrico necesario para impulsar millones de litros de agua cuesta arriba elevaría el precio del metro cúbico a niveles sustancialmente superiores a los valores actuales de la región. Los analistas financieros señalan que este gasto solo sería absorbido por el mercado si las empresas operan en consorcios compartidos para prorratear la inversión inicial, o si los gobiernos aplican normativas ambientales estrictas que prohíban por completo el uso de las fuentes de agua dulce locales de la superficie.
La dimensión energética de este proyecto añade otra capa de complejidad técnica para los países miembros del Mercosur, dado que el bombeo continuo de agua a través de miles de metros de altitud demanda una cantidad de energía eléctrica que las redes nacionales actuales no pueden abastecer de forma aislada. Para mantener el carácter sustentable del «oro blanco» destinado a la transición verde europea y norteamericana, las tuberías transandinas requerirían la instalación obligatoria de parques solares fotovoltaicos dedicados de escala gigavatio distribuidos estratégicamente a lo largo de la ruta de elevación. Estos complejos energéticos no solo alimentarían los sistemas de ósmosis inversa en las plantas costeras de desalinización, sino que proveerían el suministro necesario para los sistemas de mitigación térmica encargados de evitar el congelamiento de los fluidos industriales durante las noches de invierno extremo en la Puna, transformando por completo la matriz energética de las provincias norteñas.
En el plano geopolítico, las diferencias estructurales entre los socios del bloque regional determinan ritmos de adopción muy dispares para estas tecnologías de transporte hídrico transfronterizo. Argentina cuenta con la ventaja competitiva que ofrece el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un marco normativo de largo plazo diseñado expresamente para atraer consorcios internacionales capaces de financiar obras de infraestructura complejas a cambio de beneficios fiscales prolongados. En contraste, Bolivia se enfrenta a un escenario técnico más complejo debido a que el Salar de Uyuni se encuentra geográficamente más cerca de las costas del Pacífico, lo que obligaría al gobierno de La Paz a tejer acuerdos diplomáticos bilaterales de alta sensibilidad con Chile para asegurar el paso de las tuberías por su territorio soberano, superando disputas históricas que han condicionado las relaciones exteriores de ambas naciones andinas en el pasado.
Ante las barreras económicas y geopolíticas que frenan el avance de los acueductos oceánicos, las compañías mineras del Mercosur están volcando sus esfuerzos inmediatos hacia soluciones de economía circular dentro de sus propios yacimientos industriales. Mediante la incorporación de plantas de compresión mecánica de vapor y sistemas avanzados de ósmosis inversa in situ, los nuevos proyectos en fase de diseño buscan reciclar hasta el 95% del agua dulce utilizada en los procesos de elución, minimizando la presión sobre los ríos superficiales. La supervivencia de la minería de litio en el Cono Sur dependerá de la velocidad con la que los Estados miembros armonicen sus leyes de aguas provinciales y nacionales, estableciendo límites claros a la evaporación consuntiva y obligando al sector privado a internalizar los costos de la preservación ambiental antes de que el daño a los ecosistemas del altiplano sea completamente irreversible.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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