
Madrid escuda su campo: El convenio autonómico frente al acuerdo UE-Mercosur
Una unión entre la administración regional y el gremio agrícola.
El 15 de enero pasado, allá en 2026, la Comunidad de Madrid firmó un acuerdo institucional junto a las organizaciones agrarias principales de la comarca ASAJA Madrid, UGAMA, AGIM-COAG, UPA Madrid y la Unión de Cooperativas Agrarias Madrileñas— para proteger al sector primario de la región ante el convenio comercial entre la Unión Europea y Mercosur que se estaba por firmar. Este texto, que firmó el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, fija una dedicación compartida para asegurar la «ganancia y factibilidad» del sector agrario madrileño en medio de una apertura comercial que los agricultores ven como un peligro.
La postura del gobierno de Isabel Díaz Ayuso no se queda solo en palabras. El convenio reclama tres exigencias indiscutibles para avalar el convenio por completo: mecanismos de protección automáticos y nítidos, supervisiones en frontera intensificadas que igualen las normas sanitarias de lo que llega de fuera con las europeas, y reglas de lo mismo en lo ecológico, social y rastreo. «Nuestros agricultores precisan pugnar por igual, de lo contrario podemos provocar desbalances productivos en Europa amenazando su labor», Novillo razonó después de la rúbrica.
La salvaguardia alimentaria como «sector fundamental»
El discurso del dirigente madrileño rebasa lo agropecuario y sitúa la cuestión como asunto de seguridad patria. «Tenemos que asegurar la autosuficiencia alimentaria de la UE. Es un sector vital, tan imperioso como el de la defensa: sin comida no habrán soldados pa’ protegernos», sentenció, resumiendo así la perspectiva del gobierno autonómico. Este decir es eco de un temor que aqueja a todo el sector: la posibilidad de depender de otras naciones para nutrirnos, sin demandarles las mismas normas de higiene y calidad.
El pacto UE-Mercosur, activo provisionalmente desde el primero de mayo de 2026, permite el arribo a Europa de res, ave, azúcar, grano, miel y soya del sur del continente, a cambio de un mejor ingreso europeo pa’ autos, herramientas, vinos y aguardientes desde Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Productores madrileños lo ven desleal competencia. Costos de Europa crecen por la guerra Ucrania, por burocracia de la PAC tampoco. No pueden competir con importaciones sin estándares iguales.
Firma y calle, protestas subiendo. El trato de enero no calmó el campo. El 11 de febrero 2026, tractores y gente en Madrid. 367 tractores, unos 2500 manifestantes, ellos dicen 8000. Unión de Uniones y Unaspi convocaron esto. Le mas eran «No Mercosur, no ruina» y «Campo español no se vende». Denunciaron que perdemos soberanía alimentaria, entran cosas de peor calidad.
Gobierno central no reacciona como Madrid. Pedro Sánchez dice el trato es noticia extraordinaria para Europa y España. Promete compensaciones y salvaguardas. Dificultará que productos latinos entren si dañan nacionales. Aunque, el Parlamento Europeo había pausado la ratificación por lo menos por un año y medio; dirigiendo el caso al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, para así comprobar su conformidad con el Derecho comunitario.
Madrid contra Bruselas: una disputa sobre la reciprocidad
La Comunidad de Madrid había hecho más que un pacto con los agricultores. El 22 de enero de 2026, el Gobierno de la región, pedía abiertamente a la Comisión Europea, donde la española Teresa Ribera ejerce la vicepresidencia, que no activase el acuerdo provisionalmente, antes de asegurar la protección del sector. «Vemos con preocupación la intención de la Comisión de aplicarlo provisionalmente sin protecciones hasta el pronunciamiento del TJUE,» comentaron fuentes de la Consejería. La misma Ayuso usaba sus redes sociales para insistir: «Mercosur es una grande oportunidad para Europa pero nunca lo será si va a espaldas del mundo rural.» Esta situación coloca a Madrid en una ambivalencia forzada. De una parte, defiende los intereses de una agricultura que es sustento identitario y económico de la periferia regional, la base; pero de otra, da por hecho que el pacto, bien administrado, puede ser provechoso para la economía madrileña en áreas no agrarias como la logística, finanzas y exportación.
En pocas palabras: un desafío a su autogobierno.
El acuerdo del quince de enero dista de ser un tratado internacional convencional. Más bien, es una maniobra de posicionamiento político, que compromete al Ejecutivo autonómico con sus agricultores y legitima su participación en un terreno —la política comercial europea— donde el Estado y la Unión Europea ostentan el monopolio. Aunque Madrid carezca de poder para bloquear convenios, sí tiene la facultad de influir en el debate público y ejercer presión mediante sus delegados en el Senado y el Parlamento Europeo.
El plan de Madrid demuestra una táctica de dos frentes: salvaguardar al campo del Mercosur, al mismo tiempo que aprovecha, en otras esferas, las posibilidades que dicho acuerdo brinda con Latinoamérica. Un equilibrio precario existe, allí la conversación sobre la soberanía alimentaria funcionan a la ves como escudo para los campesinos y como espada en la lucha política contra el Gobierno central. No solamente está en juego el coste del kilogramo de carne o el futuro de una siembra, mas bien, de quien define los términos en que España se vincula con su más grande mercado emergente del siglo veintiuno.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CLAUDIA VALEAN CARPA
Inventora en España desde 2022 y profesional con sólida trayectoria en liderazgo, gestión estratégica y dirección de equipos. Con experiencia internacional vinculada al ámbito de la investigación y más de 17 años de experiencia en gestión profesional y desarrollo organizativo.
Comprometida con la excelencia, la innovación y el crecimiento continuo, considero que el liderazgo se construye a través de la perseverancia, la visión estratégica y la capacidad de generar valor en cada proyecto. Destaco por mi capacidad de organización, coordinación de equipos y orientación a resultados en entornos dinámicos y de alta responsabilidad.

