Paraguay enfrenta una nueva señal de alarma sobre el estado de su educación. Los resultados de PISA 2025, publicados esta semana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), muestran un retroceso de los estudiantes paraguayos en áreas fundamentales y vuelven a colocar al país entre los sistemas educativos con mayores dificultades de la región. Ante este escenario, especialistas cuestionan no solamente el rendimiento de los alumnos, sino también la capacidad del sistema para reaccionar con un programa concreto, sostenido y medible de recuperación.
La evaluación internacional examinó a 6.510 estudiantes paraguayos de 15 años pertenecientes a 293 instituciones educativas. Los resultados muestran que apenas el 24% alcanzó el nivel básico de competencia en lectura, frente al 69% registrado como promedio internacional. En matemáticas, solamente el 10% superó ese umbral, contra 64% a nivel internacional; en ciencias lo hizo el 24%, frente al 74%, y en resolución de problemas computacionales apenas el 14%, frente al 64% internacional.
El retroceso resulta especialmente preocupante porque no se trata únicamente de una posición baja en un ranking. En lectura, Paraguay pasó de 373 puntos en 2022 a 352 en PISA 2025, una caída de 21 puntos. El deterioro también se observa en las demás competencias evaluadas, confirmando que el problema tiene un carácter estructural y no puede explicarse solamente por el comportamiento de una generación de estudiantes.
La situación adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa el desempeño regional. Paraguay aparece en las últimas posiciones entre los países latinoamericanos participantes y, de acuerdo con los análisis difundidos tras la publicación de PISA, ocupa el último lugar regional en matemáticas y el penúltimo en ciencias. El problema, por tanto, no es únicamente la distancia respecto de los países desarrollados: también existe una brecha considerable frente a otros sistemas educativos de América Latina.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que la escuela está enfrentando un escenario diferente al de años anteriores. Los alumnos tienen acceso permanente a teléfonos inteligentes, redes sociales, inteligencia artificial y enormes cantidades de información, pero eso no significa necesariamente que sepan comprenderla, analizarla o utilizarla para resolver problemas. Investigadoras consultadas por ABC señalaron precisamente la necesidad de recuperar capacidades como el razonamiento, la comprensión lectora y la resolución de problemas, evitando que los estudiantes deleguen procesos cognitivos en los dispositivos tecnológicos.
La propia evaluación internacional incorpora ahora competencias vinculadas con el mundo digital. PISA 2025 evaluó por primera vez la capacidad de los estudiantes para resolver problemas utilizando herramientas computacionales, incluyendo lógica de programación y modelización digital. Paraguay obtuvo solamente un 14% de estudiantes por encima del nivel básico en esta competencia, lo que evidencia que la brecha educativa también se está trasladando al terreno tecnológico.
Otro problema señalado en el debate educativo es la falta de docentes y recursos, además de las desigualdades sociales que condicionan las oportunidades de aprendizaje. El informe PISA permite analizar el rendimiento teniendo en cuenta factores económicos y sociales, y los resultados internacionales muestran que las condiciones de origen continúan teniendo una influencia considerable sobre el desempeño académico.
Desde el Ministerio de Educación y Ciencias, el ministro Luis Ramírez sostuvo que las pruebas estandarizadas responden a un esquema pedagógico que se encuentra en declive y defendió la importancia de fortalecer el sistema nacional de evaluación SNEPE para analizar la realidad educativa paraguaya. Sin embargo, la discusión abierta por PISA plantea una pregunta que trasciende la metodología utilizada: qué medidas concretas se implementarán y en cuánto tiempo podrán comprobarse sus resultados.
La preocupación de los especialistas apunta precisamente a la ausencia de una hoja de ruta suficientemente clara. Si los alumnos presentan dificultades persistentes para comprender textos, resolver problemas matemáticos, interpretar información científica y desenvolverse en entornos digitales, mejorar el sistema exige mucho más que modificar una prueba o incorporar nuevas herramientas tecnológicas. Se requiere fortalecer la formación docente, establecer objetivos verificables, identificar las escuelas con mayores dificultades y realizar un seguimiento permanente de los avances.
También será necesario revisar qué se enseña y cómo se enseña. El modelo educativo que funcionaba en una sociedad donde el acceso a la información estaba limitado por los libros y las bibliotecas ya no puede ser aplicado de la misma manera en un entorno donde un adolescente tiene acceso instantáneo a millones de documentos, videos y herramientas de inteligencia artificial. El desafío de la escuela moderna es enseñar a pensar, contrastar información, argumentar, crear y resolver problemas, no simplemente acumular datos.
El resultado de PISA también obliga a mirar las condiciones en las que estudian miles de niños y adolescentes paraguayos. En los últimos días, análisis publicados a raíz del informe han señalado que la crisis educativa está relacionada con factores que van más allá del aula, incluyendo pobreza, exclusión, desigualdad y falta de condiciones adecuadas para garantizar un aprendizaje sostenido.
Para Paraguay, el verdadero desafío comienza después de la publicación de los resultados. Un ranking puede mostrar la posición del país, pero no puede solucionar el problema. La pregunta decisiva es qué hará el Estado con la información obtenida. Si el diagnóstico vuelve a quedar archivado hasta la próxima evaluación internacional, el país corre el riesgo de repetir el mismo ciclo de bajos resultados.
La advertencia de los especialistas es contundente: Paraguay necesita pasar de la reacción frente a los resultados a una política educativa de largo plazo, con metas concretas, presupuesto, formación docente, evaluación permanente y mecanismos capaces de determinar qué funciona y qué debe ser corregido. El desafío no consiste solamente en mejorar la posición del país en PISA, sino en conseguir que un mayor número de jóvenes salga de la escuela con las herramientas necesarias para continuar estudiando, incorporarse al mercado laboral y participar plenamente en una sociedad cada vez más tecnológica.
Foto: Ministerio de Educación y Ciencias / ABC Color
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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