En una época marcada por las notificaciones permanentes, las redes sociales y el flujo inagotable de información, cada vez resulta más difícil desconectarse. Algunas personas sienten ansiedad ante la posibilidad de estar perdiéndose algo importante, mientras otras comienzan a experimentar alivio cuando dejan de intentar seguirlo todo. La psicología utiliza dos conceptos para describir estas experiencias: FOMO y ROMO.
El FOMO, sigla de Fear Of Missing Out —miedo a perderse algo—, describe la sensación de que otras personas están viviendo experiencias interesantes o importantes mientras uno queda al margen. Puede aparecer cuando alguien observa fotografías de una reunión a la que no fue, descubre que sus amigos están conversando sin él o teme no enterarse de una noticia o tendencia mientras permanece desconectado.
Esta sensación puede parecer inofensiva, pero cuando se convierte en un hábito puede modificar la conducta cotidiana. Una persona afectada por FOMO puede revisar repetidamente el teléfono, abrir las redes sociales sin un objetivo concreto, sentirse obligada a responder inmediatamente los mensajes o incluso sacrificar horas de sueño para mantenerse conectada.
Las plataformas digitales pueden intensificar el fenómeno porque presentan una selección de los momentos que las personas deciden mostrar públicamente. Fotografías de viajes, celebraciones, reuniones, éxitos profesionales o experiencias agradables construyen una imagen parcial de la vida de los demás. La comparación permanente puede generar la impresión equivocada de que todos están disfrutando más, avanzando más rápido o teniendo una vida más interesante.
Cuando desconectarse produce alivio
En el extremo contrario aparece el ROMO, Relief Of Missing Out, que puede traducirse como “alivio de perderse algo”. El concepto describe la sensación positiva que experimenta una persona cuando acepta que no necesita conocer, participar o responder a todo lo que sucede a su alrededor.
No se trata simplemente de estar desconectado. El ROMO representa la posibilidad de dejar de sentir culpa por no estar presente en cada conversación, acontecimiento o tendencia. En lugar de interpretar la desconexión como una pérdida, la persona comienza a verla como una oportunidad para descansar y recuperar el control sobre su atención.
Esta actitud adquiere especial importancia en un contexto en el que el teléfono puede acompañar prácticamente todas las actividades del día. Noticias, mensajes, videos, comentarios y alertas compiten constantemente por la atención, generando una sensación de que siempre existe algo pendiente por revisar.
El teléfono puede convertirse en una fuente de ansiedad
Uno de los signos más claros de FOMO es revisar compulsivamente el teléfono incluso cuando no existe una notificación nueva. También puede aparecer ansiedad cuando un mensaje no recibe respuesta inmediata, preocupación por quedar excluido de una conversación o malestar después de observar las actividades de otras personas en las redes.
El problema aparece cuando estos comportamientos comienzan a interferir con la vida cotidiana. Si la conexión permanente afecta el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones personales o el estado de ánimo, ya no se trata simplemente de una preferencia tecnológica, sino de un hábito que merece ser revisado.
La sobreexposición también puede generar agotamiento. El cerebro recibe constantemente estímulos nuevos y debe decidir qué información merece atención y cuál puede ignorar. Esa exigencia permanente puede contribuir a una sensación de cansancio mental y dificultad para concentrarse.
¿Cómo recuperar el equilibrio?
Una de las primeras medidas consiste en establecer límites concretos para las redes sociales. Los teléfonos actuales permiten configurar temporizadores y herramientas de bienestar digital que muestran cuánto tiempo se dedica diariamente a cada aplicación. Convertir ese dato en un punto de partida permite identificar hábitos que muchas veces pasan inadvertidos.
También puede ser útil recuperar espacios presenciales. Una conversación cara a cara, una caminata, una comida familiar o una actividad deportiva permiten establecer vínculos sin la presión permanente de las notificaciones.
Otro recurso es practicar el llamado “scroll consciente”. Antes de abrir una red social, conviene preguntarse qué se está buscando realmente. Si la respuesta es entretenimiento, información o contacto con alguien, la acción tiene un propósito. Si simplemente se abre la aplicación por ansiedad o aburrimiento, reconocerlo puede ayudar a romper el automatismo.
Establecer momentos del día sin notificaciones es otra estrategia sencilla. Silenciar el teléfono durante una comida, antes de dormir o durante una actividad importante permite crear períodos en los que la atención no está permanentemente disponible para el mundo digital.
FOMO, ROMO y un tercer concepto: JOMO
La conversación sobre la desconexión digital también incorporó otro término: JOMO, Joy Of Missing Out, o “alegría de perderse algo”.
La diferencia es sutil pero importante. Mientras el ROMO pone el énfasis en el alivio que produce dejar de estar pendiente de todo, el JOMO implica disfrutar activamente de no participar. Una persona puede elegir quedarse en casa leyendo, descansar, conversar con su familia o simplemente no hacer nada y sentirse satisfecha con esa decisión, sin experimentar culpa por aquello que está ocurriendo fuera de su alcance.
En ese sentido, estos conceptos reflejan una transformación en la manera de entender la relación con la tecnología. El objetivo no necesariamente consiste en abandonar las redes sociales, sino en impedir que sean ellas las que determinen permanentemente dónde debe estar nuestra atención.
Desconectarse también puede ser una forma de cuidarse
El desafío no consiste en conocer todas las noticias, responder todos los mensajes ni participar de cada tendencia. Ninguna persona puede estar presente en todo al mismo tiempo.
Aceptar esa limitación puede ser liberador. El descanso digital permite recuperar momentos de silencio, concentración y contacto con actividades que no necesitan ser fotografiadas, publicadas ni compartidas.
Si la ansiedad vinculada a la desconexión se vuelve intensa, persiste durante mucho tiempo o comienza a afectar significativamente el sueño, el trabajo, las relaciones o el bienestar emocional, puede ser conveniente buscar orientación profesional.
En una sociedad hiperconectada, quizá una de las decisiones más saludables sea comprender que no saber qué está ocurriendo durante algunas horas no significa estar perdiendo la vida. A veces, simplemente significa estar viviendo el momento que tenemos delante.
Foto: ABC Color
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