Asia está entrando en una nueva etapa de la revolución robótica: ya no se trata solamente de mostrar humanoides capaces de caminar, bailar, correr o realizar demostraciones sorprendentes, sino de conseguir que estas máquinas trabajen durante horas en fábricas y servicios, con autonomía suficiente para afrontar situaciones que no fueron previamente programadas. China lidera por volumen, Japón intenta recuperar su ventaja industrial, Corea del Sur apuesta por una integración entre robótica, inteligencia artificial y semiconductores, mientras Taiwán busca convertirse en una pieza clave de la cadena tecnológica.
La transformación tiene una dimensión industrial enorme. Según la Federación Internacional de Robótica, en 2024 se instalaron 542.000 robots industriales en todo el mundo, y Asia concentró el 74% de esas nuevas instalaciones. China, por sí sola, incorporó 295.045 unidades, equivalentes al 54% del total mundial, y superó los dos millones de robots industriales operativos. Japón instaló unas 44.500 unidades y Corea del Sur alrededor de 30.600.
China quiere convertir su ventaja industrial en robots humanoides
China parte con una ventaja difícil de igualar: una gigantesca industria manufacturera y una cadena de suministro capaz de producir motores, baterías, sensores, componentes electrónicos y sistemas de control a gran escala. Esa infraestructura, desarrollada también alrededor de la industria de vehículos eléctricos, está siendo utilizada para acelerar la producción de robots con inteligencia artificial incorporada.
El salto hacia los humanoides es especialmente significativo. De acuerdo con datos citados por EFE a partir de un informe del instituto chino CCID, China concentró aproximadamente 14.400 de los 17.000 robots humanoides enviados durante 2025, más del 80% del total. El mercado chino de estos robots alcanzó unos 1.550 millones de yuanes, alrededor de 231 millones de dólares, equivalente al 53,8% del mercado mundial.
Pero la demostración tecnológica todavía está lejos de significar una sustitución masiva de trabajadores. En pruebas observadas durante la Conferencia Mundial de Robótica de Pekín, algunos robots pudieron clasificar paquetes, doblar ropa y recoger basura, aunque todavía trabajaban más lentamente que una persona y cometían errores. El desafío central es conseguir que una máquina pueda desenvolverse en ambientes cambiantes sin depender de una secuencia de movimientos previamente preparada.
Ese problema quedó expuesto incluso por uno de los mayores protagonistas de la robótica china. Unitree ha reconocido las dificultades relacionadas con la precisión y resistencia de las manos robóticas, mientras su fundador, Wang Xingxing, calcula que los humanoides podrían necesitar entre dos y diez años para realizar el 80% de las tareas en entornos desconocidos.
La carrera también tiene un componente financiero. Las acciones de Unitree llegaron a subir un 460% en su debut bursátil del 19 de agosto, pero posteriormente habían perdido más del 45%, alimentando las dudas sobre una posible burbuja alrededor de las empresas de robots humanoides. El entusiasmo inversor contrasta con una pregunta todavía pendiente: cuánto costará producir máquinas capaces de generar beneficios reales en una fábrica.
Taiwán: los chips son el cerebro de la nueva generación
Taiwán ocupa otro lugar estratégico. La isla cuenta con grandes fabricantes electrónicos por contrato, entre ellos Foxconn y Wistron, capaces de integrar y producir sistemas complejos a gran escala. Además, alberga a TSMC, uno de los principales fabricantes mundiales de semiconductores avanzados, componentes esenciales para procesar la enorme cantidad de información que requieren los robots dotados de inteligencia artificial.
El Gobierno taiwanés planea invertir alrededor de 627 millones de dólares hasta 2029 para impulsar la industria robótica. En abril inauguró además el Centro Nacional de Robótica e Inteligencia Artificial, concebido como espacio de investigación, desarrollo y pruebas.
Sin embargo, Taiwán enfrenta una dificultad diferente: todavía no existe una demanda suficientemente grande para justificar una expansión acelerada de toda la cadena de suministro de humanoides. La inmadurez tecnológica y la falta de incentivos financieros también son consideradas barreras para la inversión.
Corea del Sur quiere unir robots, chips e inteligencia artificial
Corea del Sur pretende aprovechar su enorme experiencia en automatización industrial y convertirla en una plataforma para la denominada inteligencia artificial física, concepto que combina modelos de IA con máquinas capaces de percibir y actuar directamente sobre el mundo real.
El Gobierno surcoreano anunció inversiones de aproximadamente un billón de dólares alrededor de tres pilares: inteligencia artificial física, semiconductores y centros de datos de IA. Grandes conglomerados como Hyundai Motor y Samsung forman parte de esta estrategia.
Hyundai, que controla a Boston Dynamics —la empresa estadounidense responsable del humanoide Atlas—, prepara un complejo de fabricación de robots en Corea del Sur con capacidad para unas 30.000 unidades anuales. La compañía prevé comenzar en 2028 a introducir Atlas en sus propias fábricas para tareas como ordenar y preparar piezas, y desde 2030 ampliar sus funciones hacia el ensamblaje de componentes.
Samsung también ha elevado la robótica a una prioridad estratégica. En julio creó una división específica, RX (Robotics eXperience), que reportará directamente al CEO y tendrá entre sus objetivos desarrollar tecnologías fundamentales y acelerar la comercialización de robots. La compañía prevé además centros de investigación en Estados Unidos, China y Japón.
Corea parte además de una posición excepcional en automatización industrial: registra alrededor de 1.220 robots industriales por cada 10.000 trabajadores manufactureros, la densidad más alta del mundo. Japón, en comparación, registra 446.
Japón apuesta por una necesidad que ya está presente
La estrategia japonesa tiene una particularidad: Tokio no considera necesario ganar la carrera mediática de los humanoides para mantener relevancia. Su prioridad es utilizar la robótica para responder a uno de sus problemas estructurales: el envejecimiento de la población y la escasez de trabajadores.
Japón continúa siendo una potencia mundial en robots industriales. En 2024 tenía aproximadamente 450.500 unidades operativas, el segundo mayor parque nacional después de China, y una densidad de 446 robots por cada 10.000 empleados manufactureros.
El Gobierno japonés impulsa una política nacional de inteligencia artificial física y contempla una inversión público-privada de aproximadamente 10,5 billones de yenes, unos 66.000 millones de dólares, mientras su estrategia de robótica con IA establece como objetivo introducir 10 millones de robots en el país para 2030.
La diferencia japonesa está en el enfoque. Mientras China apuesta fuertemente por producir y desplegar humanoides a gran escala, Japón busca combinar su experiencia histórica en automatización con sistemas de inteligencia artificial capaces de controlar máquinas en entornos industriales reales.
Del espectáculo a una fábrica que nunca se detiene
La gran prueba para todos estos países será abandonar las demostraciones controladas y entrar en el mundo imprevisible de una fábrica.
Un robot puede caminar perfectamente sobre una superficie preparada, pero una línea de producción presenta obstáculos diferentes: objetos que cambian de posición, piezas defectuosas, iluminación variable, personas trabajando cerca, herramientas que se desgastan y tareas que no siempre ocurren exactamente de la misma manera.
Por eso, la autonomía, la fiabilidad, la resistencia y el costo se han convertido en los verdaderos indicadores de la competencia. China ya está realizando pruebas industriales y empresas como Agibot han llevado humanoides a líneas de producción; en junio, la compañía informó una producción acumulada de 15.000 unidades y pruebas continuas durante 24 horas en una línea de fabricación de tabletas.
También existe una diferencia importante entre los robots humanoides y los robots industriales convencionales. Estos últimos ya realizan desde hace años tareas extremadamente precisas y repetitivas en fábricas. El atractivo del humanoide está en que, al tener una forma parecida a la humana, podría utilizar herramientas, espacios y estaciones de trabajo diseñados originalmente para personas sin que las fábricas tengan que ser completamente rediseñadas.
La verdadera revolución todavía está por llegar
La competencia asiática muestra que la robótica está entrando en una etapa distinta. La pregunta ya no es si los robots pueden caminar, sino si pueden trabajar.
China dispone de escala industrial y una enorme capacidad de fabricación; Japón aporta décadas de experiencia en automatización; Corea del Sur combina robótica, automóviles, semiconductores e inteligencia artificial; y Taiwán posee una posición privilegiada en la fabricación electrónica y los chips avanzados. Cada uno controla una parte diferente de la tecnología que podría definir la próxima generación de máquinas inteligentes.
El cambio puede tener consecuencias mucho mayores que las estrictamente tecnológicas. Si los humanoides alcanzan suficiente autonomía y disminuyen sus costos, podrían comenzar a realizar tareas en fábricas, almacenes, hospitales, comercios, construcción y otros sectores donde hoy existe escasez de mano de obra.
Pero también abrirán debates sobre empleo, formación profesional, productividad y distribución de la riqueza.
Asia está intentando convertir una de las imágenes más populares de la ciencia ficción —el robot humanoide— en una herramienta industrial cotidiana. El momento decisivo no será cuando una máquina consiga bailar o correr frente a miles de espectadores, sino cuando pueda entrar en una fábrica, recibir una tarea que no conoce de antemano, ejecutarla durante horas, corregir sus propios errores y hacerlo con un costo inferior al de las alternativas actuales. Ese es el verdadero campo de batalla tecnológico que China, Japón, Corea del Sur y Taiwán están comenzando a disputar.
Foto: Jessica Lee / EFE
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