El Instituto Oncológico del Oriente Boliviano atraviesa una de sus situaciones más críticas. Desde abril, el hospital dejó de realizar tratamientos de radioterapia debido a una falla en su acelerador lineal, y cinco meses después el equipo continúa fuera de servicio. La consecuencia inmediata es una creciente lista de espera que está presionando al Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia Santa Cruz, actualmente el único establecimiento del sistema público del departamento que recibe a pacientes que necesitan este tratamiento.
La radioterapia no es un tratamiento secundario para muchos pacientes con cáncer. Dependiendo del tipo y la etapa de la enfermedad, puede utilizarse con intención curativa, para reducir un tumor antes de una cirugía, después de una intervención para eliminar células cancerosas remanentes o para controlar síntomas. Por eso, la interrupción prolongada de este servicio puede alterar los tiempos previstos en tratamientos que requieren continuidad y planificación.
El problema comenzó en abril, cuando médicos del Oncológico se declararon en emergencia. Uno de los principales motivos fue precisamente la avería del acelerador lineal. Según la información publicada por EL DEBER, el equipo no recibía mantenimiento desde febrero de 2025 y su reparación requiere un repuesto de elevado costo. Cinco meses después, el acelerador todavía no ha vuelto a funcionar.
Los pacientes son derivados a otro centro
Ante la paralización del equipo, los pacientes del Oncológico están siendo derivados al Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia Santa Cruz, ubicado en la zona de la Pampa de la Isla. El establecimiento también recibe personas provenientes del Hospital de Tercer Nivel de Montero, por lo que la demanda supera la capacidad que originalmente debía cubrir. Algunos pacientes, ante la falta de espacio, han tenido que buscar tratamiento en otros departamentos.
La situación implica además una carga económica y logística para familias que llegan desde distintas regiones de Bolivia. El caso de Josefa Flores, de 60 años, ilustra esta realidad. La paciente viajó desde Vallegrande para tratarse de cáncer de mama y comenzó su tratamiento en el Centro de Medicina Nuclear, donde cada sesión dura aproximadamente entre 30 y 40 minutos. Debe completar cinco sesiones.
Otro caso es el de Teófila Aruari, también de 60 años, quien enfrenta un cáncer de cuello uterino. Llegó desde Yacuiba acompañada por su hija Carolina y, para poder cumplir diariamente con las sesiones, ambas tuvieron que alquilar una habitación cerca del centro médico. Al momento del reporte había recibido siete sesiones y todavía debía completar más de 20, mientras simultáneamente continúa con quimioterapia en el Oncológico.
El problema no se limita a un solo equipo
La dimensión de la crisis queda más clara al observar que el Hospital Oncológico recibe más de mil pacientes nuevos cada año. La avería de su acelerador lineal no solo representa la pérdida temporal de una máquina: significa trasladar una parte importante de la demanda hacia un sistema que ya atiende a pacientes de diferentes lugares.
Además, la propia Gobernación de Santa Cruz reconoce que existe un problema pendiente. El secretario departamental de Salud, Germán Antelo, afirmó que un hospital de referencia para pacientes con cáncer no puede permanecer sin un aparato de radioterapia funcionando y señaló que la Gobernación buscó reunirse con la ministra de Salud para analizar soluciones entre los distintos niveles de Gobierno.
Antelo también señaló una alternativa que podría aliviar parcialmente la presión: el Hospital de Tercer Nivel de Montero dispone de un acelerador lineal, pero todavía no está habilitado porque el hospital no ha sido formalmente recibido por la Gobernación. Según la autoridad, se analiza junto con el Ministerio de Salud y la AISEM una recepción condicionada que permita avanzar en su puesta en funcionamiento. Para habilitar ese acelerador se necesitaría una inversión superior a 500.000 bolivianos.
Un sistema público que necesita más capacidad
La crisis de Santa Cruz ocurre dentro de un problema más amplio de acceso a la medicina nuclear y a tratamientos oncológicos especializados en Bolivia. Un reporte de la Agencia de Noticias Fides, publicado esta semana, señala que solo alrededor del 30% de las personas que necesitan servicios de medicina nuclear consigue atención, mientras que en tratamientos especializados como la yodoterapia la cobertura no alcanza el 10%. Entre las dificultades mencionadas aparecen la falta de especialistas, problemas económicos y una utilización limitada de la capacidad instalada.
La propia Red de Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia de Bolivia informa que sus instalaciones ofrecen medicina nuclear, PET/CT, SPECT/CT, radioterapia externa e interna, oncología médica, braquiterapia y otros servicios para el diagnóstico y tratamiento del cáncer. El centro de Santa Cruz forma parte de esta red y atiende también a personas derivadas desde otros departamentos.
El antecedente es particularmente relevante porque el Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia de Santa Cruz fue concebido precisamente como un establecimiento de alta complejidad para atender a pacientes del oriente boliviano. La infraestructura cuenta con aceleradores lineales y otros equipos especializados, y su construcción demandó una inversión cercana a 50 millones de dólares.
Mientras una máquina permanece parada, llegan nuevas necesidades
La paradoja es evidente: mientras el Oncológico enfrenta la paralización de su acelerador lineal, el hospital también intenta mejorar otras etapas de la atención. Esta semana recibió un sistema automatizado de inmunohistoquímica, donado por el Rotary Club Grigotá, con una inversión aproximada de 93.000 dólares. El equipo puede procesar hasta 20 muestras por día y busca reducir considerablemente los tiempos de diagnóstico de biopsias.
Hasta ahora, ese procesamiento se realizaba manualmente y algunos pacientes podían esperar hasta dos meses para conocer los resultados, especialmente cuando era necesario repetir estudios. La nueva tecnología permitirá acelerar esta etapa y obtener diagnósticos más estandarizados.
Es una mejora importante, pero no resuelve el problema de la radioterapia. Para los pacientes que necesitan tratamiento con radiación, la prioridad continúa siendo recuperar la capacidad perdida en el Oncológico y evitar que la lista de espera siga creciendo.
También existe una controversia por los medicamentos
La crisis se desarrolla además en medio de una disputa sobre el abastecimiento de medicamentos. La Gobernación de Santa Cruz afirmó esta semana que el Hospital Oncológico dispone actualmente del 80% de los medicamentos requeridos y que el 20% restante se encuentra en proceso de adquisición. La vicegobernadora Paola Aguirre cuestionó una inspección judicial realizada en el hospital y denunció lo que calificó como un “manoseo político”.
La versión contrasta con denuncias formuladas por pacientes y familiares durante los últimos días, que han reclamado por el desabastecimiento y por las dificultades para acceder a determinados tratamientos. Esto ha llevado a una disputa pública entre organizaciones de pacientes y autoridades sobre la dimensión real de la falta de medicamentos.
Cinco meses que pesan sobre los pacientes
Para una persona con cáncer, cinco meses no representan simplemente un período administrativo. Representan meses de espera, traslados, gastos, alojamiento fuera de su ciudad y la incertidumbre de no saber cuándo podrá comenzar o completar un tratamiento.
Los pacientes que llegan desde Vallegrande, Yacuiba y otras regiones deben reorganizar su vida alrededor de las sesiones médicas. Algunos necesitan permanecer semanas o meses cerca de los centros de tratamiento. Organizaciones de pacientes de otros departamentos también han reclamado recientemente la creación de albergues en Santa Cruz y La Paz para quienes deben trasladarse para recibir radioterapia y quimioterapia.
La reparación del acelerador lineal del Instituto Oncológico del Oriente Boliviano se ha convertido, por tanto, en una cuestión que trasciende el funcionamiento de un equipo médico. Es un problema de acceso efectivo al tratamiento contra el cáncer, de capacidad hospitalaria y de coordinación entre las autoridades nacionales y departamentales. Mientras continúe fuera de servicio, el Centro de Medicina Nuclear seguirá soportando una demanda adicional y decenas de familias continuarán enfrentando desplazamientos y esperas para recibir una terapia que, para muchos pacientes, forma parte esencial de su lucha por sobrevivir.
Foto: Fuad Landívar / EL DEBER
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