El artista chino Gao Zhen, de 70 años, fue condenado a tres años de prisión por “difamar a héroes y mártires nacionales” debido a varias obras de arte en las que satirizó al antiguo líder chino Mao Zedong. La sentencia fue dictada este martes por el Tribunal Popular de la ciudad de Sanhe, en la provincia de Hebei, durante un proceso que se realizó a puertas cerradas. Gao, residente en Nueva York y conocido internacionalmente junto con su hermano Gao Qiang como los “Gao Brothers”, había sido detenido en agosto de 2024 durante una visita a China. Las obras por las que fue condenado habían sido creadas entre 2005 y 2009, varios años antes de la entrada en vigor de la legislación utilizada por las autoridades para procesarlo. Su familia y organizaciones de derechos humanos calificaron la sentencia de injusta y anunciaron que el artista recurrirá la decisión.
Gao Zhen y su hermano desarrollaron durante años una obra artística marcada por la crítica política, la memoria histórica y la representación de episodios traumáticos de la historia contemporánea china. Entre sus trabajos más conocidos se encuentra “Mao’s Guilt” (“La culpa de Mao”), una escultura de bronce en la que Mao aparece arrodillado, en una representación interpretada como una expresión de arrepentimiento por las consecuencias de sus políticas. Otra de sus series más provocadoras es “Miss Mao”, en la que el antiguo dirigente comunista aparece representado con rasgos deliberadamente caricaturescos, entre ellos una nariz exagerada y senos femeninos. Los hermanos también produjeron obras relacionadas con la Revolución Cultural, los acontecimientos de la plaza de Tiananmén y la violencia política asociada a diferentes períodos de la historia de China. Su producción artística los convirtió en figuras reconocidas dentro del arte contemporáneo chino y, al mismo tiempo, en representantes de una corriente que cuestiona las versiones oficiales sobre episodios sensibles del pasado del país.
El aspecto más controvertido del caso está relacionado con la aplicación de una legislación posterior a la creación de las obras. Gao fue acusado bajo la denominada Ley de Protección de los Héroes y Mártires, aprobada en 2018 y reforzada posteriormente, que permite perseguir determinadas expresiones consideradas ofensivas contra figuras históricas reconocidas oficialmente como héroes o mártires nacionales. Los defensores del artista sostienen que las esculturas cuestionadas fueron realizadas entre 2005 y 2009, antes de que existiera esa legislación, por lo que consideran que su utilización para fundamentar la condena plantea un problema de aplicación retroactiva. Shane Yi, investigador de Chinese Human Rights Defenders, calificó el caso como una violación de la libertad de expresión y señaló que el artista está siendo castigado por obras realizadas años antes de la entrada en vigor de la norma. La sentencia, por tanto, no solamente ha generado debate sobre el contenido de las esculturas, sino también sobre los límites temporales de la legislación y las garantías del debido proceso.
La trayectoria de Gao también está marcada por una relación personal con los acontecimientos que critica. Los hermanos crecieron en un contexto familiar afectado por las consecuencias de la Revolución Cultural, período iniciado en 1966 durante el liderazgo de Mao y caracterizado por una intensa persecución política y social. Su padre fue señalado como contrarrevolucionario y murió bajo custodia, una experiencia que posteriormente influyó en la producción artística de ambos. A través de esculturas y otras expresiones visuales, los Gao utilizaron el arte para abordar la responsabilidad política, la violencia estatal y la memoria de las víctimas. Su trabajo no se limitó, por tanto, a una provocación estética contra Mao, sino que formó parte de una reflexión más amplia sobre cómo una sociedad recuerda períodos de persecución y cómo el poder político construye determinadas versiones de la historia.
La detención de Gao ocurrió en agosto de 2024, cuando el artista viajó desde Estados Unidos a China para visitar a familiares. Desde entonces permaneció bajo custodia de las autoridades chinas y fue juzgado a comienzos de 2026 en una audiencia que duró un día y se desarrolló a puertas cerradas. La familia afirma que varios diplomáticos occidentales no pudieron acceder al juicio y que la propia esposa de Gao, Zhao Yaliang, y el hijo de ambos, ciudadano estadounidense, tienen restricciones para abandonar China desde la detención del artista. La familia se enteró de la sentencia a través del abogado de Gao y Zhao Yaliang expresó públicamente su indignación por la condena, mientras que el artista prepara un recurso. El caso ha adquirido así una dimensión internacional que involucra no solamente la libertad artística, sino también las relaciones consulares y las garantías procesales de un ciudadano chino que mantiene residencia permanente en Estados Unidos.
Organizaciones internacionales de derechos humanos reaccionaron con dureza. Amnistía Internacional y Chinese Human Rights Defenders cuestionaron la condena y sostuvieron que el proceso representa una nueva señal de presión contra artistas que utilizan su trabajo para cuestionar narrativas oficiales. Sarah Brooks, representante de Amnistía Internacional para China, afirmó que el caso envía un mensaje preocupante a otros artistas y puede contribuir a generar un clima de autocensura. Las organizaciones también cuestionaron que el proceso se haya realizado a puertas cerradas y que las autoridades hayan aplicado una legislación posterior a la creación de las obras. El Gobierno chino y el tribunal responsable de la sentencia no habían ofrecido, hasta las últimas informaciones disponibles, una respuesta pública detallada a las críticas internacionales.
El caso de Gao Zhen adquiere especial relevancia por el lugar que Mao Zedong ocupa en la memoria oficial de China. Aunque las autoridades chinas han reconocido determinados errores y consecuencias negativas de la Revolución Cultural, Mao continúa siendo una figura fundamental en la narrativa histórica del Partido Comunista y en la construcción de la identidad política de la República Popular. Las representaciones satíricas de su figura, por ello, pueden adquirir un significado político mucho mayor que una simple caricatura. La utilización de leyes destinadas a proteger la reputación de héroes y mártires refleja precisamente el esfuerzo de las autoridades por establecer límites sobre determinadas interpretaciones públicas de la historia nacional y proteger figuras consideradas fundamentales dentro del relato oficial.
La condena también se produce dentro de un contexto más amplio de restricciones sobre la expresión política y artística en China. Desde que Xi Jinping asumió el liderazgo del país, organizaciones internacionales han denunciado un endurecimiento del control sobre activistas, periodistas, académicos y artistas considerados críticos del Gobierno o del Partido Comunista. El caso de Gao resulta particularmente significativo porque el artista llevaba años viviendo en Estados Unidos y fue detenido cuando regresó temporalmente a China. La situación demuestra, según organizaciones defensoras de los derechos humanos, los riesgos que enfrentan algunos ciudadanos chinos que desarrollan actividades críticas en el extranjero pero mantienen vínculos familiares o personales con el país y posteriormente regresan a territorio chino.
La situación de la familia añade otra dimensión al caso. Según Zhao Yaliang, tanto ella como su hijo, que posee ciudadanía estadounidense, han permanecido impedidos de abandonar China desde la detención de Gao. Las autoridades habrían justificado esas restricciones por razones relacionadas con la seguridad nacional. El Departamento de Estado de Estados Unidos no había emitido una respuesta inmediata sobre la sentencia ni sobre las restricciones de salida mencionadas por la familia. Si estas restricciones se mantienen, el caso podría generar nuevas gestiones diplomáticas entre Washington y Beijing, especialmente porque Gao es residente permanente en Estados Unidos y su hijo es ciudadano estadounidense.
La sentencia de tres años representa así mucho más que el castigo a un artista por determinadas esculturas. El caso pone en discusión los límites de la libertad artística en China, la protección legal de las figuras históricas vinculadas al Partido Comunista, la aplicación de leyes posteriores a la creación de las obras y las garantías de un proceso judicial realizado a puertas cerradas. Gao Zhen continuará su batalla judicial mediante un recurso, mientras organizaciones internacionales y defensores de los derechos humanos reclaman su liberación. Por ahora, la condena convierte sus esculturas de Mao en el centro de un nuevo debate internacional sobre arte, memoria histórica, censura y libertad de expresión en China.
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