El calentamiento de los océanos está provocando un efecto menos visible que el aumento de las temperaturas, la pérdida de especies o el blanqueamiento de los corales: puede reducir la capacidad de determinados ecosistemas marinos para almacenar carbono durante largos períodos. Una investigación realizada por científicos del Centro Leibniz de Investigación Marina Tropical (ZMT), en Alemania, y de la Universidad de Cádiz, en España, encontró que temperaturas más elevadas modifican la composición química del carbono liberado por las plantas marinas y favorecen su descomposición.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque los océanos no son solamente víctimas del cambio climático: también funcionan como uno de los grandes mecanismos naturales que ayudan a contenerlo. El mar absorbe dióxido de carbono de la atmósfera y una parte de ese carbono puede quedar almacenada durante períodos prolongados en sedimentos y organismos marinos. Si ese almacenamiento se vuelve menos eficiente, una fracción del carbono capturado puede regresar más rápidamente al ciclo atmosférico.
El estudio se concentró en ecosistemas costeros conocidos como sumideros de “carbono azul”, entre ellos las praderas marinas, los bosques de algas, los manglares y las marismas. Estos ambientes tienen una importancia desproporcionada para el ciclo del carbono porque capturan CO₂ mediante la fotosíntesis y pueden transferir parte de ese carbono a sedimentos donde permanece almacenado durante largos períodos.
El problema descubierto por los investigadores aparece precisamente después de la captura. No todo el carbono absorbido por una planta marina queda almacenado de forma permanente. Una parte permanece en las hojas y raíces, otra se deposita en el fondo y otra es liberada al agua como carbono orgánico disuelto o particulado. Algunas de esas moléculas son fácilmente degradadas por microorganismos, mientras que otras presentan una estructura más resistente y pueden permanecer durante mucho más tiempo.
Esa diferencia es fundamental. El carbono fácilmente degradable vuelve rápidamente a circular dentro del ecosistema, mientras que el carbono más resistente puede permanecer almacenado durante décadas o incluso siglos. El estudio encontró que el calentamiento modifica precisamente esa relación.
Los investigadores utilizaron mesocosmos, grandes tanques diseñados para reproducir determinadas condiciones ambientales, en instalaciones del ZMT en Bremen. Durante el experimento analizaron cómo respondían diferentes organismos vegetales a variaciones de temperatura. Las pruebas se realizaron durante 40 días con temperaturas que oscilaron entre 24 y 28 grados Celsius.
Entre las especies utilizadas estuvieron Cymodocea nodosa y Zostera noltei, dos especies de pastos marinos comunes en la bahía de Cádiz. También se incorporó Caulerpa prolifera, una macroalga, y Halophila stipulacea, una especie originaria del océano Índico que actualmente se encuentra en expansión en determinadas zonas del Mediterráneo.
El resultado más significativo fue que un incremento de cuatro grados Celsius alteró de manera considerable la composición química del carbono que estos organismos liberaban al agua. La cantidad de carbono considerado difícil de descomponer se redujo, en promedio, alrededor de 28%.
Ese porcentaje tiene una importancia considerable porque no significa simplemente que las plantas crecieran menos. El problema está en la calidad del carbono producido y en cuánto tiempo puede permanecer fuera de la atmósfera.
Cuando el agua se calienta, los microorganismos pueden encontrar una mayor disponibilidad de compuestos orgánicos fáciles de utilizar. Las bacterias aceleran entonces la descomposición de ese material, transformándolo nuevamente dentro del ciclo del carbono.
El investigador Pedro Beca-Carretero, del ZMT y del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo, explicó que parte del carbono que antes podía permanecer almacenado durante largos períodos puede reincorporarse más rápidamente al ciclo del carbono.
La consecuencia climática potencial es particularmente importante: un océano más caliente podría ser simultáneamente un océano que absorbe carbono y, al mismo tiempo, un océano que tiene más dificultades para conservar una parte de ese carbono durante largos períodos.
Esto no significa que los océanos vayan a dejar inmediatamente de absorber CO₂. La cuestión científica es más sutil: el calentamiento puede modificar la eficiencia y la permanencia del almacenamiento natural de carbono.
El fenómeno se suma a otros cambios que ya están afectando al funcionamiento de los océanos. El calentamiento puede alterar la estratificación del agua, modificar la disponibilidad de nutrientes, desplazar especies y cambiar la productividad de diferentes regiones marinas. Una investigación publicada en Nature Communications en 2026 encontró que las olas de calor marinas pueden modificar los factores que controlan la productividad primaria del océano y favorecer una redistribución hacia latitudes más altas.
La alteración de la productividad tiene consecuencias que van mucho más allá del carbono. El fitoplancton y otros organismos fotosintéticos constituyen la base de numerosas cadenas alimentarias marinas, por lo que cualquier modificación importante en su distribución o productividad puede repercutir sobre peces, aves, mamíferos marinos y actividades pesqueras.
En regiones tropicales y subtropicales, el calentamiento puede generar además una disminución de nutrientes disponibles en las capas superficiales. Cuando las aguas se estratifican, se dificulta el intercambio vertical que lleva nutrientes desde aguas profundas hacia las zonas iluminadas donde ocurre la fotosíntesis.
El resultado es una combinación potencialmente preocupante: más calor, cambios en la disponibilidad de nutrientes, alteración de las comunidades biológicas y modificaciones en la capacidad de almacenar carbono.
Los científicos también advierten que el problema no puede analizarse únicamente a partir de la temperatura. Los océanos están sometidos simultáneamente a calentamiento, acidificación, pérdida de oxígeno, cambios en salinidad, contaminación, sobrepesca y transformación de hábitats.
La combinación de esos factores puede ser más peligrosa que cada uno por separado. Una investigación publicada en Nature Climate Change mostró que distintos factores de alteración climática están emergiendo simultáneamente en amplias regiones oceánicas, incluyendo partes del Atlántico tropical y subtropical, el Pacífico, el mar Arábigo y el Mediterráneo.
La acidificación es otro elemento fundamental. Cuando el océano absorbe CO₂ atmosférico, se producen cambios químicos que reducen el pH del agua, generando condiciones cada vez más difíciles para algunos organismos que construyen estructuras de carbonato de calcio, como corales y determinados moluscos.
El calentamiento también está desplazando especies. Los organismos marinos pueden buscar aguas más adecuadas térmicamente y modificar su distribución geográfica, alterando las relaciones entre depredadores, presas y competidores.
En el Pacífico sudamericano, por ejemplo, el fuerte episodio de El Niño de 2026 ya está provocando desplazamientos extraordinarios de aves marinas. Investigadores observaron especies típicamente asociadas con las costas de Perú y Chile apareciendo en grandes cantidades mucho más al norte, en Panamá, debido a cambios en la distribución de peces como anchovetas y sardinas.
Ese ejemplo permite entender que los cambios físicos del océano terminan convirtiéndose en cambios biológicos. Una alteración de la temperatura puede modificar nutrientes; los nutrientes afectan al fitoplancton; el fitoplancton influye sobre peces pequeños; y esos peces determinan dónde pueden alimentarse aves, mamíferos y otros depredadores.
La dimensión económica tampoco es menor. Millones de personas dependen de los océanos para alimentación, empleo, transporte y turismo. Una transformación sostenida de los ecosistemas puede afectar las pesquerías y las economías costeras.
Los ecosistemas de carbono azul tienen además un valor económico indirecto. Almacenar carbono significa prestar un servicio climático que ayuda a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Cuando manglares, marismas o praderas marinas son destruidos, parte del carbono acumulado durante años puede volver al ambiente.
Ahora aparece una cuestión adicional: ¿qué ocurre cuando el ecosistema permanece aparentemente intacto, pero el aumento de temperatura reduce su capacidad para conservar el carbono que captura?
Ese es precisamente el aspecto “oculto” señalado por la investigación.
Una pradera marina puede continuar existiendo visualmente y seguir realizando fotosíntesis, pero su contribución climática puede cambiar si el carbono que produce deja de permanecer almacenado durante períodos prolongados.
La investigadora principal, Alba Yamuza-Magdaleno, señaló que las praderas marinas y los bosques de algas son considerados sumideros naturales de carbono, pero que el calentamiento continuado podría hacer que secuestren significativamente menos carbono a largo plazo de lo que se había estimado.
Esto introduce una advertencia importante para las políticas climáticas. Los países no pueden considerar que la capacidad de absorción de carbono de los ecosistemas marinos sea una constante invariable. Si las condiciones ambientales cambian, también puede cambiar la cantidad de carbono que esos ecosistemas consiguen mantener fuera de la atmósfera.
Sin embargo, los investigadores son cautelosos respecto de extrapolar directamente los resultados del laboratorio a todo el océano. Un tanque experimental permite controlar temperatura, organismos y condiciones químicas, pero no reproduce completamente la complejidad de un ecosistema marino real.
En el océano existen corrientes, tormentas, variaciones de salinidad, interacción con otros organismos y cambios estacionales que pueden modificar la respuesta.
Por esa razón, el siguiente paso científico será observar ecosistemas naturales durante períodos mucho más prolongados. Los investigadores consideran necesarias mediciones de largo plazo para determinar cuánto del efecto observado en el laboratorio ocurre realmente en las costas.
Hauke Reuter, experto en ecología espacial e interacciones del ZMT, señaló que esas observaciones serán esenciales para incorporar con mayor precisión los ecosistemas costeros a las futuras estrategias de mitigación del cambio climático.
La necesidad de investigar resulta todavía más urgente porque los océanos ya están registrando temperaturas excepcionalmente elevadas. Un informe internacional publicado en 2026 señaló que las concentraciones de gases de efecto invernadero, el nivel medio del mar y el calor almacenado en los océanos alcanzaron máximos históricos en 2025.
Además, cerca del 90% del exceso de energía acumulado por el sistema climático termina almacenado en los océanos, lo que convierte al mar en el principal amortiguador térmico del calentamiento atmosférico, pero también en uno de los sistemas naturales sometidos a mayor presión.
El Mediterráneo ofrece un ejemplo especialmente visible. Según el oceanógrafo español Manuel Vargas, algunas zonas del Mediterráneo están aumentando su temperatura a una velocidad que puede ser tres o incluso cuatro veces superior a la observada en otras regiones del planeta, con temperaturas superficiales que ya alcanzaron registros considerados impensables décadas atrás.
En este contexto, proteger los ecosistemas de carbono azul adquiere una importancia adicional. Conservar una pradera marina, un manglar o una marisma no solamente protege biodiversidad: también preserva una infraestructura natural que participa en el ciclo climático.
Pero la conservación por sí sola tampoco será suficiente si el calentamiento continúa acelerándose. Un ecosistema protegido legalmente sigue expuesto al aumento de temperatura del agua, a las olas de calor marinas y a los cambios químicos del océano.
Por eso, la investigación apunta hacia una conclusión más amplia: la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo indispensable incluso cuando se fortalecen las soluciones basadas en la naturaleza.
Los ecosistemas marinos pueden ayudar a contener el cambio climático, pero no pueden sustituir la reducción de las emisiones provocadas por las actividades humanas.
La nueva evidencia plantea entonces una especie de círculo climático. El calentamiento modifica los ecosistemas que almacenan carbono; esos cambios pueden reducir la permanencia de parte del carbono capturado; y una menor permanencia puede disminuir uno de los mecanismos naturales que ayudan a frenar la acumulación de CO₂.
Todavía falta determinar qué magnitud tendrá este efecto a escala global. El estudio no demuestra que el océano esté perdiendo en conjunto toda su capacidad de absorber carbono, sino que identifica un mecanismo mediante el cual el calentamiento puede reducir la permanencia del carbono en determinados ecosistemas costeros.
Esa distinción es fundamental para interpretar correctamente el hallazgo.
Lo que sí queda claro es que el cambio climático está modificando procesos que durante mucho tiempo fueron considerados parte estable del funcionamiento de los ecosistemas marinos.
El océano no es un depósito pasivo de calor y carbono. Es un sistema vivo, dinámico y conectado. Cuando cambia su temperatura, cambian también las reacciones químicas, los microorganismos, las plantas, los animales y las relaciones entre ellos.
El nuevo estudio añade una pieza más a ese complejo rompecabezas: el calentamiento puede afectar no solamente cuánto carbono capturan los ecosistemas marinos, sino cuánto tiempo consiguen mantenerlo almacenado.
Y esa diferencia entre capturar carbono y conservarlo durante décadas o siglos podría convertirse en uno de los factores más importantes para entender cuánto puede seguir ayudando el océano a frenar el calentamiento global.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Argentina atraviesa una semana de frío persistente: Buenos Aires tendrá mañanas gélidas y lluvias hacia el jueves
- ★Argentina: Milei busca recuperar la iniciativa política, ordenar su comunicación y reconstruir el vínculo con el electorado
- ★Estados Unidos: los cuatro astronautas de Artemis II recibirán la Medalla de Honor del Congreso por su histórico viaje alrededor de la Luna
- ★Argentina: científicos desarrollan una vincha inteligente que utiliza el sueño para estudiar y prevenir el deterioro cognitivo
- ★Argentina: los supermercados venden por debajo de su promedio histórico en 22 de 24 distritos y el consumo todavía no logra recuperar terreno


