El consumo masivo argentino continúa mostrando una fuerte debilidad: durante el primer semestre de 2026, la facturación real de los supermercados se ubicó 9,2% por debajo del promedio registrado en los primeros semestres entre 2017 y 2025. El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa el comportamiento territorial: 22 de las 24 jurisdicciones analizadas registraron ventas inferiores a su propio promedio histórico, mientras solamente Neuquén y Río Negro consiguieron superar ese nivel.
El análisis fue elaborado por Politikon Chaco a partir de la Encuesta de Supermercados del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). En lugar de comparar 2026 únicamente con el año anterior, el estudio construye una referencia más amplia: confronta el volumen de ventas del primer semestre de este año con el promedio de los primeros semestres del período 2017–2025, utilizando valores constantes. Esto permite observar cuánto terreno perdió el consumo respecto de un período histórico más extenso.
La fotografía que surge es particularmente desigual. Formosa presenta el deterioro más pronunciado, con una facturación 35,9% inferior a su promedio histórico. Le siguen Tucumán, con una caída del 33%, y Corrientes, con 32,8%. En otras palabras, en estas provincias los supermercados están movilizando un volumen de ventas reales considerablemente menor que el que habían alcanzado, en promedio, durante los primeros semestres de los ocho años anteriores.
El deterioro también es muy fuerte en otras economías provinciales. Misiones registra una caída de 29%; Santiago del Estero, 25,1%; La Rioja, 25%; San Juan y Jujuy, 22,1% cada una, y Chaco, 21,1%. En total, nueve jurisdicciones presentan retrocesos superiores al 20% frente a su propio promedio histórico.
En el otro extremo aparecen los territorios donde la pérdida de consumo es mucho menor. El resto de la provincia de Buenos Aires registra una baja de 6,3%; Tierra del Fuego, 4,2%; la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 3,8%; Córdoba, 3,2%, y Santa Fe apenas 0,4%. Santa Fe es, de las jurisdicciones que permanecen por debajo de su promedio, la que más cerca se encuentra de recuperar su nivel histórico.
El dato de Buenos Aires requiere una aclaración metodológica: Politikon Chaco divide la provincia entre Gran Buenos Aires y el resto del territorio bonaerense. Al considerar a Buenos Aires como una única jurisdicción, como ocurre habitualmente en las estadísticas oficiales, el número de distritos por debajo de su promedio histórico permite llegar al resultado de 22 sobre 24.
La excepción está en la Patagonia. Neuquén logró una facturación 12,8% superior a su promedio de los últimos ocho años, mientras Río Negro se ubicó 5,1% por encima. Además, ambas fueron las únicas jurisdicciones que durante el primer semestre también consiguieron crecer frente al mismo período de 2025: Neuquén aumentó 3,5% y Río Negro 1%.
La situación de Neuquén merece especial atención porque muestra que el comportamiento del consumo no es uniforme en todo el país. La dinámica económica vinculada con la actividad energética, particularmente el desarrollo de Vaca Muerta, está generando condiciones diferentes en esa provincia, con mayor actividad, empleo e ingresos que repercuten sobre el mercado interno.
Pero incluso algunas provincias que mejoraron frente a 2025 continúan lejos de sus niveles históricos. San Luis, por ejemplo, aumentó 0,7% en el primer semestre respecto del año anterior, pero todavía factura 12,9% menos que su promedio histórico. La Pampa también creció 0,7% interanual, pero permanece 8,8% por debajo de su promedio de los últimos ocho años.
Esto permite distinguir dos fenómenos diferentes. Una provincia puede estar recuperándose respecto del año anterior y, simultáneamente, continuar atravesando un nivel de consumo históricamente bajo. Por eso, mirar únicamente la variación interanual puede ofrecer una imagen demasiado optimista de la situación.
Los datos correspondientes a junio refuerzan esa interpretación. Las ventas de supermercados alcanzaron $2,485 billones a precios corrientes, pero registraron una caída real de 3,1% frente a junio de 2025. Se trató del sexto descenso interanual consecutivo, mientras que la comparación mensual desestacionalizada mostró una reducción de 1%.
El deterioro tampoco se distribuyó de manera uniforme durante junio. Neuquén creció 5,3%, La Pampa 5%, Río Negro 2,5%, Jujuy 2,1%, Formosa 2,1% y Santiago del Estero 0,3%. Todas las demás jurisdicciones registraron descensos, con Corrientes (-9,8%), Catamarca (-8,5%) y Chaco (-8,2%) entre las caídas más importantes.
Si se observa todo el primer semestre frente al mismo período de 2025, solamente cuatro provincias registraron aumentos: Neuquén, Río Negro, San Luis y La Pampa. Las caídas más fuertes correspondieron a Corrientes, con –13,3%, y Misiones, con –10,4%.
La combinación de estos datos plantea una cuestión central para la economía argentina: la recuperación de determinados indicadores macroeconómicos todavía no se traduce de manera homogénea en una recuperación del consumo cotidiano.
Los supermercados son particularmente relevantes para medir ese fenómeno porque concentran una parte importante del gasto de los hogares en alimentos, bebidas, productos de limpieza y otros bienes de consumo masivo. Cuando las familias reducen sus compras, cambian de marcas, buscan promociones o postergan determinados gastos, el efecto termina reflejándose en las ventas.
La facturación, además, debe analizarse en términos reales. Un aumento nominal de las ventas no significa necesariamente que los supermercados estén vendiendo más productos, porque los precios pueden subir. Por eso el análisis utiliza valores constantes y deflacta las cifras mediante el Índice de Precios Implícitos (IPIM), siguiendo la metodología empleada por el INDEC para su Encuesta de Supermercados.
Este aspecto es fundamental en Argentina. Una facturación nominal elevada puede coexistir con una reducción de las cantidades comercializadas. El consumidor puede estar gastando más pesos en la caja y, sin embargo, llevar menos productos.
La persistencia de las bajas sugiere que el poder de compra de una parte importante de los hogares todavía permanece bajo presión. El consumidor ajusta cantidades, reemplaza productos, compara precios y concentra el gasto en bienes considerados indispensables.
Ese comportamiento puede generar efectos en cadena. Cuando los hogares reducen su consumo, los supermercados tienen menor volumen de ventas; los proveedores reciben menos pedidos; las empresas reducen producción o inventarios y determinados sectores pueden postergar inversiones.
No significa que todos esos efectos ocurran simultáneamente ni con la misma intensidad, pero el consumo interno constituye uno de los principales motores de la actividad económica argentina.
La situación también muestra una economía a diferentes velocidades. Neuquén y Río Negro aparecen como los principales casos de expansión relativa, mientras varias provincias del norte y del noreste acumulan retrocesos muy superiores al promedio nacional.
Esta divergencia territorial puede profundizar las diferencias entre regiones. Una provincia con mayor inversión, empleo y actividad puede sostener el consumo, mientras otra con menor dinamismo económico enfrenta una caída prolongada de las ventas minoristas.
El resultado es especialmente significativo porque la comparación no se realiza contra un único año particularmente favorable. Se utiliza como referencia el promedio de los primeros semestres de ocho años anteriores. Por lo tanto, el hecho de que 22 jurisdicciones estén por debajo de esa referencia indica que el problema tiene una dimensión histórica y no puede explicarse únicamente por una mala comparación puntual.
La pregunta ahora es si la tendencia comenzó a cambiar durante julio. El propio análisis señala que aparecieron algunos indicios de recuperación durante ese mes, aunque todavía no resultan suficientes para modificar el diagnóstico del primer semestre.
Para confirmar una recuperación real será necesario observar varios meses consecutivos de crecimiento y, sobre todo, verificar si ese aumento se produce también en las provincias que actualmente se encuentran más alejadas de sus niveles históricos.
La evolución de los salarios reales será determinante. Si los ingresos de los hogares recuperan capacidad de compra de manera sostenida, una parte de la demanda contenida podría regresar al mercado. Pero si los ingresos continúan ajustándose frente a precios, tarifas, alquileres, transporte y otros gastos esenciales, el margen disponible para consumo discrecional seguirá siendo limitado.
También importa la estructura del consumo. Una recuperación puede comenzar por productos esenciales y posteriormente extenderse hacia bienes de mayor valor, como electrodomésticos, indumentaria, tecnología y otros artículos que los hogares suelen postergar cuando atraviesan períodos de incertidumbre económica.
El mercado supermercadista funciona, en ese sentido, como un termómetro de la situación de las familias. Cuando el consumidor recupera confianza y poder adquisitivo, aumenta la posibilidad de ampliar la canasta; cuando ambos se deterioran, la compra se concentra en lo imprescindible.
Los números actuales muestran que todavía predomina el segundo escenario en buena parte del país.
El caso de Formosa es especialmente significativo. Una facturación 35,9% inferior a su promedio histórico implica una distancia enorme respecto de la trayectoria previa, aunque el dato no debe interpretarse como una caída de 35,9% solamente respecto de 2025. Es una comparación contra el promedio de los primeros semestres de 2017–2025.
La misma precisión debe aplicarse a Tucumán y Corrientes. Sus retrocesos de 33% y 32,8%, respectivamente, representan diferencias respecto del promedio histórico y no necesariamente una contracción interanual equivalente.
Esta distinción evita sobredimensionar los datos, pero no elimina la gravedad del diagnóstico: la mayoría de las provincias todavía no recuperó el volumen real de ventas que caracterizó a sus propios períodos históricos de referencia.
Argentina se encuentra así ante una recuperación económica que no llega de la misma manera a todos los territorios ni a todos los sectores. Mientras algunas provincias muestran expansión y determinadas actividades sostienen la demanda, el comercio supermercadista continúa registrando una contracción significativa en gran parte del país.
La señal más relevante no está solamente en el –9,2% nacional. Está en la amplitud territorial del fenómeno: 22 de 24 jurisdicciones están por debajo de su promedio histórico.
Eso indica que el problema del consumo no puede reducirse a una provincia específica ni a una región determinada. Es un fenómeno nacional, aunque con intensidades muy diferentes.
El desafío para la economía argentina será convertir cualquier recuperación macroeconómica en una mejora efectiva del ingreso disponible de los hogares. Mientras esa transmisión no se produzca de manera amplia, las góndolas pueden continuar mostrando una realidad diferente de la que reflejan algunos indicadores agregados.
Los supermercados, en definitiva, están mostrando una economía todavía en proceso de recomposición. Hay señales positivas en determinadas provincias y algunos indicios recientes de recuperación, pero el volumen real de consumo permanece por debajo de sus referencias históricas en casi todo el territorio nacional.
El dato de agosto será especialmente importante para determinar si julio representó un punto de inflexión o simplemente una mejora temporal. Por ahora, la fotografía del primer semestre es contundente: el consumo argentino todavía no recuperó el terreno perdido y la brecha se mantiene especialmente amplia en varias provincias.
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