El terremoto de magnitud 5,9 que sacudió la región de Tokio durante la madrugada del domingo no ocurrió en un planeta sísmicamente tranquilo. En las horas y días que lo precedieron se registraron terremotos importantes en Perú, Indonesia y Filipinas, mientras que pocas horas después del movimiento japonés volvieron a aparecer sismos en Indonesia, Chile y México. La sucesión temporal resulta llamativa, pero los especialistas advierten que la proximidad en el tiempo no demuestra que un terremoto haya provocado a otro.
El terremoto japonés ocurrió a las 17:00:39 UTC del 22 de agosto, equivalente a las 02:00:39 del 23 de agosto en Japón. El epicentro se ubicó cerca de Toride, en la prefectura de Ibaraki, aproximadamente a 70 kilómetros de profundidad. La Agencia Meteorológica de Japón informó una magnitud preliminar de 5,9, mientras el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró inicialmente 5,8. El movimiento se sintió con fuerza en Tokio y otras prefecturas y dejó al menos 37 personas heridas, sin que se emitiera alerta de tsunami.
Pero si retrocedemos el reloj, la historia comienza mucho antes.
El primer gran episodio de esta secuencia ocurrió en Perú, el 20 de agosto. Un terremoto de magnitud 6,7 según el USGS golpeó la región de Ayacucho a las 18:00:18 UTC. El Instituto Geofísico del Perú había estimado inicialmente una magnitud mayor. El sismo ocurrió a unos 99 kilómetros de profundidad y, pese a su intensidad, no produjo un desastre de grandes proporciones.
Desde ese terremoto peruano hasta el movimiento de Ibaraki transcurrieron aproximadamente 47 horas y 21 segundos.
Mientras Perú todavía estaba procesando su propio terremoto, Indonesia también entraba en actividad. En la región de Flores se produjo un sismo de aproximadamente 5,9 el 20 de agosto a las 02:47 UTC, de acuerdo con los registros consultados; además, durante las siguientes horas se registraron nuevos movimientos en la misma región. Reuters confirmó un terremoto de magnitud 5,9 en Flores ese día y señaló una profundidad cercana a los 10 kilómetros.
La actividad de Flores no terminó allí. Los registros sísmicos muestran otros movimientos en Indonesia el 20 de agosto, incluido un sismo de magnitud 5,0 alrededor de las 19:53 UTC, y nuevos eventos durante el 21 y 22 de agosto.
La distancia temporal empieza entonces a reducirse.
El 21 de agosto, Indonesia volvió a registrar actividad importante cerca de Ruteng. Un terremoto de magnitud 4,9 ocurrió a las 20:21:53 UTC, aproximadamente 20 horas y 39 minutos antes del terremoto japonés.
Pero el movimiento de las placas continuaba también en otras zonas del Pacífico. En Filipinas, un terremoto de magnitud 5,0 ocurrió cerca de Lukatan a las 06:43:39 UTC del 22 de agosto, aproximadamente 10 horas y 17 minutos antes del terremoto de Japón. Ese mismo día se registraron otros movimientos en el archipiélago.
Y aquí aparece uno de los datos más llamativos de toda la secuencia.
Apenas 18 minutos antes del terremoto japonés, Indonesia volvió a registrar un sismo. A las 16:42:56 UTC del 22 de agosto, un movimiento de magnitud 4,6 fue localizado unos 80 kilómetros al norte de Ruteng, en Indonesia.
Tres minutos antes de ese evento, otro sismo de magnitud 4,7 había ocurrido en Indonesia, a las 16:33:04 UTC. Es decir, mientras el reloj mundial se acercaba a las 17:00 UTC, Indonesia estaba registrando movimientos sísmicos y Japón todavía no había experimentado el terremoto que posteriormente sacudiría Tokio.
A las 17:00:39 UTC llegó Japón.
El sismo de Ibaraki provocó alertas automáticas en teléfonos móviles, alteraciones en algunos servicios ferroviarios y numerosos sobresaltos durante la madrugada. La intensidad máxima alcanzó el nivel 5 bajo de la escala sísmica japonesa en algunas zonas. Las autoridades recomendaron mantenerse atentos ante posibles réplicas durante aproximadamente una semana.
Y entonces ocurre algo que hace todavía más interesante la cronología.
40 minutos después del terremoto japonés, Indonesia volvió a temblar. A las 17:40:08 UTC, un terremoto de magnitud 4,5 fue localizado cerca de Sungai Penuh, en Indonesia. Apenas dos minutos después del sismo japonés, además, los registros continuaban mostrando actividad en diferentes zonas del planeta.
Una hora y 45 minutos después de Japón, el movimiento apareció en Chile. A las 18:46:27 UTC, un terremoto de magnitud 4,6 ocurrió aproximadamente 32 kilómetros al noreste de Calama, en el norte chileno. La diferencia exacta desde el sismo japonés fue de aproximadamente 1 hora, 45 minutos y 48 segundos.
Después llegó nuevamente Indonesia. A las 19:54 UTC, alrededor de 2 horas y 53 minutos después de Japón, se registró otro terremoto de magnitud 4,6 cerca de Gorontalo. Poco después, a las 21:53 UTC, aproximadamente 4 horas y 52 minutos después del sismo japonés, apareció un movimiento de magnitud 4,9 cerca de Puerto Madero, en México.
La secuencia continuó durante la noche. En las primeras horas del 23 de agosto se registraron nuevos movimientos en Indonesia y Myanmar, entre otros puntos. Los registros sísmicos internacionales muestran que la Tierra siguió produciendo terremotos después del episodio de Japón, como ocurre permanentemente en un planeta tectónicamente activo.
Si colocamos algunos de los principales acontecimientos sobre una misma línea temporal, el panorama resulta impresionante:
20 de agosto — Perú, M6,7: 18:00:18 UTC.
20 de agosto — Indonesia, M5,0: 19:53:51 UTC.
21 de agosto — Indonesia, M4,9: 20:21:53 UTC.
22 de agosto — Filipinas, M5,0: 06:43:39 UTC.
22 de agosto — Indonesia, M4,7: 16:33:04 UTC.
22 de agosto — Indonesia, M4,6: 16:42:56 UTC.
22 de agosto — Japón, M5,8/5,9: 17:00:39 UTC.
22 de agosto — Indonesia, M4,5: 17:40:08 UTC.
22 de agosto — Chile, M4,6: 18:46:27 UTC.
22 de agosto — Indonesia, M4,6: 19:54 UTC.
22 de agosto — México, M4,9: 21:53 UTC.
Vista así, parece casi una carrera sísmica alrededor del planeta.
Pero aquí es donde la ciencia obliga a frenar la imaginación.
No existe evidencia científica en estos datos de que el terremoto de Perú haya provocado el de Indonesia, que Indonesia haya provocado el de Filipinas o que Japón haya provocado los movimientos posteriores en Chile o México. Los terremotos de estas magnitudes forman parte de la actividad tectónica normal de diferentes fallas y zonas de subducción. Que ocurran cerca en el calendario no significa que exista una relación causal.
De hecho, el USGS mantiene registros permanentes de los terremotos mundiales y muestra que decenas de sismos de magnitud 2,5 o superior ocurren diariamente en todo el planeta. En la consulta actual del sistema se contabilizaban 61 eventos de magnitud 2,5 o superior durante el período reciente mostrado por el organismo.
La Tierra, por lo tanto, nunca está realmente quieta.
Lo que sí resulta extraordinario es la presencia de varios eventos relativamente fuertes en una ventana temporal corta y en zonas tectónicamente activas. Perú, Indonesia, Filipinas, Japón, Chile y México se encuentran en regiones donde las placas tectónicas generan terremotos con frecuencia, aunque no todos pertenecen exactamente al mismo segmento tectónico.
El Cinturón de Fuego del Pacífico ayuda a explicar buena parte de la distribución. Perú, Chile, México, Japón, Filipinas e Indonesia se encuentran dentro o asociados a este enorme sistema tectónico que bordea el océano Pacífico. Allí interactúan varias placas y existen zonas de subducción capaces de producir terremotos de gran magnitud.
Pero el Cinturón de Fuego no es una sola falla gigantesca que se active de un extremo al otro. Es una colección de sistemas tectónicos diferentes, separados por miles de kilómetros y con dinámicas propias.
Por eso, la pregunta más interesante no es si Japón “activó” Chile o México. La pregunta científica es otra:
¿Puede un terremoto modificar temporalmente las tensiones en otras fallas?
La respuesta es sí, en determinadas circunstancias, pero el fenómeno es mucho más limitado de lo que sugieren algunos relatos sobre “cadenas mundiales de terremotos”. Un terremoto grande puede producir cambios de esfuerzo en zonas cercanas y, en determinadas condiciones, favorecer réplicas o actividad en fallas próximas. A distancias continentales o intercontinentales, establecer una relación causal requiere evidencia geofísica específica.
El terremoto de Japón, además, no fue suficientemente grande como para justificar por sí solo una hipótesis de activación planetaria. Con una magnitud cercana a 5,9 y una profundidad de aproximadamente 70 kilómetros, se trata de un sismo importante para la población afectada, pero muy diferente de los grandes terremotos de magnitud 8 o 9 capaces de reorganizar tensiones a escalas mucho mayores.
Existe además otra coincidencia que merece atención: Japón había sufrido un terremoto considerable en Kumamoto apenas un mes antes, de magnitud 6,8 según el USGS. Ese evento dejó decenas de muertos y cientos de heridos. La sucesión hace que las autoridades japonesas mantengan especial vigilancia sobre nuevas réplicas y otros movimientos.
Y mientras Japón observaba sus instrumentos, Indonesia continuaba mostrando actividad. Esto no significa necesariamente que ambas regiones estén conectadas. Indonesia posee por sí misma una de las estructuras tectónicas más complejas del planeta, con varias placas y zonas de subducción interactuando alrededor del archipiélago.
Perú presenta una situación similar. El terremoto de Ayacucho del 20 de agosto fue profundo, alrededor de 99 kilómetros según el USGS, lo que ayudó a reducir los efectos destructivos en superficie pese a su magnitud.
Lo fascinante, entonces, no es necesariamente una conexión invisible entre todos estos terremotos, sino la forma en que nuestro planeta puede producir acontecimientos simultáneos en distintos extremos de una misma placa oceánica y sus sistemas asociados.
Mientras una persona en Lima sentía un movimiento el jueves, otra en Indonesia podía estar experimentando otro; mientras los habitantes de Filipinas recibían una alerta sísmica el sábado, en Japón se acumulaban las horas previas a un terremoto que llegaría durante la madrugada.
Y después de Japón, el planeta siguió temblando.
Indonesia.
Chile.
México.
Indonesia nuevamente.
Como si el episodio japonés hubiera sido apenas una campanada dentro de una orquesta que nunca deja de tocar.
Sin embargo, hay que evitar convertir una coincidencia temporal en una predicción. Ninguno de estos datos permite decir que viene un terremoto mayor en otro país. Tampoco permite afirmar que exista una “cadena sísmica mundial” actualmente activada.
Lo que sí permite afirmar es que la actividad sísmica de esta semana ha sido notable en varias regiones del planeta, especialmente alrededor del Pacífico, y que Japón seguirá bajo vigilancia durante los próximos días por la posibilidad de réplicas. La Agencia Meteorológica japonesa recomendó precaución durante aproximadamente una semana.
Y queda una última coincidencia difícil de ignorar.
Entre el gran terremoto de Perú y el de Japón transcurrieron menos de dos días. Entre varios movimientos de Indonesia y el sismo japonés transcurrieron apenas minutos. Y menos de una hora después de Japón, Indonesia volvió a registrar actividad.
¿Es una cadena?
Los datos disponibles no permiten decirlo.
¿Es una señal de que la Tierra está sísmicamente viva?
Eso sí. Absolutamente.
Y quizá esa sea la verdadera historia: no que un terremoto esté viajando de un país a otro, sino que bajo nuestros pies existe un planeta en movimiento permanente, dividido en enormes placas que se desplazan lentamente mientras nosotros solamente vemos las consecuencias cuando la energía acumulada finalmente encuentra una salida.
Japón tembló a las 17:00:39 UTC. La pregunta no es solamente qué ocurrió allí. La pregunta que queda abierta es qué otros movimientos estaba registrando la Tierra en ese mismo instante y qué ocurrirá en las próximas horas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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