Europa: más de 30.000 muertes adicionales por las olas de calor ponen al continente ante una emergencia sanitaria
Europa enfrenta uno de los episodios de calor más graves de los últimos años, con más de 32.000 muertes adicionales estimadas entre mediados de junio y mediados de agosto de 2026, según datos provisionales de EuroMOMO, la plataforma europea que monitorea la sobremortalidad. La cifra todavía podría aumentar porque el verano no terminó y porque los datos nacionales continúan actualizándose. El fenómeno coincide con una sucesión de olas de calor, temperaturas extremas, sequías e incendios forestales que afectaron amplias zonas del continente.
La estimación de EuroMOMO no significa que cada una de esas personas haya sido registrada oficialmente como fallecida “por golpe de calor”. Se trata de un cálculo de exceso de mortalidad, es decir, de la diferencia entre las muertes observadas y las que estadísticamente se esperaban para ese período. Este método permite detectar el impacto sanitario de fenómenos extremos incluso cuando el calor no aparece como causa directa en el certificado de defunción. El sistema utiliza información de 23 países europeos, aunque no cubre una parte de Europa oriental.
La dimensión del fenómeno también aparece en los balances nacionales. Un recuento realizado por AFP a partir de datos de ocho países —Alemania, Francia, España, Bélgica, Inglaterra, Países Bajos, Austria y Portugal— contabilizó alrededor de 33.000 muertes adicionales o directamente relacionadas con el calor, aunque los períodos analizados y las metodologías no son idénticos entre países. Por esa razón, las cifras nacionales no deben sumarse mecánicamente como si fueran un único registro homogéneo.
Alemania aparece entre los países más afectados. Las autoridades sanitarias estimaron unas 14.000 muertes atribuidas a episodios de calor hasta el 9 de agosto, una cifra que refleja la intensidad de las temperaturas registradas durante el verano. El grupo de población más vulnerable fue el de las personas mayores, particularmente quienes tenían 75 años o más, debido a que el calor extremo puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otras patologías preexistentes.
En Francia también se registró un fuerte impacto. La región de París llegó a registrar cerca de 3.000 muertes durante la excepcional ola de calor de finales de junio, con una mortalidad que superó ampliamente los niveles habituales. El episodio fue especialmente significativo porque las temperaturas extremas coincidieron con un período prolongado de calor, aumentando la presión sobre los organismos sanitarios y sobre las personas vulnerables.
España atraviesa igualmente un verano excepcional. El Instituto de Salud Carlos III estimaba a comienzos de agosto más de 3.400 muertes relacionadas con las altas temperaturas desde junio, mientras otros balances posteriores elevaron las estimaciones para el período estival. Julio estuvo entre los meses con mayor mortalidad relacionada con el calor desde que comenzó el sistema de seguimiento español.
En Bélgica, el Instituto Nacional de Salud Pública estimó 2.570 fallecimientos adicionales entre el 18 de junio y el 17 de julio. El organismo anunció que sus cifras serían actualizadas posteriormente para incorporar los nuevos episodios de calor registrados durante el resto del verano, lo que demuestra que los balances actuales todavía son provisionales.
En Inglaterra, la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido estimó 2.877 muertes asociadas a las altas temperaturas durante mayo y junio, una cifra que ya se aproximaba al récord anual de 2.985 fallecimientos registrado en 2022. El dato resulta particularmente preocupante porque todavía quedaban varios meses del verano meteorológico por contabilizar.
Los Países Bajos registraron también un aumento significativo. Un análisis de los datos del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente identificó un exceso de 968 fallecimientos entre el 22 de junio y el 5 de julio. En Austria, las autoridades sanitarias contabilizaron 395 muertes relacionadas con el calor solamente durante junio, la cifra más alta registrada para ese mes desde que existen datos comparables.
Portugal, por su parte, acumuló más de 600 muertes adicionales entre mediados de junio y finales de julio, según los datos de la Dirección General de Salud analizados por AFP. La cifra muestra que el impacto no se concentró exclusivamente en las grandes potencias europeas, sino que afectó a países de diferentes tamaños y sistemas sanitarios.
El calor extremo no mata solamente mediante el denominado golpe de calor. Las temperaturas elevadas someten al organismo a una presión fisiológica considerable y pueden descompensar enfermedades cardíacas, respiratorias, renales y metabólicas, especialmente entre personas mayores, bebés, personas con enfermedades crónicas y quienes viven en condiciones habitacionales deficientes.
Durante las olas de calor, el organismo intenta reducir su temperatura mediante la transpiración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Cuando las temperaturas permanecen demasiado altas durante períodos prolongados, estos mecanismos dejan de ser suficientes, especialmente durante las noches cálidas, cuando el cuerpo debería recuperarse y reducir su temperatura. Por eso, las denominadas noches tropicales tienen particular importancia sanitaria.
El problema se agrava en las ciudades. El denominado efecto de isla de calor urbano hace que el asfalto, el hormigón y los edificios acumulen energía durante el día y la liberen durante la noche, reduciendo el alivio térmico. Las zonas densamente urbanizadas pueden registrar temperaturas considerablemente superiores a las áreas rurales cercanas, especialmente durante las noches.
La infraestructura europea tampoco fue diseñada para soportar una sucesión de episodios extremos de esta magnitud. Una parte importante de las viviendas europeas carece de sistemas de refrigeración adecuados, especialmente en países donde históricamente los veranos eran relativamente moderados. Esta situación está cambiando a medida que aumentan las temperaturas, pero la instalación generalizada de aire acondicionado implica un enorme desafío energético y económico.
El impacto tampoco termina en la mortalidad. Las olas de calor afectan la productividad laboral, la agricultura, el suministro de agua, la generación eléctrica y los sistemas de transporte, mientras los incendios forestales obligan a evacuar comunidades y deterioran la calidad del aire. Europa enfrenta, por lo tanto, un fenómeno que combina consecuencias sanitarias, ambientales y económicas.
Las altas temperaturas de este verano también estuvieron acompañadas por sequías e incendios forestales de gran magnitud, particularmente en España, Francia y otras regiones mediterráneas. La vegetación seca aumenta la disponibilidad de combustible para los incendios, mientras las temperaturas extremas y los vientos pueden acelerar la expansión de las llamas.
El humo de los incendios agrega otra amenaza. Las partículas finas producidas por la combustión pueden desplazarse cientos de kilómetros y penetrar profundamente en el sistema respiratorio, aumentando los riesgos cardiovasculares y respiratorios. De esta manera, una ola de calor puede producir simultáneamente mortalidad directa e indirecta mediante el deterioro de la calidad del aire.
La dimensión económica también comienza a ser visible. Un análisis publicado recientemente estimó que las olas de calor de 2026 ya provocaron pérdidas económicas cercanas a 180.000 millones de euros, debido principalmente a la reducción de la productividad y a los efectos sobre diferentes actividades económicas. Europa se encuentra además ante el desafío de invertir simultáneamente en reducción de emisiones y adaptación a temperaturas que ya están ocurriendo.
La adaptación será uno de los principales desafíos de las próximas décadas. No alcanza con reducir las emisiones futuras si las ciudades no están preparadas para las temperaturas que ya se registran actualmente. Los especialistas señalan la necesidad de ampliar zonas verdes, crear refugios climáticos, mejorar el aislamiento de viviendas, adaptar hospitales y sistemas de emergencia y desarrollar mecanismos de alerta para las poblaciones vulnerables.
La situación también plantea un problema de desigualdad. No todas las personas tienen la misma capacidad para protegerse del calor extremo. Quienes poseen aire acondicionado, viviendas bien aisladas y acceso a espacios verdes cuentan con mayores posibilidades de reducir su exposición. Las personas mayores que viven solas, trabajadores al aire libre y familias con menores recursos enfrentan un riesgo significativamente mayor.
Los trabajadores constituyen otro grupo particularmente expuesto. La construcción, la agricultura, la logística, el transporte y numerosos trabajos urbanos requieren actividad física durante períodos en los que las temperaturas pueden superar niveles peligrosos. La adaptación laboral implica modificar horarios, incorporar pausas, garantizar hidratación y limitar la exposición durante las horas de mayor temperatura.
La agricultura europea también enfrenta consecuencias importantes. Las altas temperaturas y la falta de agua pueden reducir los rendimientos de cultivos, afectar la calidad de las cosechas y aumentar los costos de producción. En regiones vitivinícolas, por ejemplo, el calor extremo puede modificar los ciclos de maduración y afectar determinadas variedades.
El impacto sobre el agua es igualmente estratégico. Las sequías prolongadas reducen las reservas hídricas justamente cuando aumenta la demanda de agua para consumo humano, agricultura y refrigeración de centrales eléctricas. Esta combinación puede generar nuevos conflictos entre diferentes usos del recurso.
Los científicos consideran que la frecuencia y la intensidad de las olas de calor están vinculadas con el calentamiento global. Europa se está calentando más rápidamente que el promedio mundial, y los episodios extremos se están convirtiendo en una característica cada vez más habitual del verano europeo. Esto significa que las cifras registradas en 2026 no deberían interpretarse únicamente como un episodio excepcional, sino como una advertencia sobre las condiciones que pueden repetirse en el futuro.
Sin embargo, todavía existe una dificultad importante: las cifras de mortalidad por calor no son inmediatamente definitivas. El exceso de mortalidad se calcula mediante modelos estadísticos y los registros oficiales pueden tardar semanas o meses en consolidarse. Además, diferentes países utilizan períodos y metodologías distintas. Por eso, la cifra de más de 30.000 fallecimientos debe considerarse una estimación provisional y no un balance definitivo.
Lo que sí está fuera de discusión es la magnitud de la señal sanitaria. Decenas de miles de muertes por encima de lo esperado en apenas dos meses representan un impacto extraordinario para un continente con sistemas sanitarios altamente desarrollados. La cuestión ya no es solamente cómo responder durante una ola de calor, sino cómo rediseñar las ciudades y los servicios públicos para convivir con temperaturas extremas cada vez más frecuentes.
Europa enfrenta así un nuevo desafío climático: el calor dejó de ser solamente un problema meteorológico para convertirse en un problema de salud pública, economía, infraestructura y seguridad social. Las más de 32.000 muertes adicionales estimadas hasta mediados de agosto constituyen una advertencia todavía incompleta, porque el verano continúa y los datos definitivos tardarán en conocerse.
La cifra final podría ser superior. Pero incluso con los datos actuales, el verano de 2026 ya se perfila como uno de los episodios de calor con mayor impacto sanitario de la historia reciente europea, obligando a los gobiernos a replantear sus sistemas de alerta, sus políticas urbanas y la protección de las poblaciones más vulnerables.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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