El Banco Central de la República Argentina redujo durante las últimas jornadas el ritmo de compra de dólares y llevó sus intervenciones al nivel más bajo del año, en una estrategia destinada a evitar que una mayor demanda de divisas genere presión sobre el tipo de cambio. La decisión se produce después de un período en el que la autoridad monetaria había acelerado fuertemente la acumulación de reservas y adquirido más de US$13.000 millones durante 2026.
La estrategia representa un cambio respecto de las semanas anteriores. En julio, el BCRA había intensificado sus compras y llegó a incorporar US$1.154 millones en apenas cinco ruedas, con un promedio diario de US$231 millones. En ese momento, el dólar mayorista mostraba una tendencia descendente y la fuerte oferta de divisas, especialmente vinculada al sector agroexportador, permitía al organismo comprar dólares sin generar una presión significativa sobre la cotización.
Ahora el escenario es diferente. La autoridad monetaria busca mantener un equilibrio entre dos objetivos que pueden entrar en conflicto: acumular reservas y evitar que sus propias compras impulsen el precio del dólar. Cuando el BCRA adquiere grandes cantidades de divisas en el mercado, aumenta la demanda oficial y puede contribuir a sostener o elevar la cotización, especialmente cuando la oferta privada de dólares disminuye.
El cambio se produce además dentro del sistema de bandas cambiarias implementado por el Gobierno. Los límites de esa banda se actualizan de acuerdo con la inflación y para agosto el techo había quedado establecido cerca de los $1.880 por dólar. La estrategia oficial busca evitar movimientos bruscos y, al mismo tiempo, permitir que el mercado determine la cotización dentro de los límites establecidos.
La acumulación de reservas constituye una de las principales necesidades del programa económico de Javier Milei y Luis Caputo. Durante los primeros meses del año, el BCRA había logrado avanzar rápidamente en ese objetivo y las compras acumuladas superaron los US$13.300 millones. El programa oficial contempla una acumulación anual situada entre US$10.000 millones y US$17.000 millones, dependiendo de la evolución de la demanda de pesos y del ingreso de divisas.
Pero acumular reservas no significa necesariamente que todo dólar comprado permanezca inmediatamente disponible dentro de las reservas brutas. El stock también se modifica por pagos de deuda, movimientos del Tesoro, variaciones en la valuación del oro y otras monedas, además de operaciones financieras del propio Banco Central.
El comportamiento del dólar se convirtió así en una variable central para la política económica. Una suba demasiado rápida de la cotización podría trasladarse a los precios, complicando el proceso de desinflación que el Gobierno intenta consolidar. La inflación de julio fue del 2,1%, después del 1,9% registrado en junio, por lo que el Ejecutivo tiene especial interés en evitar un nuevo shock cambiario.
La relación entre dólar e inflación es particularmente importante en Argentina porque numerosas empresas utilizan costos importados o insumos cuyo valor depende del tipo de cambio. Una depreciación brusca puede terminar trasladándose a precios de bienes y servicios, aunque el impacto no sea inmediato ni uniforme.
Por ese motivo, la decisión del BCRA de moderar sus compras puede interpretarse como una forma de dar prioridad a la estabilidad cambiaria en el corto plazo, aun cuando eso implique avanzar más lentamente en la acumulación de reservas.
El problema es que el Gobierno también enfrenta presión para fortalecer las reservas. El Fondo Monetario Internacional ha señalado reiteradamente la necesidad de mejorar la posición externa del Banco Central y contar con un mayor colchón de divisas. La acumulación de reservas es considerada una herramienta importante para enfrentar episodios de volatilidad y fortalecer la confianza en el programa económico.
Durante julio, el BCRA llegó a acumular más de US$12.600 millones en compras desde comienzos de 2026 y las reservas brutas alcanzaron alrededor de US$48.800 millones.
La situación muestra entonces una contradicción: el Gobierno necesita comprar dólares, pero no puede hacerlo a cualquier precio si esas compras generan presión sobre el tipo de cambio.
Ese equilibrio será especialmente relevante durante los próximos meses, cuando aumenten las necesidades de financiamiento externo y el mercado comience a evaluar con mayor atención la capacidad del Gobierno para cumplir sus objetivos de reservas.
También será importante observar el comportamiento del sector agroexportador. Durante julio, la liquidación del agro se mantuvo elevada y fue uno de los principales factores que permitió al BCRA comprar divisas sin generar una fuerte presión cambiaria. Si esa oferta disminuye, la autoridad monetaria tendrá menos margen para acumular reservas sin intervenir de manera más agresiva.
El mercado seguirá atento además a la evolución de las tasas de interés en pesos. El Gobierno utiliza la política monetaria para incentivar el ahorro en moneda local y reducir la demanda de dólares. Una combinación de tasas elevadas y menor intervención compradora puede contribuir a contener la dolarización, aunque también puede tener efectos sobre el crédito y la actividad económica.
La estrategia, por lo tanto, no consiste simplemente en comprar o vender dólares. El BCRA debe administrar simultáneamente reservas, liquidez, tasas de interés, expectativas cambiarias e inflación.
El resultado de esa política determinará si el Gobierno puede continuar acumulando reservas sin perder el control sobre la cotización de la moneda.
La reducción de las compras del BCRA marca una nueva etapa de la política cambiaria argentina. Después de haber acumulado más de US$13.000 millones durante 2026, la autoridad monetaria ahora busca evitar que una intervención demasiado intensa termine alimentando la presión sobre el dólar. El desafío consiste en mantener suficiente acumulación de reservas para fortalecer la posición financiera del país, pero sin provocar movimientos cambiarios que puedan trasladarse a la inflación. Para el Gobierno de Milei, encontrar ese equilibrio será clave durante la segunda mitad del año, especialmente mientras intenta consolidar la desinflación y cumplir los compromisos de fortalecimiento de las reservas.
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