Una emergencia no termina cuando cesa el peligro inmediato. Después de un terremoto, accidente, pérdida, desastre natural, episodio de violencia u otra situación crítica, muchas personas continúan enfrentando una emergencia menos visible: el impacto emocional de lo vivido.
Miedo, confusión, llanto, silencio, irritabilidad, sensación de irrealidad, dificultad para dormir, preocupación constante o necesidad de permanecer alerta pueden aparecer después de una experiencia altamente estresante. Estas respuestas no significan necesariamente que exista un trastorno psicológico; muchas constituyen reacciones humanas ante acontecimientos extraordinarios.
En este contexto cobran especial importancia los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP): una forma de ayuda humana, práctica y respetuosa dirigida a personas que atraviesan situaciones de crisis.
Así como los primeros auxilios físicos buscan proteger y estabilizar mientras se determina qué atención necesita una persona, los PAP procuran ofrecer seguridad, calma, escucha, orientación y conexión con los recursos disponibles, sin sustituir la atención profesional cuando esta resulta necesaria.
En una crisis no siempre podemos cambiar lo ocurrido, pero sí podemos cambiar la manera en que una persona atraviesa los primeros momentos después de lo ocurrido.
¿Qué son los Primeros Auxilios Psicológicos?
Los Primeros Auxilios Psicológicos son una intervención de apoyo inicial destinada a personas afectadas por acontecimientos potencialmente traumáticos o altamente estresantes.
Su propósito no es realizar psicoterapia, establecer diagnósticos ni conseguir que la persona relate detalladamente lo sucedido. Su objetivo inmediato es mucho más humano y concreto: reducir el sufrimiento inicial, favorecer la sensación de seguridad, identificar necesidades prioritarias y ayudar a la persona a recuperar progresivamente cierta estabilidad y capacidad para afrontar la situación.
Los PAP parten de una premisa fundamental: cada persona responde de manera diferente ante una crisis. Algunas necesitarán hablar; otras preferirán permanecer en silencio. Algunas buscarán información; otras necesitarán primero descansar, encontrar a sus familiares, beber agua, recibir atención médica o simplemente sentirse acompañadas.
Por eso, ayudar no significa imponer nuestra manera de afrontar la situación, sino comprender qué necesita la persona en ese momento.
¿Cuándo pueden utilizarse?
Los PAP pueden ser útiles después de diferentes acontecimientos críticos, entre ellos:
- Terremotos, inundaciones, incendios y otros desastres naturales.
- Accidentes graves.
- Pérdidas repentinas de familiares o seres queridos.
- Desplazamientos y evacuaciones.
- Situaciones de violencia.
- Emergencias comunitarias.
- Crisis familiares.
- Hospitalizaciones inesperadas.
- Eventos que produzcan miedo intenso, incertidumbre o sensación de amenaza.
No todas las personas expuestas a una emergencia necesitarán la misma intervención. Algunas conservarán suficientes recursos personales, familiares y comunitarios para afrontar la situación. Otras requerirán acompañamiento inmediato y algunas necesitarán posteriormente atención especializada.
Principios fundamentales: observar, escuchar y conectar
Una manera práctica de comprender los PAP es mediante tres acciones esenciales: observar, escuchar y conectar.
1. OBSERVAR
Antes de intervenir debemos comprender qué está ocurriendo.
Observar significa identificar:
- Si el lugar es seguro.
- Si existen riesgos físicos inmediatos.
- Quién necesita atención médica urgente.
- Quién parece encontrarse especialmente angustiado, confundido o desorientado.
- Si existen niños, adultos mayores, personas con discapacidad u otras personas que puedan necesitar apoyo adicional.
- Cuáles son las necesidades básicas inmediatas.
La seguridad física siempre tiene prioridad. Una intervención psicológica no debe realizarse ignorando riesgos ambientales o necesidades médicas urgentes.
También debemos recordar que no toda persona que llora necesita ser detenida en su llanto y no toda persona silenciosa está necesariamente en peligro. Debemos observar antes de interpretar.
2. ESCUCHAR
Escuchar constituye una de las herramientas más poderosas de los PAP.
Podemos acercarnos con respeto, presentarnos y preguntar algo sencillo:
“¿Cómo puedo ayudarte en este momento?”
La escucha debe ser tranquila, empática y sin juicios.
No debemos presionar a una persona para que relate acontecimientos dolorosos. Si desea hablar, podemos escucharla. Si no desea hacerlo, podemos permanecer disponibles.
Escuchar también significa reconocer necesidades concretas:
“Necesito encontrar a mi familia.”
“No sé dónde voy a dormir.”
“Tengo miedo de que vuelva a ocurrir.”
“No encuentro mis medicamentos.”
Detrás de la angustia emocional muchas veces existe una necesidad práctica que puede ser atendida.
3. CONECTAR
Después de escuchar, debemos ayudar a la persona a conectarse con los recursos que pueden brindarle seguridad y apoyo.
Esto puede incluir:
- Familiares y personas significativas.
- Servicios médicos.
- Organismos de emergencia.
- Refugios y albergues.
- Información oficial.
- Servicios sociales.
- Redes comunitarias.
- Apoyo psicológico.
- Acompañamiento espiritual, cuando la persona lo desea.
- Servicios especializados de salud mental.
Conectar significa no abandonar a la persona únicamente con palabras de ánimo, sino ayudarla, dentro de nuestras posibilidades, a encontrar recursos concretos para afrontar la situación.
¿Cómo acercarnos a una persona afectada?
El acercamiento debe realizarse con sensibilidad.
Podemos comenzar identificándonos:
“Hola, mi nombre es ____. Estoy aquí apoyando a las personas afectadas. ¿Puedo acompañarte un momento?”
Después podemos preguntar:
“¿Qué necesitas ahora?”
La diferencia parece pequeña, pero es importante. En lugar de asumir lo que la persona necesita, le devolvemos capacidad de decisión.
Durante una emergencia muchas personas sienten que han perdido completamente el control de sus vidas. Permitir pequeñas decisiones (sentarse aquí o allá, llamar primero a determinada persona, recibir compañía o permanecer un momento en silencio) puede contribuir a recuperar progresivamente cierta sensación de autonomía.
Lo que debemos hacer
Durante los PAP es recomendable mantener una actitud tranquila y respetuosa, escuchar sin interrumpir innecesariamente y hablar utilizando frases sencillas.
También debemos ofrecer información únicamente cuando sea confiable. En situaciones de desastre, los rumores pueden aumentar considerablemente la ansiedad colectiva.
Es igualmente importante ayudar a establecer prioridades:
¿Qué necesitas resolver primero?
Tal vez encontrar a un familiar, conseguir medicamentos, localizar un refugio, comunicarse con alguien, recibir atención médica o simplemente descansar.
Resolver pequeños problemas inmediatos puede disminuir considerablemente la sensación de caos.
Lo que NO debemos hacer
Una buena intención no siempre produce una buena intervención.
Durante los PAP debemos evitar:
- Obligar a la persona a contar lo sucedido.
- Pedir detalles innecesarios sobre experiencias traumáticas.
- Minimizar sus emociones.
- Juzgar sus reacciones.
- Hacer promesas que no podemos garantizar.
- Difundir rumores o información no confirmada.
- Decirle cómo “debería” sentirse.
- Convertir el acompañamiento en interrogatorio.
- Dar diagnósticos improvisados.
- Imponer nuestras creencias religiosas o espirituales.
- Decir frases como “no llores”, “tienes que ser fuerte”, “todo pasa por algo”, “hay personas que están peor”o “olvídate de eso”.
Podemos reemplazarlas por expresiones más respetuosas:
“Estoy aquí contigo.”
“Lo que estás sintiendo merece ser escuchado.”
“No tienes que contarme nada que no quieras contar.”
“Vamos a pensar qué necesitas primero.”
PAP y regulación emocional
Cuando una persona se encuentra muy alterada, podemos ayudarla a reducir estímulos y recuperar progresivamente orientación respecto al presente.
Puede ser útil hablar lentamente, invitarla a sentarse en un lugar seguro, facilitar agua cuando sea apropiado y ayudarla a reconocer dónde se encuentra, quién está acompañándola y cuáles serán los siguientes pasos.
Las técnicas respiratorias sencillas también pueden ayudar a algunas personas, pero no deben imponerse. Nuestro objetivo no es conseguir que la persona deje inmediatamente de sentir miedo o tristeza, sino ayudarla a atravesar ese momento con mayor seguridad.
Los niños requieren una atención especial
Los niños también experimentan el impacto emocional de las emergencias, aunque no siempre puedan expresarlo verbalmente.
Después de una situación crítica pueden aparecer:
- Mayor necesidad de permanecer cerca de sus cuidadores.
- Problemas para dormir.
- Miedo a quedarse solos.
- Conductas regresivas.
- Preguntas repetitivas.
- Juegos relacionados con lo sucedido.
- Cambios temporales en alimentación o comportamiento.
Siempre que sea posible, los niños deben permanecer cerca de adultos conocidos y protectores.
La información debe proporcionarse utilizando palabras comprensibles para su edad, evitando detalles innecesariamente alarmantes.
Una frase sencilla puede ofrecer seguridad:
“Pasó algo que asustó a muchas personas. Ahora los adultos estamos trabajando para mantenerte seguro y vamos a permanecer contigo.”
Adultos mayores y personas vulnerables
Las emergencias pueden afectar especialmente a adultos mayores, personas con discapacidad, enfermedades crónicas, dificultades de movilidad, barreras comunicativas o ausencia de redes familiares.
El apoyo psicológico debe acompañarse entonces de una pregunta esencial:
¿Qué necesita esta persona para estar físicamente segura y continuar su tratamiento o cuidado?
Medicamentos, movilidad, alimentación, comunicación con familiares y acceso a servicios pueden ser tan importantes como la contención emocional.
Primeros Auxilios Psicológicos y apoyo espiritual
Para muchas personas, la espiritualidad constituye una fuente importante de significado, esperanza y fortaleza durante situaciones difíciles.
Cuando la persona lo desea, el acompañamiento espiritual puede complementar los PAP mediante presencia, oración, escucha, comunidad y esperanza.
Sin embargo, existe un principio fundamental:
La espiritualidad debe ofrecerse, nunca imponerse.
No debemos utilizar el sufrimiento para culpabilizar, explicar arbitrariamente una tragedia como castigo divino o exigir determinadas expresiones de fe.
El acompañamiento espiritual saludable reconoce el dolor y permanece junto a quien sufre.
La Escritura expresa:
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.” — Salmo 34:18
La cercanía puede convertirse entonces en una forma concreta de cuidado: estar presentes cuando alguien siente que su mundo acaba de cambiar.
¿Quién puede brindar Primeros Auxilios Psicológicos?
Los PAP no pertenecen exclusivamente a psicólogos o psiquiatras.
Con preparación adecuada pueden ser brindados por personal sanitario, organismos de emergencia, docentes, líderes comunitarios, voluntarios, trabajadores sociales, líderes espirituales y otras personas capacitadas.
Sin embargo, esto tiene un límite fundamental:
brindar PAP no convierte a alguien en terapeuta ni sustituye la atención profesional.
La persona que ayuda debe conocer sus competencias y saber cuándo derivar.
¿Cuándo debemos buscar ayuda especializada?
Después de una emergencia pueden presentarse reacciones emocionales intensas sin que necesariamente exista un trastorno psicológico. Sin embargo, algunas señales requieren una evaluación profesional más cuidadosa.
Debe prestarse especial atención cuando existe:
- Riesgo de hacerse daño o hacer daño a otras personas.
- Desorientación marcada o persistente.
- Incapacidad significativa para realizar actividades básicas.
- Crisis emocionales intensas que no disminuyen.
- Síntomas psicológicos persistentes que interfieren seriamente con la vida cotidiana.
- Consumo problemático de alcohol u otras sustancias como forma de afrontamiento.
- Alteraciones importantes y prolongadas del sueño.
- Conductas extremadamente desorganizadas.
- Síntomas que hacen sospechar una emergencia médica o psiquiátrica.
Ante un peligro inmediato, la prioridad es activar los servicios de emergencia correspondientes y garantizar la seguridad.
Cuidar también a quienes ayudan.
Existe otro grupo que con frecuencia olvidamos: quienes cuidan.
Voluntarios, psicólogos, médicos, enfermeros, rescatistas, líderes comunitarios, fuerzas de seguridad y personas que escuchan repetidamente historias de pérdida también pueden experimentar agotamiento físico y emocional.
Ayudar responsablemente implica reconocer nuestros propios límites.
Descansar, alimentarse adecuadamente, realizar pausas, compartir responsabilidades, mantener contacto con nuestra red de apoyo y pedir ayuda cuando la carga emocional comienza a sobrepasarnos también forman parte de una respuesta saludable.
No podemos sostener indefinidamente a otros ignorando nuestro propio desgaste.
El poder de la comunidad
Después de una emergencia solemos pensar primero en especialistas, hospitales e instituciones. Todos son indispensables. Pero existe otra fuerza extraordinariamente importante: la comunidad organizada.
Una persona que escucha.
Un vecino que acompaña.
Una familia que comparte información confiable.
Un voluntario que conecta a alguien con un servicio.
Un profesional que orienta.
Una comunidad de fe que ofrece refugio y esperanza respetando las creencias individuales.
Cada acción puede convertirse en parte de una gran red de protección.
Los PAP nos recuerdan que ayudar psicológicamente no siempre significa tener respuestas extraordinarias. Muchas veces significa realizar acciones sencillas en el momento correcto.
Los Primeros Auxilios Psicológicos representan mucho más que una técnica de intervención. Son una manera profundamente humana de responder al sufrimiento.
Observar para reconocer necesidades.
Escuchar para comprender sin juzgar.
Conectar para que nadie tenga que enfrentar la crisis completamente solo.
No podemos borrar aquello que una persona acaba de vivir. Tampoco debemos prometer que inmediatamente estará bien. Pero podemos ofrecer algo real: presencia, seguridad, respeto, información confiable y conexión con la ayuda necesaria.
En momentos de desastre, cuando muchas certezas desaparecen, una presencia serena puede convertirse en un punto de referencia.
Por eso, quizá una de las enseñanzas más importantes de los Primeros Auxilios Psicológicos sea esta:
No necesitas tener todas las respuestas para ayudar. A veces, estar presente, escuchar con respeto y conectar a una persona con la ayuda adecuada puede marcar profundamente la diferencia.
Y cuando la ayuda profesional, comunitaria y espiritual logra encontrarse desde el respeto, podemos transformar la crisis en un espacio donde, aun en medio de la incertidumbre, la persona vuelva poco a poco a sentirse acompañada, protegida y capaz de continuar.
«Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…» Santiago 1:2–4 (RVR1960)
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Dra. Elizabeth Rondón. Especialista en bienestar emocional, relaciones humanas y desarrollo organizacional.
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS: PRESENCIA, ESCUCHA Y APOYO EN MOMENTOS DE CRISIS.
- ★DESPUÉS DEL TERREMOTO, EL CUERPO TAMBIÉN SIGUE TEMBLANDO.
- ★CAPACIDAD DE RESPUESTA INMEDIATA DE LOS CUERPOS DE SEGURIDAD ANTE EL TERREMOTO.
- ★CALI PASÓ DE UNA EMERGENCIA NATURAL A UNA EMERGENCIA DE SEGURIDAD.
- ★EL PUNTO DE PARTIDA: EL TERREMOTO DEL 10 DE AGOSTO.

