Aquí ocurrió algo importante entre el lunes y el martes.
Durante las horas posteriores al terremoto comenzaron a surgir denuncias y amenazas de saqueos, especialmente alrededor de zonas comerciales y edificaciones evacuadas.
La Alcaldía respondió decretando toque de queda y reforzando la presencia policial y militar.
El primer toque de queda estuvo vigente durante la noche del lunes; posteriormente se decretó otro entre las 9:00 p. m. del martes 11 y las 6:00 a. m. del miércoles 12 de agosto, con excepciones para organismos de socorro, Fuerza Pública, funcionarios y voluntarios autorizados.
Además, el Gobierno anunció el envío de alrededor de 1.000 integrantes de las fuerzas de seguridad hacia Cali.
Es decir, actualmente existen dos operaciones simultáneas en la ciudad:
una humanitaria: búsqueda, rescate, atención médica y evaluación estructural.
otra de seguridad: protección de zonas evacuadas, viviendas, comercio y corredores de emergencia.
En determinados sectores, existe una presencia militar considerable.
Pero debe entenderse dentro del contexto de emergencia.
El alcalde señaló expresamente que las zonas más afectadas continuarían con presencia militar para proteger viviendas, comercio, equipos de rescate y población evacuada.
No significa que la ciudad esté bajo un estado militar generalizado ni que exista una confrontación armada dentro de Cali asociada al terremoto.
La función inmediata es principalmente de control territorial y protección de la emergencia.
Servicios públicos y comunicaciones.
Durante las primeras horas hubo interrupciones de:
energía eléctrica, agua, servicio de gas doméstico e industrial, telecomunicaciones y conectividad celular en diferentes puntos de la región.
Cali estuvo parcialmente incomunicada durante algunos momentos posteriores al terremoto.
La saturación de las redes también produjo un problema típico de grandes catástrofes: aunque las antenas funcionaran, miles de personas intentaron llamar simultáneamente.
La situación ha venido estabilizándose, pero pueden persistir fallas puntuales en sectores donde existe daño físico en redes o donde se están realizando reparaciones.
Aeropuerto y movilidad.
El aeropuerto de Cali llegó a suspender temporalmente operaciones debido a las verificaciones posteriores al sismo.
Para hoy, los reportes indican que Cali y Buenaventura ya han reanudado operaciones aéreas, aunque el sistema regional todavía presenta restricciones en otros aeropuertos afectados.
Eso es una noticia muy importante porque Alfonso Bonilla Aragón se convierte ahora también en corredor logístico para:
personal humanitario, medicamentos, maquinaria, insumos y movimiento de pasajeros.
El problema estructural de Cali es anterior al terremoto.
Aquí aparece una de las conclusiones más importantes del análisis.
El terremoto no creó la vulnerabilidad de Cali.
La reveló.
Cali está ubicada en una región de amenaza sísmica importante y desde hace años existen estudios que muestran escenarios muy severos para un terremoto fuerte.
El Plan Local de Emergencias de Cali contempla escenarios hipotéticos de un sismo de magnitud cercana a 6,9 capaces de producir afectaciones masivas, especialmente por:
colapso estructural;
licuación de suelos;
deslizamientos;
incendios posteriores;
fallas de servicios públicos.
Entre las zonas históricamente consideradas vulnerables aparecen comunas del oriente, ladera y sectores con suelos susceptibles a licuación.
Por eso lo ocurrido no debe analizarse únicamente como un evento geológico excepcional.
También es una prueba real de planificación urbana y cumplimiento de las normas sismorresistentes.
Ahora comienza otro problema: los edificios que “siguen de pie”
Durante los primeros días, la atención naturalmente está puesta sobre los edificios colapsados.
Pero en las próximas semanas probablemente aparecerá el problema más grande en número:
miles de edificaciones que permanecen en pie, pero deben determinarse si son habitables.
Una estructura puede parecer normal externamente y tener:
columnas fracturadas;
deformaciones;
daños en vigas;
pérdida de capacidad resistente;
fallas en muros estructurales;
afectaciones de cimentación.
Por eso considero que las próximas semanas estarán dominadas en Cali por tres palabras:
inspección, evacuación y reforzamiento.
El impacto económico para Cali puede ser enorme.
Incluso sin tener todavía una valoración económica definitiva, ya se pueden anticipar varias consecuencias.
Habrá costos importantes en:
vivienda, comercio, salud, infraestructura pública, colegios, vías, redes de servicios y reconstrucción.
Además, aparece un impacto indirecto:
personas que no pueden trabajar porque fueron evacuadas, comercios cerrados, empresas afectadas, caída temporal del consumo, interrupciones logísticas y familias que tendrán que asumir alojamiento temporal.
Si finalmente miles de inmuebles requieren reparación o reforzamiento, la recuperación de Cali no se medirá en semanas.
Podría medirse en años.
También existe un impacto psicológico enorme. Aunque este aspecto suele subestimarse a nivel gubernamental se ha hecho un llamado a profesionales de a salud mental para brindar los Primeros auxilios psicológicos. Ya que una población que ha experimentado un terremoto fuerte y continúa sintiendo réplicas entra fácilmente en un estado de hipervigilancia colectiva.
Durante los próximos días son esperables fenómenos como:
insomnio, miedo a permanecer dentro de edificios, sobresalto ante vibraciones, necesidad constante de revisar noticias, temor a dormir, ataques de ansiedad y percepción de movimiento incluso cuando no existe un sismo
En familias que perdieron viviendas, familiares o conocidos el impacto será obviamente mucho mayor.
Y cada réplica vuelve a activar ese miedo.
¿Puede venir otro terremoto fuerte?
No existe actualmente una herramienta científica capaz de afirmar:
“mañana habrá otro terremoto de magnitud X”.
Eso no se puede predecir.
Lo que sí sabemos es que después de un terremoto de magnitud 7,4 son completamente normales numerosas réplicas y algunas pueden sentirse con fuerza.
Ya se han registrado más de un centenar de movimientos posteriores.
Por eso la conducta adecuada no es entrar en pánico ni abandonar Cali.
Es asumir que durante varios días o semanas pueden presentarse nuevas sacudidas y que una estructura dañada tiene menos margen de resistencia que antes del terremoto.
Hay además una segunda vulnerabilidad regional: la seguridad
Y aquí conviene ampliar la fotografía más allá del terremoto.
Antes del 10 de agosto el Valle ya atravesaba un panorama complejo de seguridad, especialmente en los corredores hacia Cauca.
Durante abril y mayo se registró una escalada de ataques y acciones armadas en el suroccidente que afectaron incluso la vía Panamericana, generando preocupación por abastecimiento, transporte de carga y precios de alimentos.
Eso significa que el terremoto golpea una región que no partía de condiciones normales.
Ya existían presiones sobre:
seguridad, movilidad regional, logística, hospitales y finanzas públicas.
Ahora deben manejarse simultáneamente.
El terremoto del 10 de agosto no parece ser solamente una tragedia de dos o tres días.
Puede convertirse en un punto de inflexión urbano para Cali.
Va a obligar a revisar seriamente:
qué edificios son seguros, dónde está construyendo Cali, cómo se protege la infraestructura hospitalaria, qué ocurre con las edificaciones antiguas, cómo responder ante terremotos y cómo reorganizar el sistema distrital de gestión del riesgo
Cali sobrevivió al gran movimiento. Ahora viene probablemente la parte más difícil:
determinar cuánto quedó realmente dañado y cómo reconstruir una ciudad que no puede limitarse a reparar grietas, sino que deberá reducir la vulnerabilidad que el terremoto dejó expuesta.
Y hay algo que debemos vigilar con mucha atención: las cifras todavía no están cerradas. Los balances nacionales que circulan hoy oscilan considerablemente dependiendo de la hora y de la entidad que publica el corte (desde alrededor de 188 hasta más de 250 fallecidos), precisamente porque siguen apareciendo reportes y reconciliándose bases de datos. Por eso no puedo dar como “definitiva” una cifra que probablemente cambiará durante los próximos días.
Isaías 40:31: «Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas»
ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

