Una de las enfermedades hormonales más frecuentes en mujeres en edad reproductiva podría tener un impacto mucho mayor sobre la salud cardiovascular de lo que se creía hasta ahora. Una investigación internacional, publicada en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, concluyó que las mujeres con síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) —la nueva denominación del tradicional síndrome de ovario poliquístico (SOP)— presentan más de cuatro veces mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular aterosclerótica, además de un incremento significativo en la probabilidad de sufrir infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y otras complicaciones cardiovasculares. Los investigadores aclaran que el estudio demuestra una fuerte asociación, pero no establece una relación de causa y efecto, por lo que recomiendan interpretar los resultados dentro del conjunto de factores que influyen en la salud cardiovascular.
El trabajo científico analizó más de 400.000 mujeres mediante registros médicos y comparó la incidencia de enfermedades cardiovasculares entre pacientes diagnosticadas con SOMP y mujeres sin el trastorno endocrino. Tras ajustar variables como edad, obesidad, diabetes e hipertensión, los autores observaron que el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica fue aproximadamente 4,4 veces superior en el grupo con el síndrome. Además, detectaron un aumento en la incidencia de infarto agudo de miocardio, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y eventos cerebrovasculares, resultados que refuerzan la creciente evidencia de que esta condición no debe considerarse únicamente un problema ginecológico o reproductivo, sino una enfermedad con importantes implicancias metabólicas y cardiovasculares a largo plazo.
Durante décadas, el síndrome fue conocido como síndrome de ovario poliquístico (SOP), una denominación que muchos especialistas consideraban insuficiente porque centraba la atención en la presencia de quistes ováricos, cuando en realidad la alteración afecta múltiples sistemas hormonales y metabólicos. En 2026, un consenso internacional respaldado por decenas de sociedades científicas propuso reemplazar ese nombre por síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) para reflejar con mayor precisión su naturaleza. El cambio de denominación busca mejorar el diagnóstico temprano, favorecer un abordaje multidisciplinario y aumentar la conciencia sobre los riesgos metabólicos, cardiovasculares y endocrinos asociados a la enfermedad.
Los especialistas explican que la resistencia a la insulina constituye uno de los mecanismos centrales del síndrome. Esta alteración favorece la aparición de obesidad abdominal, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemias y procesos inflamatorios crónicos, factores que aceleran el desarrollo de aterosclerosis. A ello se suma el exceso de andrógenos y otros desequilibrios hormonales que pueden alterar el metabolismo de las grasas y el funcionamiento de los vasos sanguíneos. La combinación de estos factores incrementa progresivamente el riesgo cardiovascular incluso en mujeres jóvenes que todavía no presentan síntomas cardíacos evidentes, razón por la cual numerosos expertos proponen incorporar controles cardiometabólicos periódicos desde el momento del diagnóstico.
El estudio también pone de manifiesto un problema de salud pública frecuentemente subestimado. Se estima que entre el 6 % y el 13 % de las mujeres en edad reproductiva presentan esta condición, aunque distintos organismos internacionales consideran que hasta el 70 % permanece sin diagnóstico debido a la diversidad de sus manifestaciones clínicas. Los síntomas pueden incluir ciclos menstruales irregulares, dificultad para ovular, infertilidad, acné persistente, crecimiento excesivo de vello, aumento de peso y alteraciones metabólicas, pero no todas las pacientes presentan el mismo cuadro clínico. Esa variabilidad ha dificultado históricamente tanto el diagnóstico como la implementación de estrategias preventivas adaptadas a cada caso.
Los investigadores sostienen que los resultados no implican que todas las mujeres con SOMP desarrollarán enfermedades cardiovasculares, sino que identifican un grupo con mayor vulnerabilidad que podría beneficiarse de un seguimiento más estrecho. En ese contexto, diversas guías clínicas recomiendan control periódico de la presión arterial, glucosa, perfil lipídico, peso corporal y hábitos de vida, además de promover actividad física regular, alimentación equilibrada y tratamiento individualizado cuando exista resistencia a la insulina u otras alteraciones metabólicas. El nuevo estudio fortalece la idea de que la prevención cardiovascular debe incorporarse como parte esencial del manejo integral del síndrome, desplazando la visión tradicional centrada exclusivamente en la fertilidad y la salud ginecológica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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