
Es mejor refugiarse en el SEÑOR
Que confiar en el hombre.
Es mejor refugiarse en el SEÑOR
Que confiar en príncipes (Sal 118:8-9).
No elegiste la soledad.
Nunca pensaste que tendrías tan pocos amigos a tu lado, sobre todo ahora. En tu momento de necesidad, solo te quedan preguntas. Las pruebas llenan el cielo de flechas; te sientes abandonado en la oscuridad. ¿Adónde se han ido?
Este camino sin amigos es muy transitado.
Muchos de los fieles lo han recorrido antes. Moisés hacia el desierto. Daniel en la fosa de los leones. David al enfrentarse al gigante. Elías al desafiar a Acab. Jeremías en la cisterna. Micaías al dar la profecía. Samuel al reprender a un rey. Ester al hacer su petición. Juan el Bautista en su celda. Pablo al ser juzgado. Esteban durante su lapidación. Juan en su isla. A los santos se les ha hecho estar, y a menudo están, solos. Pero ninguno como nuestro Señor en Su camino hacia la cruz.
Muchos en el ministerio conocen este camino. Qué rápido las relaciones dentro de la iglesia pueden reducir el corazón a cenizas. La puerta de la iglesia es giratoria. Los miembros van y vienen; a veces es difícil no tomárselo como algo personal. El dolor, la ira y la autocompasión se entremezclan. Nos preguntamos: «Muchos hombres proclaman su propia lealtad, / Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?» (Pr 20:6). Clamamos: «Salva, SEÑOR, porque el piadoso deja de ser; / Porque los fieles desaparecen de entre los hijos de los hombres» (Sal 12:1). Nuestras fuerzas casi se agotan. ¿Cómo podremos seguir adelante mucho más tiempo?
Dios está haciendo algo en tu soledad; confía en Él. Dios te está fortaleciendo. Dios te está enseñando. Dios te está transformando
La vida puede ser solitaria para un hombre de Dios. No en todo momento, pero sí en momentos cruciales. Pero esto suele ser obra de Dios. Él despoja a Sus hombres incluso de amigos fieles en momentos decisivos. Aquellos que han estado a nuestro lado en innumerables batallas no pueden acompañarnos allí. Llega un día en que Dios volverá a demostrar que Él es suficiente. La dependencia del hombre es refrenada para que el hombre de Dios pueda descansar plenamente en su Roca y su Redentor. Pablo lo ilustra:
En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció […] Y fui librado de la boca del león (2 Ti 4:16-17, énfasis añadido).
Cuando los leones acechan y los amigos balbucean sus despedidas, el Señor permanece a nuestro lado, y la boca del león permanece cerrada.
La amistad que debilita
Santo cansado, Dios está haciendo algo en tu soledad; confía en Él. Dios te está fortaleciendo. Dios te está enseñando. Dios te está transformando. La oruga debe adentrarse en ese lugar oscuro donde nadie puede seguirla para resurgir convertida en algo superior.
Charles Spurgeon, que no fue ajeno a este confinamiento santificado, llama a lo que Dios está haciendo en tales momentos la disciplina del abandono. Dios nos golpea a través de la mutabilidad humana, las traiciones sutiles o el amor no correspondido. Las velas en las que confiábamos caen.
¿Qué está haciendo Dios? Nos está enseñando lecciones vitales, lecciones que Spurgeon nos advierte que no olvidemos.
Mira atrás a ese momento valiente, ahora que estás rodeado de una buena compañía de amigos, piensa si tienes una confianza en Dios tan sencilla ahora como la que manifestaste entonces. Si juzgas que sí, demuestra con tus acciones que aún puedes atreverte a seguir adelante en medio de las dificultades, sin estar encadenado por la dependencia de un brazo de carne. La disciplina del abandono no debería haber sido en vano para ti; deberías ser mucho más fuerte por haberte visto obligado a caminar solo. La amistad de tus compañeros ha sido una pérdida más que una ganancia si ahora no puedes librar una batalla en solitario como lo hacías en tiempos pasados. ¿Te has vuelto ahora esclavo de un brazo de carne? Si es así, repréndete a ti mismo con los recuerdos de días más valientes.
Los hombres pueden ser dignos de confianza y los príncipes justos; sin embargo, nuestro Señor siempre es mejor
La amistad puede debilitar, si lo permitimos. La hermandad debería ser estimulante y orientada hacia Dios, pero si dejamos que se nos escabulla nuestra fortaleza llena de fe, si las manos de nuestro valor pierden sus callos, si nuestra firme confianza en Dios depende de los amigos, nuestra fuerza se estanca y se marchita.
Dios es nuestra fuerza
¿No se resume esta reflexión de una hermosa manera en el Salmo 118? Puede que esta haya sido la última canción que cantó Jesús antes de Su sangrienta y solitaria pasión:
Es mejor refugiarse en el SEÑOR
Que confiar en el hombre.
Es mejor refugiarse en el SEÑOR
Que confiar en príncipes (Sal 118:8-9).
Los hombres pueden ser dignos de confianza y los príncipes justos; sin embargo, nuestro Señor siempre es mejor. Él es nuestro baluarte y nuestra fortaleza. Es incansable, inquebrantable, firme. Pero lo olvidamos. El príncipe ha hecho tanto por nosotros. Por eso, nuestro Señor rechaza toda ayuda carnal y nos deja solo el brazo desnudo y omnipotente de Dios.
¿Conoces este camino solitario? ¿Lo estás recorriendo ahora? Aprende su lección. Descansa, confía y espera en Dios.
Son refrescantes los días en que un Aarón y un Hur sostienen nuestros brazos. Brillantes son los momentos en que Jonatán está a nuestro lado. Es mejor tener a alguien contigo cuando caes porque puede levantarte, excepto en estos momentos. Estos son tiempos de prueba, tiempos de poda, tiempos de forja; algunos de los mejores momentos, al final. Aquí, Él forma soldados. Aquí, Él afina nuestro servicio. Aquí, Él revela Su suficiencia total.
Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Greg Morse
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/debemos-caminar-solos/
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