
Hay un dato que prácticamente ningún análisis del acuerdo Mercosur–Unión Europea destaca con la prominencia que merece, y que sin embargo es quizás el argumento más poderoso para entender por qué Europa perseveró durante veinticinco años de negociaciones para cerrar este tratado: la UE tiene en los países del Mercosur una inversión acumulada de 390.000 millones de euros, una cifra que la convierte de lejos en el mayor inversor extranjero de la región y que supera la inversión combinada de China y Estados Unidos. La UE es el mayor inversor extranjero en el Mercosur, con un stock de 390.000 millones de euros en 2023, mientras que las exportaciones de la UE al bloque alcanzaron los 57.000 millones de euros en 2024, y la UE da cuenta del 25% del total del comercio de servicios del Mercosur, con exportaciones de la UE a la región que ascendieron a 29.000 millones de euros en 2023. Estos números convierten el acuerdo Mercosur–UE en algo más parecido a la formalización de una relación ya establecida y profundamente enraizada que a la apertura de una nueva relación desde cero. Europa ya estaba en el Mercosur cuando el acuerdo se firmó: en sus bancos, en sus fábricas, en sus supermercados, en sus redes de telecomunicaciones, en sus empresas de energía. Lo que el acuerdo hace es proporcionar a esa inversión ya existente un marco jurídico más predecible, con reglas más claras y con mecanismos de solución de controversias más efectivos que los que existían bajo el esquema anterior. Euronews
Si bien la relación es sustancial, tanto los exportadores como los potenciales inversores enfrentan barreras en los mercados del Mercosur. Uno de los objetivos del acuerdo UE–Mercosur es crear reglas más estables y predecibles para el comercio y la inversión, a través de mejores y más sólidas normativas. Esta admisión de que existen barreras persistentes al comercio y la inversión dentro del Mercosur —a pesar de la magnitud de la presencia europea ya establecida— es un indicador indirecto de cuánto más podría crecer esa presencia si las barreras se eliminan. Si la UE logró invertir 390.000 millones en el Mercosur pagando los costos y la incertidumbre que existían antes del acuerdo, la perspectiva de inversión futura bajo condiciones de mayor certeza jurídica y menor fricción regulatoria es extraordinariamente prometedora. Los bancos europeos de inversión, los fondos de infraestructura y las corporaciones industriales que ya conocen el mercado latinoamericano serán los primeros en capitalizar las mejoras que el acuerdo introduce. Euronews
La distribución sectorial de esa inversión europea en el Mercosur también es relevante para entender qué tipos de empresas serán las que más activamente aprovechen el nuevo marco del acuerdo. Europa ha invertido en el Mercosur principalmente en sectores como telecomunicaciones —Telefónica en Brasil, Argentina y Uruguay—, energía —Repsol, Iberdrola, EDF—, retail —Carrefour, Zara— y servicios financieros —BBVA, Santander, BNP Paribas. Estos sectores tienen ahora un marco contractual más robusto para proteger sus inversiones existentes y para ampliar su presencia en los mercados que el acuerdo abre. Para los consumidores del Mercosur, la competencia adicional que esa expansión europea puede introducir en sectores como el bancario, el de telecomunicaciones y el energético tiene el potencial de bajar precios y mejorar la calidad de los servicios.
Pero el impacto más transformador del acuerdo en términos de inversión podría ser en sectores donde Europa aún no tiene presencia significativa en el Mercosur: tecnología de punta, biotecnología, agricultura de precisión, inteligencia artificial aplicada e industrias de la economía verde. La certeza jurídica que el acuerdo proporciona puede ser el catalizador que lleve a startups y empresas tecnológicas europeas —de Berlín, Ámsterdam, Barcelona, Lisboa— a establecer operaciones en São Paulo, Buenos Aires, Montevideo y Asunción por primera vez. El acuerdo también establece por primera vez compromisos de acceso a los contratos públicos de los países del Mercosur para las empresas de la UE, incluyendo bienes, servicios y obras públicas, sujeto a umbrales predefinidos. Esta es la primera vez que los países del Mercosur asumen compromisos de este tipo, lo que representa una apertura sin precedentes de sus mercados de contratación pública a la competencia internacional. La apertura de la contratación pública es especialmente significativa: los contratos gubernamentales en los países del Mercosur mueven cientos de miles de millones de dólares anuales, y el acceso de empresas europeas a esos contratos bajo condiciones de igualdad con las empresas locales es una oportunidad comercial enorme que en muchos sectores —infraestructura, tecnología, salud— todavía no ha sido dimensionada adecuadamente. Prensa Mercosur
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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