
Antes me encantaban julio y agosto porque significaban unas vacaciones escolares para mis hijas, más tiempo en familia y una rutina más tranquila. Pero hace veinte años, mi esposo me dejó al comienzo del verano. Ese verano significó mudanza, buscar casa, buscar trabajo y aprender a desempeñar el papel de madre soltera. De alguna manera, parece que fue hace toda una vida, aunque ciertos momentos quedaron grabados en mi corazón para siempre.
Cualquier tipo de pérdida puede ser solitaria y provocar aislamiento, pero el divorcio es especialmente complejo y caótico. Es una muerte sin cierre. Nadie te lleva comida, ni te envía flores o tarjetas de ánimo. En cambio, mi dolor vino acompañado de ira, estrés y vergüenza.
Las investigaciones muestran que casi la mitad de los asistentes a la iglesia que se divorcian abandonan su iglesia actual, y para los que se quedan, sus relaciones y su participación en la iglesia disminuyen drásticamente. Entonces, ¿cómo puede el cuerpo de Cristo apoyar mejor a las personas que están pasando por el dolor del divorcio?
1. Usa las palabras con sabiduría.
El divorcio me dejó sintiéndome vulnerable y expuesta. Estoy segura de que no siempre era agradable estar conmigo. Un día me quejaba molesta. Al día siguiente estaba llorando. La ruptura matrimonial se parece mucho a una montaña rusa, con constantes altibajos emocionales. Debido a que la situación es incómoda, los demás miembros de la iglesia pueden sentirse tentados a mirar hacia otro lado. A menudo, no saben qué decir o temen decir algo inapropiado.
No evites hablar con un hermano o una hermana que esté pasando por un divorcio. Usa palabras que reconozcan el dolor, pero no intentes resolver el problema. Comentarios como «Está bien llorar» o «Lamento que te haya pasado esto» expresan sinceridad. Evita los clichés o los comentarios insensibles como «Lo superarás» o «Esta es tu segunda oportunidad».
Nuestra identidad la define Dios, no el divorcio. Las personas divorciadas necesitan que se les anime con esta verdad, una y otra vez
Si te cuesta encontrar las palabras adecuadas, dar un abrazo, saber escuchar y elevar una oración silenciosa son otras formas consideradas de transmitir cuidado e interés.
2. Comparte la verdad bíblica.
El divorcio puede convertirse en una identidad y en la lente a través de la cual las personas divorciadas se ven a sí mismas. Por eso es importante guiar a una persona divorciada hacia la verdad de la Palabra de Dios. Pero ten cuidado de no compartir versículos sobre los propósitos y las promesas de Dios de una manera que pueda parecer que niegas su dolor y su sufrimiento. En vez de eso, guíala hacia las Escrituras que le ayudarán a centrarse en quién es Dios y quiénes somos en Él.
Durante mis días más oscuros, Romanos 8 me recordó mi posición en Cristo. No estoy condenada por el fracaso de mi matrimonio (v. 1). Soy hija de Dios y coheredera con Cristo (vv. 16-17). Dios ha preparado una eternidad para mí (v. 17). El Espíritu intercede cuando no sé qué orar (v. 26). Dios puede usar mi divorcio para hacerme crecer en santidad (v. 28). Dios me da la victoria sobre los intentos de Satanás de destruirme (v. 37). Nada puede separarme del amor eterno de Dios (vv. 38-39).
Nuestra identidad la define Dios, no el divorcio. Las personas divorciadas necesitan que se les anime con esta verdad, una y otra vez.
3. Extiende una invitación.
Cuando criaba a mis hijas sola, a menudo me sentía excluida porque parecía que no encajaba en ningún sitio, ni siquiera en la iglesia. Los padres solteros necesitan amistad con otros adultos, conexión con otras familias y ejemplos piadosos para sus hijos.
Considera invitar a familias monoparentales a cenar. Inclúyelas en las salidas familiares, como un día de playa o un fin de semana para acampar. Acuérdate de una persona divorciada durante las fiestas si vive sola o si sus hijos están visitando al otro progenitor. Ayudar a una persona divorciada a sentirse conectada con el cuerpo de Cristo puede ser tan sencillo como poner uno o dos platos más en la mesa.
Las personas divorciadas también necesitan oportunidades para recordar su valor dentro de la familia de Dios. Que me invitaran a servir en la iglesia, por ejemplo, fue un dulce recordatorio de que Dios seguía considerándome valiosa en Su reino, al tiempo que me brindaba la oportunidad de conectar con otros miembros.
4. Comprométete a largo plazo.
Una amiga describió recientemente el hecho de permanecer al lado de alguien en los momentos difíciles como «aburrido». Tiene razón. Requiere compromiso cuando el progreso es lento, y paciencia cuando se discuten los problemas repetidamente. Aunque el divorcio disuelve un matrimonio, puede haber implicaciones legales continuas, disputas por la custodia y visitas parentales. Ciertos hitos pueden ser difíciles de experimentar solos, como graduaciones, bodas y el nacimiento de los nietos.
Estar ahí a largo plazo incluye ayuda práctica, mantenerse en contacto regularmente y seguir escuchando y orando.
Nuestra familia llegó a conocer el poder sanador del Señor, a menudo provisto a través de los gestos de Su pueblo, que no tenía miedo de amarnos de verdad
Al mirar atrás, han cambiado tantas cosas desde aquel día en que mi esposo se fue en 2005. Pero, más de veinte años después, sigo contando con el apoyo y el ánimo de algunas de las mismas personas. Se mantuvieron a nuestro lado contra viento y marea, en los días buenos y en los malos, en los altibajos. Nos han ofrecido una oración, una palabra de ánimo o una mano amiga siempre que lo hemos necesitado. Estaré eternamente agradecida a los amigos que se comprometieron a acompañarnos, por muy accidentado que fuera el camino.
5. Sé un canal de consuelo.
El apóstol Pablo escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1:3-4). Este pasaje es un glorioso recordatorio de que Dios ha provisto el cuerpo de Cristo para acompañar a quienes sufren.
Mi primer domingo en la iglesia como madre soltera fue el más difícil de mi vida. Lloré durante los cantos. Me quedé aturdida durante el sermón. Salí corriendo por la puerta en cuanto terminó la bendición. Pero volví, semana tras semana, creyendo que la iglesia era el mejor lugar donde estar. Gracias a Dios, tenía razón.
Con el tiempo, nuestra pequeña familia de tres llegó a conocer el poder sanador del Señor, a menudo provisto a través de los gestos sencillos de Su pueblo, que no tenía miedo de amarnos de verdad.
La próxima vez que alguien diga: «Me estoy divorciando», no le des la espalda. Acógela con la compasión de Cristo y ámala con un corazón servicial. No siempre será fácil. Pero es una forma práctica en la que la iglesia puede funcionar verdaderamente como la familia de Dios.
Linda Seabrook
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/maneras-pastorear-divorciados-iglesia/
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