
Hace algunos meses, Jesus Culture —un conocido grupo de alabanza vinculado a la Iglesia Bethel de California— publicó un video en X de una canción que lanzaron ese mismo día. La letra repite una y otra vez: «Necesitamos otro Pentecostés».
Este sencillo estribillo plantea una importante cuestión teológica: ¿Es así como debemos entender el Pentecostés? ¿Deberíamos los cristianos estar orando por otro? ¿O acaso Dios ya nos ha dado lo que pedimos? Antes de explicar por qué creo que esta frase es errónea desde el punto de vista bíblico y teológico, quisiera hacer algunas aclaraciones.
Tres aclaraciones
En primer lugar, antes de evaluar canciones como estas, debemos apreciar el corazón que hay detrás de ellas. La música de adoración a menudo expresa un anhelo por más presencia y poder de Dios, y ese es un deseo bueno y bíblico. Entiendo que algunos puedan emplear frases como «otro Pentecostés» de manera metafórica. Puede que no estén pidiendo una repetición literal de Hechos 2, sino más bien expresando un anhelo de renovación espiritual o avivamiento. Ese es un deseo que todos los cristianos deberían compartir. No estoy cuestionando la sinceridad detrás de estas letras.
En segundo lugar, debemos permitir un cierto grado de retórica y flexibilidad artística en las canciones. Aunque es lógico que deseemos precisión bíblica en nuestras canciones de adoración, debemos tener cuidado de no criticar en exceso letras que pretenden ser lenguaje poético en lugar de declaraciones teológicas literales. Las letras de las canciones a veces son objeto de duras críticas, pero quienes valoran la precisión teológica a veces pueden tener dificultades con las expresiones metafóricas.
La forma en que nos expresamos en la oración y el canto es importante. Las palabras moldean nuestra forma de pensar y de vivir
Finalmente, todos cometemos errores teológicos en ocasiones, y debemos tratar a los demás como queremos que nos traten cuando esto ocurre. Siempre se debe dar gracia y espacio para crecer a los demás cristianos.
La necesidad de precisión teológica
Sin embargo, la forma en que nos expresamos en la oración y el canto es importante. Las palabras moldean nuestra forma de pensar, y nuestra forma de pensar determina nuestra forma de vivir. Los cristianos estamos llamados a adorar a Dios según los principios de las Escrituras, y no según nuestras preferencias personales. La adoración auténtica debe realizarse «en espíritu y en verdad» (Jn 4:23), lo que significa que nuestra forma de expresarnos en la adoración debe reflejar con precisión el carácter de Dios y Su obra en el mundo.
Las Escrituras nos dicen que debemos decir cosas verdaderas y no falsas acerca de Dios. Estamos llamados a «luchar ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud 1:3). Pablo advierte constantemente contra los falsos maestros que introducen herejías destructivas que desvían a las personas. Es sorprendente la frecuencia con la que los apóstoles se pronuncian contra las falsas enseñanzas en sus cartas, sabiendo que las ideas erróneas pueden infiltrarse fácilmente en la iglesia como lobos que buscan devorar a las ovejas.
No estoy acusando necesariamente a Jesus Culture de herejía con esta letra. Si lo dicen literalmente —pidiendo una repetición del Pentecostés histórico—, entonces sí, eso se acercaría peligrosamente al pensamiento herético. Pero lo más probable es que estén hablando metafóricamente, tal vez vinculándolo a una teología de una «segunda bendición» del Espíritu.
Aun así, el lenguaje es problemático. Metáfora o no, sugiere algo que no es cierto, y la verdad importa. La sinceridad, aunque es importante, no es la medida definitiva de una teología sólida. Las personas pueden ser totalmente sinceras y, sin embargo, promover ideas falsas que, en última instancia, no ayudan. Entonces, ¿por qué es bíblica y teológicamente erróneo pedir «otro Pentecostés»?
Tres razones por las que no necesitamos otro Pentecostés
En primer lugar, Pentecostés fue un acontecimiento redentor único, irrepetible, pero también irrevocable. Dios prometió que llegaría una nueva era después de que Jesús completara Su misión y se derramara el Espíritu. Este acontecimiento fue predicho formalmente por el profeta Joel (2:28-32) y retomado en el discurso de Jesús en el aposento alto (Jn 13-17). Más tarde, en Hechos, Pedro afirma que lo que ocurrió en Jerusalén en el año 33 d. C. cumple la profecía de Joel 2 (Hch 2:16-21). Pedro incluso asegura que los creyentes ya están viviendo en los «últimos días».
Ninguna profecía bíblica declara que habrá un segundo derramamiento del Espíritu. Más bien, Jesús regresará y los muertos resucitarán. Pedir un nuevo Pentecostés es como pedirle a Jesús que se sacrifique de nuevo. Tanto el Pentecostés como el sacrificio de Jesús son acontecimientos redentores que ocurrieron una sola vez y para siempre.
En segundo lugar, pedir un segundo Pentecostés implica peligrosamente que el primer Pentecostés y la obra consumada de Cristo fueron insuficientes. Sin embargo, el Evangelio de Juan dice que cuando venga el Espíritu, «Él [nos] enseñará todas las cosas» (Jn 14:26) y «[nos] guiará a toda la verdad» (16:13). Jesús promete que cuando el Espíritu venga en Pentecostés, los creyentes recibirán poder (Hch 1:8). Pablo dice que los que creen en Cristo están «sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa» (Ef 1:13). El envío del Espíritu está directamente relacionado con la exaltación de Cristo (Hch 2:33-36); por lo tanto, pedir otro Pentecostés puede sugerir que la entronización de Cristo no fue efectiva. Esto socava la obra consumada y victoriosa de Cristo.
Pedir un segundo Pentecostés implica peligrosamente que el primer Pentecostés y la obra consumada de Cristo fueron insuficientes
En tercer lugar, el Pentecostés declara que el Espíritu ya ha sido dado plenamente a la iglesia. 1 Corintios 12:13 dice: «Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo […]. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu». Romanos 8:9 también afirma: «si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él». Decir que necesitamos otro descenso del Espíritu implica que los cristianos carecen de la plenitud del Espíritu, pero las Escrituras afirman que todos los creyentes tienen el mismo Espíritu. La misión de la iglesia procede de Pentecostés; no espera otro Pentecostés.
Tres posibles objeciones
Sin duda, habrá quien plantee objeciones a lo que he dicho. Se me ocurren tres. En primer lugar, Pablo exhorta a los cristianos a que se llenen del Espíritu (Ef 5:18). Se trata de un acto continuo. Sin embargo, esto no implica una segunda bendición del Espíritu Santo, sino que debe interpretarse como un llenado de lo que ya está presente. Los cristianos deben estar llenos de lo que ya se les ha dado. No hay ningún mandato en el Nuevo Testamento que ordene buscar un segundo bautismo del Espíritu.
En segundo lugar, hay relatos en Hechos en los que el Espíritu desciende después de Pentecostés. Esto incluye cuando Felipe va a Samaria (Hch 8:14-17), cuando el Espíritu desciende sobre la casa de Cornelio (10:44-45) y cuando los discípulos de Juan en Éfeso ni siquiera han oído hablar del Espíritu (19:1-6). Sin embargo, estos textos son, de nuevo, acontecimientos transitorios únicos que muestran que el don del Espíritu no se limitará a Jerusalén. Dios también derrama Su Espíritu sobre los que son mitad judíos (samaritanos), los gentiles (Cornelio) y los marginados (los discípulos de Juan). Hechos señala estos acontecimientos como no normativos para los cristianos, ya que ocurrieron para unificar a la iglesia en su nacimiento. Pentecostés es un acontecimiento con múltiples cumplimientos.
Pentecostés es un acontecimiento con múltiples cumplimientos
En tercer lugar, el texto más difícil a este respecto podría ser Hechos 4:31, que afirma que los que estaban en Jerusalén oraron después de Pentecostés y «el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor». Podría parecer que se ha producido un segundo descenso dos capítulos después de lo ocurrido en Hechos 2, pero este texto se interpreta mejor como una confirmación, ante la persecución, de que el Espíritu de Dios sigue con ellos a pesar de la oposición. Lucas no presenta este acontecimiento como un segundo Pentecostés, sino como una experiencia más profunda de lo que los creyentes ya disfrutan.
Gratitud por el Pentecostés
Cuando reflexionamos sobre el Pentecostés, nuestra respuesta debería ser una profunda gratitud. Dios ya ha derramado Su Espíritu de una manera nunca antes experimentada bajo el antiguo pacto. El Pentecostés marca un momento decisivo en la historia de la redención: un acontecimiento único en el que Dios cumplió Su promesa de morar con Su pueblo de una forma nueva y poderosa.
Aunque estas peticiones de un nuevo Pentecostés parten de buenas intenciones, pasan por alto una verdad fundamental: el Pentecostés es un acontecimiento pasado. El Espíritu Santo ya fue dado. Pedir otro Pentecostés es como un niño que pide a sus padres un regalo de Navidad que ya ha recibido. La cuestión no es que el regalo no haya sido dado; es que quizá no reconozcamos plenamente lo que ya hemos recibido. En cambio, deberíamos suplicarle a Dios que Su Espíritu continúe la obra que comenzó hace 2000 años.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Patrick Schreiner
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/un-pentecostes-suficiente/
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