Mototaxistas y transportistas denuncian medidas desproporcionadas y advierten que las reglas actuales no reflejan la realidad de una región que funciona como una sola ciudad
La triple frontera atraviesa una jornada crítica tras el cierre del Puente de la Amistad, en una protesta impulsada por transportistas y mototaxistas de Ciudad del Este que cuestionan el endurecimiento de controles en el paso hacia Foz do Iguaçu. El conflicto surge a partir de un nuevo esquema implementado por la Receita Federal de Brasil para combatir el denominado “contrabando hormiga”, pero rápidamente escaló hacia un reclamo más amplio sobre las condiciones de circulación en la región.
El sistema de control, vigente desde hace aproximadamente una semana, incluye medidas más estrictas como la verificación de la frecuencia de cruces, la identificación de productos repetidos y el control del límite de compras de USD 500 por persona. También apunta a detectar a los llamados “laranjas”, personas que cruzan reiteradamente con mercaderías a cambio de una comisión.
Sin embargo, la aplicación de estas medidas ha generado fuerte rechazo entre los trabajadores del transporte. Según denuncian, al menos seis mototaxis y más de diez vehículos en total ya fueron incautados, en casos donde los pasajeros transportaban productos considerados irregulares.
El punto central del reclamo es que los conductores no tienen control sobre lo que llevan sus pasajeros, pero aun así están siendo sancionados.
“Nosotros transportamos personas, no mercancías. No podemos revisar cada bolso ni asumir responsabilidades que no nos corresponden”, sostienen desde el sector.
La situación genera mayor indignación porque, según explican, el criterio de control cambió. Anteriormente, cuando se detectaba una irregularidad, la sanción recaía sobre la persona responsable, permitiendo que el vehículo continuara su recorrido.
Hoy, en cambio:
- Se retiene el vehículo completo
- Se paraliza el trabajo del conductor
- Se traslada la sanción al propietario
Este cambio operativo es el detonante directo de la protesta.
Pero el conflicto no se limita al contrabando. En paralelo, los transportistas vuelven a cuestionar otras exigencias que consideran desproporcionadas para la realidad local, como el uso obligatorio del seguro internacional conocido como Carta Verde.

Para quienes trabajan en la zona, esta exigencia resulta difícil de justificar en trayectos de pocos kilómetros dentro de un área urbana integrada. Cruzar el puente —aunque sea por minutos— implica cumplir con los mismos requisitos que un viaje internacional de larga distancia.
“Nos piden lo mismo para cruzar 5 minutos que para viajar cientos de kilómetros”, señalan.
El malestar se amplifica en un contexto donde miles de personas dependen diariamente del tránsito fronterizo para trabajar, estudiar o desarrollar actividades comerciales. La triple frontera no funciona como un límite tradicional entre países, sino como un espacio continuo de interacción económica y social.
El cierre del Puente de la Amistad tuvo efectos inmediatos:
- Congestión en ambos lados de la frontera
- Interrupción del comercio
- Demoras generalizadas en la movilidad
Sin embargo, el impacto más profundo es otro. La protesta expone una tensión estructural: la distancia entre la integración real de la región y las reglas que aún responden a una lógica de frontera rígida.
Para los transportistas, el problema no es la existencia de controles, sino su aplicación sin considerar el contexto local. Reclaman un sistema que diferencie entre actividades organizadas de contrabando y el movimiento cotidiano de personas.
La suma de controles más estrictos, incautaciones de vehículos y exigencias como la Carta Verde está generando un escenario que, según advierten, pone en riesgo la viabilidad del trabajo en la frontera.
Ante esta situación, el sector no descarta nuevas medidas de fuerza si no se abre un canal de diálogo con las autoridades.
Mientras tanto, la crisis deja una cuestión central sobre la mesa:
cómo adaptar las reglas a una región que ya está integrada en la práctica, pero que aún no lo está en sus normativas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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