
Como ya deben estar enterados, por esta Colombia recién domesticada se apareció recientemente el señor Marco Rubio, flamante secretario de estado del gobierno que encabeza el señor Donald Trump. Marchaba tranquilo, llegó sin esposas, sin traje naranja, fue recibido con cordialidad, alfombra roja, por un presidente agradecido que se desvivió por mostrarse obsequioso con el ilustre visitante, anduvo como Pedro por su casa, sin temor a ser detenido y extraditado por algún agente del ICE criollo con el que Abelardo amenazó a los inmigrantes ilegales que llegan a establecerse en la patria milagro y cuyo similar estadounidense inspira tanto terror en las calles de las ciudades de EEUU.
Vino de paso, con cierta prisa, se reunió, como se anotó arriba, con Abelardo, quien lo recibió con un alegre batir de palmas y firmó entusiasmado varios acuerdos que protocolizan la entrega y explotación no sólo de petróleo, oro, carbón, platino y níquel, sino también de tierras raras, de esas mismas que se usan para crear artilugios que sirven para hacer entrar en razón a naciones díscolas que se resisten a los designios del coloso del norte.
De aquí pasó raudo al Ecuador y Perú, pensamos que seguiría su discurrir hacia el cono sur, como el acucioso y exigente capataz que recorre los dominios recién adquiridos por el nuevo dueño de América Latina, pero no, su viaje se detuvo sorprendentemente en Lima.
Su visita ha sido interpretada por los adoradores del nuevo felino presidente como una expresión del respaldo de el gobierno de la metrópoli a su ciudadano representante y cuidador de su recién adquirido territorio. No hubo preguntas incómodas, tampoco respuestas reveladoras. Todo se dio dentro de la métrica impuesta para la prensa “amiga” por el nuevo gobierno de ultraderecha de Colombia.
Casualmente, vino cuando se cumple un mes del terremoto del 10 de agosto que destruyó parcialmente a la Sultana del Valle (Cali), a la cálida, trasnochadora y morena Pereira, afectó a la capital cafetera de Colombia, la bella Armenia, parcialmente a la capital musical de este país, la ciudad de Ibagué, y a un buen número de ciudades intermedias y pequeñas en todo el eje cafetero, el Valle del Cauca y el húmedo y selvático Chocó.
Una catástrofe que sigue afectando vidas, muchas de las cuales siguen rotas y devastadas, aplastadas por el fenómeno natural, pero también por la lentitud con la que llegan las ayudas dicen que por problemas logísticos y presupuestales que limitan el alcance de quienes debieran garantizar su completa recuperación, pero, al decir de los damnificados más bien por la indolencia, opacidad y negligencia de aquellos.
No hay indicio alguno de que Marco Rubio se haya referido a este tema, tal vez debido a la prisa con la que llegó. Sin embargo, la solidaridad se sigue manifestando y canalizando a través de la fundación que premonitoriamente, unos días antes de la catástrofe, creo la primera dama, esposa de Abelardo.
Menciono de paso, en forma distraída y sin mala intención, que de los recursos que la fundación benemérita de la primera dama, Colombia, un solo corazón, no hay hasta el momento balance alguno, no se sabe con exactitud cuánto se ha recibido y que ha pasado con esos recursos. Tal vez sea por la prisa en recibirlos, clasificarlos y destinarlos a las víctimas, uno no puede ser tan mal pensado.
Además, porque en la patria milagro no hay lugar a la ironía, al sarcasmo ni a la crítica del gobierno, mucho menos a la sospecha. Vivimos en una democracia, pero de todos es sabido que hasta la democracia tiene sus límites, mucho más cuando está al servicio de un caudillo mesiánico que se cree irreprochable. Al igual que la treintena de bandidos que han caído bajo las balas purificadoras de la milicia de Abelardo, se ha presentado también una carnicería, en sentido figurado, de periodistas incómodos.
En efecto, ya con Vladdo, el famoso caricaturista, promotor del voto en blanco y critico acérrimo de los tres últimos gobiernos, Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, son tres los periodistas que han sido despedidos de medios hegemónicos por criticar o denunciar situaciones dadas en el incipiente gobierno del patriótico felino. Tampoco nos consta que Marco Rubio haya dicho esta boca es mía para referirse a la censura en contra de algunos periodistas, pero está claro que el hombre iba con prisa y, de seguro, con tantas cosas en la cabeza no debe quedarle mucho espacio para reflexionar acerca de la libertad de prensa.
Ya para finalizar, les quiero recordar que mañana, 11 de septiembre, se cumple un año más del terrible atentado contra las Torres gemelas que dejo 2977 personas fallecidas sólo en NYC y trajo consigo, como corolario sangriento, la destrucción de Irak y Afganistán, donde murieron casi un millón de ciudadanos tercermundistas, la mayoría, como siempre, civiles.
El terrorismo causa dolor y muchas víctimas, no logro doblegar el espíritu del coloso del norte, pero si despertó su ira y su sed de venganza y está claro que la venganza de los poderosos suele ser más dolorosa y costosa en todos los aspectos tales como la vida, la economía, la infraestructura, la estabilidad, para los países del tercer mundo que osan apelar a esos métodos repudiables.
Desde esta trinchera enviamos un saludo solidario a los familiares de los miles de víctimas de NY, pero también a los millones de damnificados de las terribles guerras vendetta que destruyeron Afganistán e Irak.
En este mundo convulso la muerte se enseñorea por todas partes. Pocas veces, por fortuna, vemos que ellas se den en escenarios de países desarrollados, por lo general son esos países los que se regodean mostrando su enorme poder a países emergentes, tal como ocurre hoy y como se ha visto que pasa en forma casi permanente en el medio oriente y, con la excusa de la guerra a las drogas, en nuestro hemisferio.
¿Será que algún día aprenderemos a vivir en paz?
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

