José Luis Bohórquez
Representante a la cámara
Eso de subirse a una tarima como una estrella del rock, sabiéndose respaldado por poderes económicos y geopolíticos colosales, rodeado de guardaespaldas y protegido por vidrios blindados para echarse discursos hábilmente elaborados por astutos lingüistas a fin de conmover, concitar y seducir a un auditorio que tiene la esperanza puesta en obtener algún beneficio paras sí y los suyos en un país donde brillan precisamente por su ausencia las oportunidades y los beneficios, esa vaina debe generar una especie de embriaguez, un entusiasmo y una euforia que, unidas a los dos o tres tragos que probablemente , para desinhibirse, el orador se toma antes de empezar a desgranar su retórica, hacen que se digan cosas más allá de lo que se tenía planeado decir y se hagan promesas que comprometen sin comprometer en el entendido de que “uno borracho habla mucha paja”.
Así las cosas, cuando un candidato a un cargo de elección popular promete austeridad, señala con indignación a su predecesor de botaratas e irresponsable, mal uso de los recursos públicos, corrupción, abuso de su autoridad y vaya uno a saber cuántas felonías más, muy seguramente está haciendo uso de exageraciones o hipérboles, metáforas o símiles, prosopopeyas o personificaciones (Equipararse con un animal poderoso, como, por ejemplo, un tigre) en forma no tan inocente, claramente deliberadas, pero que al calor de la prosa profusa y apocalíptica de una campaña política es, digamos, habitual (no por ello ético), permitírselo.
Pero claro, si uno parte de la premisa de que la ética nada tiene que ver ni con el derecho ni con la política, es muy posible que apelar a esos argumentos no le generen ni un temblor al emisor del mensaje.
Esa bendita costumbre de los politiqueros de considerar que hablan para una masa adocenada y estúpida y esa maña, aún peor, de las masas adocenadas y estúpidas de creerle a los politiqueros en campaña. ¡A dónde vamos a llegar!, diría poniendo los brazos en cruz, blanqueando los ojos y mirando hacia el cielo mi abuela Elisa.
En fin, si estamos para creer en los mensajes terribles de la nueva administración colombiana que se dedicó en campaña y continua hoy como en campaña despotricando a todo volumen del gobierno anterior, generando alarmas catastróficas que, a decir ya de varios reconocidos expertos incluso algunos bastante afines con el actual gobierno, son, por decir lo menos un tanto exageradas e incluso peligrosas, toda vez que afectan la confianza país en los volátiles mercados internacionales y sus efectos, en últimas, van a terminar perjudicando a quienes hoy detentan el poder, porque los que ya terminaron, se fueron, así el gobierno actual quiera mantenerlos vivos para culparlos de lo divino y de lo humano.
Esa monserga patibularia también termina por afectarnos a todos, al afectar la confianza país quiere decir que los préstamos de esta nación desde siempre empeñada al capital extranjero van a ser mucho más costosos, lo que incidirá en el servicio de dicha deuda, disminuirá la disponibilidad de recursos, limitará la financiación de los emprendimientos y tareas del presidente Abelardo y su equipo, podría generar un efecto devastador que podría de ponernos a todos de rodillas con una inflación que ya comenzó a crecer, empobrecimiento general de la sociedad, desempleo, inequidad, violencia y vaya Ud. a saber cuántas consecuencias funestas más.
Mi abuela Elisa, viejita sabía que de seguro está rezando en un rinconcito tranquilo del cielo, me miraría con esa sonrisa benevolente y cálida, y entre responsos y avemarías me diría “Mijo, es que la ropa sucia se lava en casa”. Y vaya si tendría razón. Nada tan serio como la economía, nada tan preciso y sensible frente al exceso verbal, al teatro innecesario, al histrionismo desmesurado. Los que se fueron se fueron y ahora son otros los que gobiernan, ellos, los que ahora timonean el país, mal harían en pegarse tiros en los pies. Desacreditar a los que se fueron puede servir inicialmente, pero el tiempo implacable exige respuestas, acciones, soluciones, datos más que relatos y la gente puede que sea crédula, pero no es tonta y rápidamente calibra la capacidad de quienes se encuentran al frente de la nación.
Por ejemplo, eso de echar sapos y culebras denostando de un presupuesto, decir que es exagerado, demasiado costoso, inflado innecesaria e inmoralmente, pedir que lo devuelvan para ajustarlo y pocos días después presentar uno aún más oneroso, generando recortes generales en áreas sociales, en la implementación de la paz, la cultura, el deporte, la ciencia y la salud, entre otras áreas, aumentando el gasto en contratación de la que tan mal se habló y pretender que la gente se crea el cuento de que no obstante que ahora, merced al aumento del total de dicho presupuesto, el déficit del mismo será aún mayor, pero que eso que antes era malo, ahora es bueno porque las cosas están en manos de gente muy preparada, los tales “nadies” que en el pasado han generado y enfrentado problemas por cuenta de sus, por decir lo menos, cuestionables decisiones, realmente es muy difícil de digerir.
Pero hay situaciones que definitivamente riñen con las promesas y las narrativas de austeridad del gobierno entrante y que, mínimamente requieren de una explicación coherente, razonable y precisa de quienes pusieron de moda el eslogan de la “extrema coherencia”, y de quien en su primer discurso, en un batallón en la ciudad de Cali, anuncio medidas para reducir el gasto del estado, promesa que no se compadece con los gastos denunciados por el representante a la cámara por el departamento de Boyacá José Luis Bohórquez, quien luego de insistir y terminar en tutelando al Ministerio de Defensa que se abstenía de responderle un derecho de petición en el que pedía se detallaran los gastos del presidente en desplazamientos en helicóptero, consiguió que éste le entregara una respuesta en la que detallan gastos entre el 7 y 24 de agosto por valor de 1117 millones de pesos.
En su respuesta el ministerio reveló al legislador que esos gastos se generaron en un número de 103 vuelos, de los cuales 34 con solo la tripulación del helicóptero y sin pasajeros, 64 son vuelos de menos de 10 minutos, de esos 64 has 36 que parten de las canchas del club Atlético Junior de Barranquilla y terminan en el aeropuerto de esa ciudad.
La respuesta del Ministerio se limita hasta el 24 de agosto, luego a la fecha, 9 de septiembre, todavía no se sabe cuántos vuelos y a qué costo se han realizado. Por supuesto, los defensores del presidente alegan que el señor del la Espriella es un tipo amenazado y, además, muy ocupado, situación que a sus ojos justifica este enorme gasto y que el mismo no de muestras de reducirse, sino que se siga incrementando a medida que el abogado avance en el ejercicio de su magistratura.
En fin, se nota que estamos en el gobierno de la extrema coherencia y de la austeridad a toda prueba. ¿Será que sufragaremos esos gastos excesivos del presidente con nuevos impuestos regresivos, venta de activos del estado y préstamos internacionales?
El parto de la patria milagro viene aparejado con enormes costos, salvar una patria tan grande como Colombia no es cualquier lagaña de mico, el milagro definitivamente será que la plata alcance y si no alcanza no nos preocupemos, siempre habrá la posibilidad de una reforma tributaria para “sincerar” los costos de un estado botaratas.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

