El asteroide Bennu, uno de los objetos cercanos a la Tierra más vigilados por la ciencia, volvió a generar preocupación por un escenario hipotético: si impactara contra nuestro planeta, podría liberar una enorme cantidad de energía y lanzar suficiente polvo a la atmósfera como para alterar el clima mundial durante años. Sin embargo, es importante aclarar que no existe una alerta de impacto inminente.
Con aproximadamente 500 metros de diámetro y una masa estimada en decenas de millones de toneladas, Bennu es un asteroide rico en carbono. Las investigaciones realizadas a partir de la misión OSIRIS-REx permitieron conocer mejor su composición y, al mismo tiempo, mejorar los cálculos sobre su trayectoria futura.
¿Puede Bennu chocar contra la Tierra?
Las estimaciones citadas en los estudios recientes sitúan la posibilidad de un impacto en 24 de septiembre de 2182, pero la probabilidad es de apenas 0,037%, equivalente aproximadamente a una posibilidad entre 2.700. Esto significa que más del 99,9% de los escenarios calculados no contemplan una colisión.
Por lo tanto, el titular sobre un posible desastre climático describe un escenario científico hipotético, no una predicción de que Bennu vaya a destruir la Tierra.
El verdadero peligro estaría en el polvo
Si un asteroide del tamaño de Bennu impactara contra el planeta, el problema no sería solamente la explosión inicial. Una investigación científica que simuló colisiones de asteroides de tamaño similar analizó la posibilidad de que enormes cantidades de polvo fueran expulsadas hacia la atmósfera.
Ese material podría bloquear parcialmente la luz solar y provocar un fenómeno conocido como “invierno de impacto”. Las simulaciones contemplaron escenarios con una caída de la temperatura media global de hasta 4 °C, una reducción de las precipitaciones de alrededor del 15% y alteraciones importantes en la capa de ozono y en la producción vegetal. Los efectos climáticos podrían prolongarse durante varios años.
¿Realmente equivale a 22 bombas atómicas?
La comparación de la energía potencial de Bennu con 22 bombas atómicas se utiliza para transmitir al público la enorme magnitud de un eventual impacto. No obstante, este tipo de comparación debe interpretarse con cuidado, porque el efecto real dependería de factores como la velocidad del asteroide, el ángulo de entrada, el lugar donde impactara y la composición del terreno.
Un impacto en el océano produciría consecuencias diferentes a uno sobre una región continental. Del mismo modo, la cantidad de polvo y material proyectado a la atmósfera determinaría en gran medida la intensidad de los efectos climáticos posteriores.
El Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais de Brasil recuerda que las consecuencias de un impacto dependen principalmente del tamaño, composición y velocidad del objeto, y que los cuerpos de gran tamaño pueden provocar graves alteraciones ambientales.
La ciencia ya estudia cómo defender la Tierra
La amenaza de los asteroides no es ignorada por las agencias espaciales. La NASA y otras instituciones mantienen sistemas permanentes de observación para identificar objetos cercanos a la Tierra y calcular sus órbitas.
Además, la humanidad ya realizó una prueba real de defensa planetaria. La misión DART logró modificar la órbita del pequeño asteroide Dimorphos mediante un impacto controlado, demostrando que, con suficiente tiempo de anticipación, es posible intentar alterar la trayectoria de un objeto espacial peligroso.
Bennu representa, al mismo tiempo, una amenaza potencial y una oportunidad científica extraordinaria. Por ahora, no hay motivo para alarmarse: la probabilidad de impacto continúa siendo extremadamente baja. Pero el estudio de este asteroide permite a los científicos prepararse para una pregunta que algún día podría dejar de ser teórica: ¿qué haría la humanidad si un gran objeto realmente estuviera en ruta de colisión con la Tierra?
Foto: NASA / OSIRIS-REx
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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