La temperatura media diaria de la superficie de los océanos alcanzó el 22 de agosto de 2026 los 21,1 °C, el valor más alto registrado por la serie moderna ERA5 del programa europeo Copernicus. El dato ha reavivado una pregunta inquietante: ¿podrían los mares actuales estar tan calientes como durante el último período interglacial, hace aproximadamente 125.000 años? La respuesta científica exige cautela, pero los especialistas coinciden en que el calentamiento observado representa una señal extraordinaria para el sistema climático mundial.
El nuevo récord superó por un estrecho margen los 21,09 °C registrados en marzo de 2024. Sin embargo, para los científicos no es solo importante la diferencia de centésimas de grado. La fecha en que se produjo el récord resulta especialmente significativa: agosto normalmente no coincide con el período anual de mayor temperatura media de la superficie oceánica. La marca fue registrada mientras un fuerte episodio de El Niño continúa añadiendo calor al sistema, sobre una tendencia de calentamiento de largo plazo asociada principalmente a la actividad humana.
¿Realmente hay que retroceder 125.000 años?
La comparación tiene una base científica, pero no significa que exista un termómetro que haya medido directamente la temperatura de los océanos durante los últimos 125.000 años. Los registros modernos de Copernicus utilizados para esta comparación comienzan en 1979. Para reconstruir el clima de épocas remotas, los investigadores recurren a indicadores naturales, conocidos como proxies, presentes en sedimentos marinos, fósiles microscópicos, núcleos de hielo y otros archivos naturales.
Algunos investigadores consideran probable que las temperaturas superficiales actuales sean las más altas de todo el Holoceno, el período iniciado hace unos 11.700 años. Para encontrar condiciones comparables, podría ser necesario remontarse hasta el último período interglacial, hace cerca de 125.000 años, cuando el planeta atravesó una de las etapas cálidas más importantes de su historia reciente. Sin embargo, la comparación exacta continúa teniendo incertidumbres, porque reconstruir la temperatura global de los océanos del pasado es mucho más complejo que medirla con satélites y sistemas modernos.
El océano ha sido el gran amortiguador del calentamiento global
Los océanos absorben la mayor parte del exceso de energía acumulada en el sistema climático. Durante décadas, este gigantesco reservorio de agua ha funcionado como un amortiguador del calentamiento atmosférico. Pero esa capacidad tiene consecuencias: el calor no desaparece, sino que se acumula en el océano y altera sus ecosistemas y su relación con la atmósfera.
La temperatura de la superficie es solo una parte de la historia. Estudios sobre el último período interglacial muestran que el contenido total de calor de los océanos y las temperaturas medias marinas pueden evolucionar de manera diferente a lo largo de miles de años. Por eso, los científicos diferencian cuidadosamente entre un récord diario de temperatura superficial y una comparación directa con el calor acumulado en todo el océano durante épocas geológicas anteriores.
El Niño acelera un problema que ya venía creciendo
El actual calentamiento no tiene una única explicación. El Niño está actuando como un factor adicional, elevando las temperaturas de grandes regiones del Pacífico tropical. Pero este fenómeno natural se desarrolla sobre una tendencia global de calentamiento que ya había llevado a los océanos a niveles excepcionalmente altos.
Los datos de la NOAA indican que julio de 2026 fue el mes de julio con la temperatura oceánica global más alta registrada, con una anomalía de 1,02 °C por encima del promedio de referencia. Grandes zonas del Pacífico tropical, el Atlántico y otros océanos presentaron temperaturas excepcionalmente elevadas.
Esta combinación preocupa especialmente a los científicos. Un océano que ya se encuentra calentado durante décadas puede recibir un impulso adicional de un evento fuerte de El Niño, creando condiciones capaces de producir récords en momentos inesperados del año.
Más calor en el mar significa más riesgos para el planeta
El aumento de la temperatura oceánica tiene consecuencias que llegan mucho más allá de las playas y las zonas costeras. Las aguas más cálidas pueden contribuir a olas de calor marinas más frecuentes e intensas, afectar la distribución de peces y otras especies, provocar daños en arrecifes y alterar cadenas alimentarias completas.
También existe una relación directa con la atmósfera. Los océanos aportan energía y humedad a los sistemas meteorológicos, por lo que temperaturas elevadas pueden favorecer fenómenos extremos en determinadas condiciones. Tormentas intensas, lluvias extraordinarias y otros eventos climáticos pueden verse afectados por la enorme cantidad de energía disponible en las aguas superficiales.
Otro problema es la elevación del nivel del mar. Cuando el agua se calienta, se expande, un fenómeno conocido como expansión térmica. Sumado al derretimiento de glaciares y capas de hielo, este proceso representa una amenaza creciente para ciudades y comunidades costeras de todo el mundo.
Un récord que debe ser entendido con precisión
Los 21,1 °C registrados el 22 de agosto constituyen el mayor valor diario de la serie moderna utilizada por Copernicus, pero afirmar de manera categórica que fue el día con los océanos más calientes de los últimos 125.000 años iría más allá de lo que permiten demostrar directamente los instrumentos actuales.
Lo que sí parece cada vez más evidente es que el planeta está entrando en un territorio climático desconocido para la civilización humana moderna. Las reconstrucciones paleoclimáticas muestran que el último período interglacial fue una época particularmente cálida, mientras que los registros actuales revelan una aceleración del calentamiento en un período extraordinariamente corto desde el punto de vista geológico.
La comparación con hace 125.000 años no es simplemente una frase impactante. Es una advertencia sobre la magnitud de los cambios que podrían estar ocurriendo en el sistema climático. Los científicos todavía analizan cómo establecer comparaciones exactas entre el presente y el pasado remoto, pero el récord actual ya deja una certeza: los océanos, fundamentales para regular el clima y sostener la vida en el planeta, están atravesando una etapa de calentamiento sin precedentes en la era de las mediciones modernas.
Foto: Copernicus Climate Change Service / ECMWF
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