Un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) confirmó la existencia de un sorprendente sistema planetario situado a unos 337 años luz de la Tierra. El sistema, denominado TOI-1752, alberga dos mundos radicalmente diferentes: uno extremadamente caliente, compatible con un planeta cubierto de lava, y otro ubicado en una región donde, bajo determinadas condiciones, podría existir agua líquida.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque ambos planetas orbitan la misma estrella enana roja, un astro más pequeño y frío que nuestro Sol. Sin embargo, la distancia que separa a cada planeta de su estrella parece haber determinado destinos completamente distintos: mientras uno soporta temperaturas extremas, el otro se encuentra mucho más lejos, dentro de la denominada zona habitable optimista.
TOI-1752 b: un mundo donde un año dura menos de un día
El planeta interior, conocido como TOI-1752 b, se encuentra extremadamente cerca de su estrella. Completa una vuelta a su alrededor en menos de un día terrestre, una velocidad orbital que lo expone a una enorme cantidad de radiación.
Los investigadores consideran que sus condiciones son compatibles con un mundo de lava, donde las temperaturas podrían ser suficientemente elevadas como para mantener parte de la superficie rocosa en estado fundido. Es un escenario radicalmente diferente al de cualquier planeta del Sistema Solar y convierte a este mundo en un laboratorio natural para estudiar cómo sobreviven —o evolucionan— los planetas sometidos a condiciones extremas.
TOI-1752 c: el planeta que despierta las mayores expectativas
El segundo planeta, TOI-1752 c, tiene un tamaño intermedio entre la Tierra y Neptuno y se encuentra en una zona mucho más favorable en términos astronómicos.
Los científicos lo ubican dentro de la zona habitable optimista, una región alrededor de una estrella donde podrían darse condiciones compatibles con la presencia de agua líquida. Sin embargo, los propios investigadores subrayan una cuestión fundamental: estar dentro de esta zona no significa automáticamente que el planeta sea habitable ni que exista vida allí.
Para conocer realmente las condiciones de TOI-1752 c será necesario determinar si posee atmósfera, cuál es su composición y cómo interactúa con la radiación de su estrella. Estas investigaciones podrían transformar al planeta en un objetivo importante para futuras observaciones de atmósferas extraterrestres.
Detectado por la NASA y confirmado desde la Tierra
El sistema fue identificado inicialmente por TESS, la misión de la NASA dedicada a la búsqueda de planetas fuera del Sistema Solar. Este satélite detecta pequeñas disminuciones en el brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella desde nuestra perspectiva.
Pero detectar una señal no basta para confirmar un planeta. Los científicos tuvieron que descartar otras posibilidades, como estrellas binarias eclipsantes o enanas marrones. Para ello combinaron observaciones realizadas desde el espacio con datos obtenidos mediante telescopios terrestres.
La investigación contó con la participación del Instituto de Astrofísica de Canarias, que realizó observaciones con el instrumento MuSCAT2 desde el Observatorio del Teide, y con la colaboración del grupo de exoplanetas de la Universidad de Tokio, que aportó observaciones desde Hawái. El análisis conjunto permitió confirmar definitivamente que los dos objetos son planetas.
Dos destinos completamente diferentes bajo la misma estrella
El descubrimiento de TOI-1752 muestra hasta qué punto la ubicación de un planeta puede cambiar completamente su historia. Dos mundos nacidos dentro del mismo sistema pueden terminar con condiciones radicalmente opuestas: uno convertido posiblemente en un océano de roca fundida y otro convertido en un candidato para investigar la posible existencia de agua líquida.
El sistema podría convertirse en los próximos años en un importante objetivo para la investigación astronómica. El gran interrogante será descubrir si TOI-1752 c conserva una atmósfera y si sus condiciones reales pueden acercarlo a la posibilidad de ser un mundo apto para el agua líquida.
A 337 años luz de la Tierra, dos planetas giran alrededor de la misma pequeña estrella, pero parecen vivir en universos completamente diferentes: uno bajo un calor capaz de transformar la roca en lava y otro en una región donde la ciencia aún mantiene abierta una de las preguntas más fascinantes de la humanidad: ¿podría existir allí un ambiente favorable para la vida?
Foto: Alberto Peláez Torres / IAA-CSIC
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