Dos meses después del devastador doble terremoto que golpeó a Venezuela el 24 de junio, la reconstrucción de La Guaira enfrenta una nueva y delicada advertencia: expertos cuestionan que grandes cantidades de escombros estén siendo retiradas y eliminadas antes de realizar estudios técnicos que permitan determinar por qué colapsaron tantas estructuras. El debate ya no se limita a limpiar las zonas destruidas, sino a decidir si el país está aprovechando —o perdiendo— una oportunidad fundamental para aprender de la tragedia y construir de forma más segura.
La advertencia fue planteada por Carlos Genatios, exministro venezolano de Ciencia y Tecnología, ingeniero y especialista vinculado a la reducción del riesgo de desastres. Genatios, quien también participó en la coordinación de la reconstrucción de La Guaira tras el devastador deslave del año 1999, sostiene que una parte importante de los restos de edificios dañados o destruidos ya fue eliminada sin que se realizaran suficientes investigaciones forenses ni se preservaran muestras para estudios posteriores.
¿Por qué son tan importantes los escombros?
Para los ingenieros, los restos de un edificio colapsado son mucho más que toneladas de concreto y hierro. Cada estructura destruida puede contener información decisiva sobre las causas del fallo: la calidad de los materiales, el diseño estructural, las condiciones del suelo, las técnicas de construcción, el mantenimiento realizado durante décadas y la manera en que el edificio respondió al movimiento sísmico.
Según Genatios, retirar estos materiales sin documentarlos adecuadamente podría impedir conocer con precisión qué ocurrió en cada caso. La preocupación es que Venezuela pueda comenzar una reconstrucción masiva sin haber determinado completamente las razones por las cuales determinadas edificaciones resistieron y otras colapsaron.
Esta información es fundamental para revisar normas de construcción, mejorar los controles de calidad y decidir qué tipo de edificaciones pueden levantarse en las zonas afectadas. La reconstrucción, advierten los especialistas, no debería limitarse a reemplazar rápidamente los edificios perdidos, sino incorporar las lecciones obtenidas después del desastre.
Más de medio millón de toneladas ya fueron retiradas
Las dimensiones de la tarea son enormes. De acuerdo con información difundida por autoridades venezolanas, más de 500.000 toneladas de escombros habían sido trasladadas durante las primeras semanas de las operaciones, mientras unas 40.000 toneladas fueron trituradas. El cálculo oficial estima que los terremotos generaron alrededor de 2,1 millones de toneladas de residuos.
La remoción es necesaria para abrir caminos, permitir el acceso de los equipos de emergencia y avanzar en la recuperación de las comunidades. Sin embargo, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la urgencia de limpiar las áreas devastadas y la necesidad de preservar evidencia técnica suficiente antes de destruirla o trasladarla definitivamente.
También existen preocupaciones ambientales. Organizaciones de la sociedad civil han pedido que los escombros sean manejados cuidadosamente y que no sean depositados en zonas costeras, debido al posible impacto sobre los ecosistemas marinos.
La tragedia sigue dejando víctimas y desaparecidos
La discusión sobre la reconstrucción ocurre mientras la emergencia humana continúa. El balance oficial más reciente citado por medios internacionales elevó a 6.509 el número de fallecidos por el doble terremoto. Dos meses después del desastre, todavía existían familias que buscaban a sus seres queridos entre las ruinas en las zonas más afectadas.
Los daños también han tenido un profundo impacto sobre viviendas, escuelas, comercios y servicios públicos. Informes previos indicaron que decenas de miles de personas requirieron atención y que miles de viviendas fueron evaluadas por presentar diferentes niveles de riesgo.
La Guaira, además, enfrenta una recuperación económica particularmente difícil. La actividad turística, una de las principales fuentes de ingresos de la región, sufrió un fuerte impacto y numerosos comercios permanecen cerrados o funcionan de manera limitada entre las consecuencias materiales del desastre.
La falta de transparencia preocupa a expertos
Otro punto central de las críticas es la escasez de información pública sobre los estudios estructurales y geotécnicos realizados después de los sismos.
Genatios sostiene que los proyectos y análisis técnicos deberían ser accesibles para investigadores, universidades, ingenieros y organismos especializados. Su argumento es que la información obtenida después de una tragedia de esta magnitud no solo sirve para reconstruir La Guaira, sino también para mejorar la prevención ante futuros terremotos en todo el país.
El debate también ha puesto nuevamente sobre la mesa las dificultades de Venezuela en materia de capacidad técnica y monitoreo sísmico. Especialistas han advertido anteriormente sobre la necesidad de fortalecer las redes de observación, recuperar recursos científicos y garantizar que existan profesionales y organismos capaces de estudiar adecuadamente los riesgos naturales.
Reconstruir no es solamente volver a construir
La gran lección que plantean los expertos es clara: una reconstrucción rápida no siempre es sinónimo de una reconstrucción segura.
Antes de levantar nuevos edificios, resulta necesario determinar qué ocurrió con los anteriores, qué errores pudieron existir y qué condiciones aumentaron la vulnerabilidad de determinadas comunidades. Países que han enfrentado grandes terremotos han utilizado las investigaciones posteriores a los colapsos para modificar normas de construcción y mejorar los sistemas de prevención.
En el caso de La Guaira, el desafío es todavía más sensible porque la región ya había vivido una de las peores tragedias naturales de la historia venezolana contemporánea con el deslave de 1999. Veintisiete años después, la población vuelve a enfrentar una destrucción masiva y la difícil tarea de recuperar hogares, empleos e infraestructura.
La pregunta ahora es qué tipo de reconstrucción surgirá de los escombros. Para los especialistas que reclaman mayor investigación y transparencia, no se trata de detener la recuperación, sino de evitar que la urgencia borre las evidencias necesarias para comprender la tragedia. Cada edificio destruido puede contener una lección capaz de salvar vidas en el futuro. Perder esa información, advierten, podría significar reconstruir una ciudad sin haber respondido todavía una de las preguntas más importantes: por qué cayó.
Foto: EFE / Ronald Peña R
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