Un equipo científico logró observar con una claridad inédita cómo una zona de subducción se está fragmentando lentamente bajo el océano Pacífico, frente a las costas del noroeste de Estados Unidos y el suroeste de Canadá. El hallazgo, publicado en Science Advances, aporta nuevas claves para comprender cómo “mueren” las zonas donde una placa tectónica se hunde bajo otra y qué consecuencias podría tener este proceso para los futuros terremotos y tsunamis de la región.
La investigación se concentra en la zona de subducción de Cascadia, una de las regiones tectónicas más vigiladas del planeta. Allí, las placas Juan de Fuca y del Explorador se desplazan lentamente bajo la placa Norteamericana. Durante décadas, los científicos conocían la enorme capacidad sísmica de Cascadia, pero ahora han encontrado algo todavía más llamativo: el sistema no parece mantenerse intacto, sino que está atravesando un proceso de fragmentación progresiva.
La Tierra no se rompe de una sola vez
La nueva investigación indica que una zona de subducción no desaparece necesariamente mediante un único colapso geológico. El proceso puede desarrollarse lentamente, durante millones de años, mientras grandes sectores de la placa se desgarran y se separan en fragmentos cada vez más pequeños.
Los investigadores describen este fenómeno como una terminación progresiva o episódica. Las denominadas fallas de transformación, donde las placas se deslizan lateralmente, pueden actuar como auténticas tijeras geológicas, cortando sectores de la placa y favoreciendo la formación de microplacas. Mientras una parte se desprende, otras secciones continúan hundiéndose bajo el continente.
Esta observación ayuda a resolver una antigua pregunta de la geología: ¿cómo termina una zona de subducción después de haber funcionado durante millones de años?
La respuesta que comienza a surgir es que no siempre muere de forma repentina. Puede, literalmente, desintegrarse pedazo a pedazo.
Una expedición permitió mirar bajo el fondo del océano
Para obtener esta imagen del interior de la Tierra, los científicos utilizaron datos reunidos durante el Experimento Sísmico de Cascadia 2021, conocido como CASIE21.
Desde un barco, el equipo emitió ondas acústicas hacia el fondo marino y registró los ecos mediante un sistema de aproximadamente 15 kilómetros equipado con instrumentos de escucha submarina. El método funciona de manera comparable a una ecografía, pero aplicado a las enormes estructuras geológicas situadas bajo el océano.
Las imágenes revelaron profundas fracturas que atraviesan la placa oceánica. En una de las estructuras más importantes observadas, un bloque geológico habría descendido aproximadamente cinco kilómetros, mientras continúa separado progresivamente del resto de la placa.
A lo largo de una fractura de unos 75 kilómetros, los científicos detectaron además una situación desigual: algunas secciones todavía presentan actividad sísmica, mientras otras permanecen en silencio. Ese silencio puede ser una pista importante, ya que cuando un fragmento termina de separarse completamente, deja de transmitir tensiones de la misma manera que una placa todavía conectada.
¿Aumenta esto el riesgo de un gran terremoto?
Aquí los científicos piden prudencia.
El descubrimiento no significa que un gran terremoto sea inminente ni cambia de manera inmediata el nivel de peligro para la población. La fragmentación observada ocurre en escalas de millones de años, muy diferentes al tiempo de una vida humana.
Sin embargo, el hallazgo sí puede mejorar la comprensión de una pregunta crucial: cómo se propagan las rupturas durante un gran terremoto.
Los investigadores estudian ahora si las nuevas fracturas detectadas podrían detener, modificar o facilitar la propagación de una ruptura sísmica a través de la zona de Cascadia. Comprender esos mecanismos permitirá construir modelos más precisos sobre los escenarios de riesgo.
La región continúa siendo capaz de generar terremotos extremadamente intensos y tsunamis. Cascadia forma parte del complejo sistema tectónico del Pacífico, donde la interacción entre placas produce algunos de los fenómenos geológicos más poderosos del planeta.
Un descubrimiento que ayuda a explicar el pasado
La investigación también podría resolver un antiguo misterio geológico observado frente a Baja California, en México. Allí existen pequeñas microplacas consideradas restos de la antigua placa Farallón.
Los geólogos sabían que esos fragmentos eran evidencias de antiguos sistemas de subducción, pero no conocían con certeza el mecanismo que había provocado su separación.
Cascadia podría estar mostrando ese proceso en tiempo geológico real. La placa se rompe, un fragmento se desprende, se forma una microplaca y el sistema continúa funcionando en otras zonas hasta que nuevas rupturas vuelven a producirse.
Las fracturas también pueden cambiar el paisaje volcánico
La fragmentación de una placa no tiene consecuencias únicamente bajo tierra.
Cuando sectores de una placa se desprenden, pueden formarse espacios conocidos como ventanas de losa, a través de los cuales materiales calientes del manto pueden ascender. Estos procesos pueden favorecer cambios en la actividad volcánica y modificar lentamente la estructura de los límites tectónicos.
Así, un fenómeno que comienza con una fractura a kilómetros de profundidad puede terminar transformando, durante millones de años, la geografía de una región entera.
¿Qué significa para América Latina?
Aunque el estudio se concentra en el noroeste de Estados Unidos y Canadá, sus conclusiones son relevantes para todos los países situados en el entorno tectónico del Pacífico, incluyendo varias naciones de América Latina.
Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Centroamérica y México forman parte de regiones donde la interacción entre placas desempeña un papel decisivo en la actividad sísmica y volcánica. El llamado Cinturón de Fuego del Pacífico concentra una enorme parte de la actividad sísmica mundial debido precisamente a la presencia de zonas de subducción y otros límites tectónicos.
Sin embargo, los expertos subrayan que los terremotos ocurridos en países diferentes no deben interpretarse automáticamente como señales de un fenómeno único que se propaga por todo el continente. Cada región tiene su propia dinámica tectónica, aunque todas formen parte de un sistema geológico global en permanente movimiento.
El descubrimiento de Cascadia no anuncia el fin inmediato de una placa ni la llegada de un terremoto inminente. Su verdadero impacto está en otra dimensión: por primera vez, los científicos pueden observar con gran detalle cómo una gigantesca estructura tectónica comienza a desintegrarse.
La Tierra, que desde la superficie parece sólida e inmóvil, continúa cambiando bajo nuestros pies. Y ahora la ciencia ha conseguido capturar una de sus transformaciones más lentas y espectaculares: el momento en que una zona de subducción comienza a romperse, fragmento tras fragmento, mientras redefine el futuro geológico del océano Pacífico.
Foto: Science / CASIE21
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