Las autoridades de Nepal elevaron a 289 el número de muertos tras la gigantesca riada que arrasó varias localidades en la frontera con el Tíbet. Sin embargo, la tragedia continúa en evolución: cientos de personas siguen desaparecidas y las operaciones de rescate mantienen una carrera contrarreloj para localizar supervivientes entre el barro, las rocas y los restos de poblaciones enteras destruidas por la fuerza del agua.
El desastre se produjo cuando una violenta crecida afectó la cuenca del río Bhote Koshi, en una región montañosa de enorme complejidad geográfica. Las primeras investigaciones apuntan a un gran colapso de hielo, roca y sedimentos en las montañas del Himalaya, que desencadenó una devastadora avalancha y una crecida súbita. El fenómeno arrastró viviendas, carreteras, puentes, vehículos y otras infraestructuras a lo largo de varios kilómetros, dejando zonas completamente cubiertas por lodo.
445 personas rescatadas con vida
En medio de la destrucción, las autoridades informaron un dato que ofrece una esperanza dentro de la tragedia: al menos 445 personas han sido rescatadas con vida, entre ellas 27 ciudadanos extranjeros. Las operaciones incluyen evacuaciones por tierra y helicóptero, ya que numerosas carreteras quedaron destruidas o permanecen bloqueadas por deslizamientos.
El Ejército y las fuerzas de seguridad lograron además rescatar a grupos que permanecían atrapados o incomunicados en las zonas afectadas. Parte de los supervivientes ha debido ser trasladada a Katmandú para recibir atención y reunirse con sus familiares, mientras continúan las tareas para localizar a otras personas aisladas en áreas de difícil acceso.
Los rescates se desarrollan bajo condiciones extremadamente complejas. En muchos sectores, el agua desapareció dejando enormes extensiones cubiertas por barro y escombros. Los equipos deben revisar zonas donde antes existían viviendas y caminos, mientras las autoridades advierten que algunos cuerpos han sido encontrados a gran distancia del punto donde comenzó la riada, arrastrados río abajo por la extraordinaria fuerza de la corriente.
Cientos de turistas siguen sin ser localizados
Uno de los aspectos más dramáticos de la emergencia es la situación de los visitantes que se encontraban en la región. La Junta de Turismo de Nepal informó que 644 turistas registrados en la zona del desastre continuaban desaparecidos en el último balance disponible.
De ese grupo, 127 son ciudadanos nepaleses y 517 extranjeros. Entre las nacionalidades con mayor número de desaparecidos figuran ciudadanos de India, Estados Unidos, Ucrania, Malasia y Australia, aunque la cifra puede modificarse a medida que avanzan las verificaciones y algunos grupos son localizados.
La zona afectada es frecuentada por viajeros, montañistas y peregrinos que recorren las rutas cercanas al monte Kailash, uno de los lugares sagrados más importantes para millones de personas. Esto explica la presencia de visitantes de numerosos países y la dimensión internacional que adquirió la búsqueda de los desaparecidos.
La tragedia también golpea al Tíbet
La emergencia no se limita a Nepal. En el condado tibetano de Gyirong, las autoridades chinas reportaron inicialmente muertos y centenares de personas con las que se perdió el contacto. China y Nepal mantienen operaciones paralelas de búsqueda en una región donde la frontera está marcada por montañas, valles profundos y ríos de gran caudal.
El balance de desaparecidos cambia constantemente y las cifras difundidas por diferentes organismos no siempre coinciden, debido a que muchas personas se encontraban en movimiento, viajaban en grupos o todavía no han podido comunicarse con las autoridades. Por ese motivo, los equipos de emergencia trabajan también con listas de hoteles, agencias de viaje, puestos fronterizos y familiares que denuncian la desaparición de personas.
Hospitales y familias buscan respuestas
La tragedia también se vive lejos de la zona del desastre. En Katmandú, hospitales y centros de información reciben a familiares desesperados que buscan noticias sobre personas desaparecidas. Las autoridades han organizado registros de supervivientes y fallecidos para intentar identificar a las víctimas y facilitar el contacto con sus familias.
El proceso de identificación es particularmente difícil debido a la violencia de la riada. Muchas víctimas fueron arrastradas grandes distancias y otras podrían permanecer sepultadas bajo toneladas de lodo y escombros. Por ello, las autoridades temen que el número final de muertos continúe aumentando durante los próximos días.
El peligro de una nueva crecida
A la tragedia humana se suma ahora una nueva preocupación: la posibilidad de otra inundación repentina. Los enormes desprendimientos de tierra y rocas pueden bloquear temporalmente los ríos y formar acumulaciones de agua detrás de barreras naturales inestables.
Si una de estas barreras colapsa, el agua acumulada podría descender nuevamente con enorme violencia hacia las zonas situadas río abajo. Las autoridades y los equipos científicos mantienen bajo vigilancia los cursos de agua y las áreas donde se han producido grandes acumulaciones de sedimentos.
Una catástrofe que sigue creciendo
La cifra de 289 muertos representa un balance confirmado en Nepal en un momento determinado de las operaciones, pero la situación continúa cambiando. Las búsquedas siguen activas y el número de desaparecidos sigue siendo extremadamente elevado. Por eso, la magnitud final de esta tragedia todavía no puede determinarse con certeza.
Lo que ya está claro es que el desastre del Himalaya se ha convertido en una de las peores emergencias recientes de la región. Cientos de personas han logrado sobrevivir gracias a las evacuaciones y rescates, pero miles de familias continúan esperando información. Helicópteros, soldados, policías, equipos médicos y rescatistas trabajan en una geografía extrema, donde cada hora puede ser decisiva para encontrar a alguien con vida.
La historia de esta riada todavía se está escribiendo. Mientras Nepal y China continúan buscando a los desaparecidos, la prioridad inmediata es doble: encontrar supervivientes y evitar que una nueva crecida convierta una tragedia ya histórica en una catástrofe aún mayor.
Foto: Prakash Mathema / AFP
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