Uruguay volvió a colocar la estabilidad democrática, la convivencia política y la búsqueda de acuerdos en el centro de su identidad nacional durante la conmemoración del 201.º aniversario de la Declaratoria de la Independencia. La ministra de Transporte y Obras Públicas, Lucía Etcheverry, fue la encargada de pronunciar la oratoria oficial en el acto realizado este martes en la Piedra Alta, en Florida, con la presencia del presidente Yamandú Orsi. En su discurso, la ministra sostuvo que el país tiene la responsabilidad de mantener una relación coherente entre los principios que recuerda de su historia y las decisiones que adopta en el presente, al tiempo que planteó como desafío avanzar hacia una sociedad capaz de reducir la desigualdad, ampliar derechos y mejorar el bienestar de su población.
La ceremonia tuvo como uno de sus principales ejes la defensa de aquellos elementos que Uruguay ha construido durante generaciones y que hoy forman parte de su reconocimiento internacional. Etcheverry destacó la estabilidad institucional, la seguridad jurídica, la convivencia entre diferentes partidos políticos y la capacidad de alcanzar acuerdos que puedan trascender los períodos de cada gobierno. Para la ministra, estas características no pertenecen a una determinada fuerza política, sino que constituyen una construcción colectiva de la sociedad uruguaya y de las distintas generaciones que han contribuido a consolidarla.
La reflexión adquiere especial significado en un escenario internacional que la propia ministra describió como violento, incierto y cambiante. Las transformaciones geopolíticas, las tensiones económicas y las nuevas disputas internacionales generan presiones que también alcanzan a los países de América del Sur. En ese contexto, Etcheverry señaló que la región enfrenta relaciones económicas asimétricas y presiones políticas que obligan a los Estados a fortalecer sus capacidades internas y, al mismo tiempo, a preservar los mecanismos de diálogo y cooperación.
Para Uruguay, la estabilidad institucional constituye uno de sus principales activos frente a un mundo caracterizado por la incertidumbre. La continuidad de las instituciones, el respeto por las reglas y la posibilidad de que gobiernos de diferentes orientaciones políticas puedan convivir dentro de un sistema democrático son factores que también tienen consecuencias económicas. La seguridad jurídica proporciona previsibilidad a ciudadanos, empresas e inversores y permite que determinadas políticas públicas puedan mantenerse más allá de los cambios electorales.
Pero la ministra planteó que la estabilidad por sí sola no puede convertirse en un punto de llegada. El desafío consiste en utilizar esa fortaleza institucional para enfrentar problemas que continúan afectando a la sociedad. Entre ellos aparece la desigualdad y la necesidad de ampliar derechos y mejorar las condiciones de vida. La construcción de una sociedad más justa, según el planteamiento realizado durante el acto, debe formar parte de la responsabilidad de las instituciones y de las decisiones que se toman en el presente.
En ese sentido, el discurso introdujo una reflexión sobre la relación entre memoria histórica y acción política. Recordar los principios que dieron origen a la nación implica también preguntarse cómo esos valores se traducen en las decisiones contemporáneas. La frase de Etcheverry sobre la obligación de buscar coherencia entre los principios que se recuerdan y las decisiones que se toman hoy apunta precisamente a esa responsabilidad: una conmemoración nacional no debería limitarse a mirar hacia el pasado, sino servir también para discutir qué país se quiere construir hacia el futuro.
La presencia del presidente Yamandú Orsi en la ceremonia reforzó el carácter institucional del acto, realizado en un lugar de enorme importancia histórica para Uruguay. La Piedra Alta, en Florida, está vinculada directamente con la Declaratoria de la Independencia de 1825 y constituye uno de los espacios simbólicos centrales de la memoria nacional. Allí, dos siglos después de aquel proceso histórico, el mensaje oficial volvió a colocar la convivencia y la capacidad de construir acuerdos como elementos esenciales de la identidad uruguaya.
El planteamiento también tiene una dimensión regional. En una América del Sur marcada por diferentes ritmos políticos, económicos y sociales, Uruguay intenta preservar una imagen de estabilidad y previsibilidad que puede convertirse en una ventaja para su inserción internacional. La capacidad de mantener instituciones sólidas y acuerdos que sobrevivan a los cambios de gobierno puede facilitar las relaciones comerciales, la cooperación regional y la atracción de inversiones. Al mismo tiempo, la referencia realizada por Etcheverry a las relaciones económicas asimétricas muestra que esa estabilidad debe complementarse con una estrategia que permita defender los intereses nacionales frente a un escenario internacional cada vez más competitivo.
La cuestión adquiere particular relevancia para el Mercosur, donde Uruguay ha defendido históricamente la necesidad de ampliar las oportunidades comerciales y fortalecer la inserción internacional del bloque. Un país institucionalmente estable puede contribuir a generar confianza dentro de los procesos de integración, pero también necesita que esa integración produzca resultados concretos para su población. El desafío consiste en combinar estabilidad, apertura económica, desarrollo productivo y políticas capaces de reducir las desigualdades.
El discurso de Lucía Etcheverry dejó, de esta manera, una definición que trasciende la celebración de un aniversario histórico: Uruguay debe preservar aquello que ha construido —su democracia, sus instituciones, su seguridad jurídica y su capacidad de diálogo—, pero al mismo tiempo debe utilizar esas fortalezas para enfrentar los desafíos sociales del presente. En un mundo que la propia ministra describió como incierto, violento y cambiante, la estabilidad institucional puede ser una herramienta de enorme valor, siempre que esté acompañada por políticas capaces de ampliar derechos, elevar el bienestar y reducir las desigualdades. La independencia, dos siglos después, aparece así no solamente como un acontecimiento del pasado, sino como una responsabilidad permanente: construir un país que pueda defender sus principios, negociar en mejores condiciones con el mundo y garantizar que el progreso alcance al conjunto de la sociedad.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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