Uruguay volvió a superar una barrera clave para su economía agroexportadora: las ventas externas de carnes alcanzaron US$ 2.006,6 millones entre el 1 de enero y el 15 de agosto de 2026. El resultado representa un crecimiento de 3,4% frente al mismo período del año anterior y confirma la fortaleza de la cadena cárnica uruguaya, aunque detrás de la cifra aparece un dato que merece especial atención: el país exportó menos toneladas, pero obtuvo un precio promedio considerablemente mayor. En total se embarcaron 382.372 toneladas de carne, un 10% menos que en igual período de 2025, mientras el valor medio alcanzó US$ 5.248 por tonelada, un incremento de 15%.
El comportamiento demuestra que Uruguay está consiguiendo aumentar sus ingresos cárnicos principalmente por la mejora de los precios internacionales, y no por un incremento de la cantidad comercializada. Para un país cuya producción ganadera tiene un peso estratégico en las exportaciones, la diferencia es importante: mientras una mayor cantidad vendida reflejaría una expansión física de la producción y de la capacidad exportadora, un mayor precio permite obtener más divisas aun con menores volúmenes. El desafío será determinar cuánto tiempo puede sostenerse esa combinación favorable de precios.
La carne bovina continúa siendo el principal componente de la ecuación. Las exportaciones de carne vacuna representaron el 84,2% de los ingresos generados por todas las carnes entre enero y mediados de agosto. En ese período ingresaron US$ 1.691,2 millones, un aumento de 4,2% respecto del mismo tramo de 2025. Sin embargo, el volumen embarcado cayó 12%, hasta 212.659 toneladas, mientras que el ingreso promedio por tonelada aumentó 18,5%, hasta US$ 7.952.
Estos números muestran una característica cada vez más importante de la producción uruguaya: la calidad y el valor de la carne permiten defender los ingresos aun cuando las cantidades exportadas disminuyen. La estrategia de posicionamiento internacional, la trazabilidad y la reputación sanitaria del país contribuyen a que Uruguay pueda acceder a mercados dispuestos a pagar valores elevados por determinados cortes y categorías.
El principal mercado para las carnes uruguayas, considerando todas las especies, continúa siendo Estados Unidos, Canadá y México, que juntos representaron el 33% de los ingresos, equivalentes a US$ 659,6 millones, con un crecimiento de 2%. China se ubicó muy cerca, con una participación del 30% y US$ 610,6 millones, registrando un aumento de 8,6%.
La presencia de China es particularmente relevante porque el gigante asiático continúa siendo uno de los principales destinos de la producción cárnica uruguaya. Durante el período analizado, las ventas de carne vacuna hacia China alcanzaron US$ 487 millones, un incremento de 15,4%, aunque el volumen enviado cayó 9,1%, hasta 104.906 toneladas. Esto significa nuevamente que el crecimiento de los ingresos estuvo acompañado por una mejora del valor obtenido por cada tonelada comercializada.
La Unión Europea presentó, en cambio, un comportamiento menos favorable. El bloque europeo representó el 17% de los ingresos por todas las carnes, con US$ 345,6 millones, pero registró una caída de 8%. En el caso específico de la carne vacuna, los ingresos hacia la Unión Europea llegaron a US$ 298 millones, 11,9% menos que un año antes, mientras el volumen cayó 32,8%, hasta 29.902 toneladas.
Israel fue uno de los mercados que mostró mayor dinamismo. Las exportaciones de todas las carnes hacia ese destino aumentaron 33,5%, hasta US$ 92,7 millones, mientras que en carne vacuna el crecimiento de los ingresos alcanzó 45,9%, llegando a US$ 85,7 millones. Además, el volumen de carne bovina enviado a Israel creció 11,3%, hasta 11.996 toneladas.
El Mercosur, por su parte, tiene una participación mucho menor como destino de las carnes uruguayas. El bloque representó apenas el 3% de los ingresos totales por exportaciones cárnicas, unos US$ 64,5 millones, y registró una disminución de 2,1%. En carne vacuna, la participación fue todavía menor: 2%, equivalente a US$ 40,8 millones, con una caída de 11,1% en los ingresos y de 17,5% en el volumen.
Este dato resulta significativo para la integración regional. Uruguay tiene en el Mercosur a sus principales vecinos y socios comerciales, pero su industria cárnica está fuertemente orientada hacia mercados extrarregionales. La fortaleza exportadora del sector depende, por lo tanto, de mantener abiertas las puertas de Asia, América del Norte, Europa y Medio Oriente, además de aprovechar las oportunidades que puedan surgir dentro del bloque.
El resultado de 2026 también debe observarse a la luz del récord alcanzado durante 2025. El año pasado Uruguay obtuvo US$ 3.296,3 millones por exportaciones de todas las carnes, un aumento de 21,7% respecto de 2024. Se embarcaron 704.009 toneladas, 2,1% más que el año anterior, mientras que el valor promedio alcanzó US$ 4.682,2 por tonelada, con una mejora de 25,1%.
En carne vacuna, el récord de 2025 fue todavía más significativo: US$ 2.748,8 millones de ingresos, un crecimiento interanual de 23,7%. Los embarques alcanzaron 398.384 toneladas y el valor promedio llegó a US$ 6.900 por tonelada, 19,6% más que en 2024.
El panorama actual plantea entonces una pregunta central: ¿puede Uruguay mantener ingresos récord si los volúmenes continúan descendiendo? La respuesta dependerá de la evolución de los precios internacionales, de la oferta ganadera nacional y de la capacidad del país para conservar sus mercados premium.
La reducción del volumen también debe analizarse en relación con la disponibilidad de ganado y las decisiones de los productores. La ganadería uruguaya posee un rodeo cercano a 11,5 millones de vacunos, según la información publicada por El Observador, y la evolución del ciclo ganadero determinará cuánto producto estará disponible para los frigoríficos y para la exportación.
Otro factor será el clima. El sector ganadero enfrenta un escenario internacional cada vez más condicionado por fenómenos climáticos extremos, y el desarrollo de El Niño durante 2026 agrega incertidumbre sobre las condiciones de producción agropecuaria en América del Sur. La disponibilidad de agua, el estado de las pasturas y la evolución de los precios de los alimentos para el ganado pueden modificar las decisiones de los productores.
Al mismo tiempo, la mejora del precio promedio constituye una señal positiva para toda la cadena. Un mayor valor por tonelada puede mejorar los ingresos de productores, frigoríficos, transportistas, trabajadores y proveedores vinculados con la actividad, aunque la distribución de ese beneficio dependerá de los costos internos y de la evolución de los márgenes en cada etapa.
Para Uruguay, la carne representa además algo más que una exportación. Es uno de los principales productos que identifican al país en el mercado internacional y uno de los pilares de su estrategia agroexportadora. La trazabilidad individual del ganado, los controles sanitarios y la reputación construida durante décadas permiten diferenciar la producción uruguaya en mercados donde los consumidores y las autoridades sanitarias exigen cada vez más información sobre el origen de los alimentos.
La cifra de US$ 2.000 millones también debe interpretarse dentro del conjunto de las exportaciones nacionales. Según datos de Uruguay XXI citados por El Observador, la carne bovina generó US$ 1.576 millones durante los primeros siete meses del año y representó el 20% de los ingresos obtenidos por todos los principales rubros exportadores de Uruguay. La celulosa y los productos lácteos completaron el grupo de los principales generadores de divisas.
Esto confirma que la cadena cárnica continúa siendo estratégica para la balanza comercial uruguaya. Cada dólar adicional obtenido por las exportaciones contribuye a fortalecer el ingreso de divisas y genera actividad económica en numerosas regiones del país.
El desafío será sostener esa posición en un mercado internacional cada vez más competitivo. Brasil, Argentina, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos son grandes productores y exportadores de carne, mientras que los consumidores internacionales también están modificando sus preferencias y aumentando las exigencias ambientales, sanitarias y de trazabilidad.
Uruguay tiene una ventaja importante en ese escenario: su escala permite controlar buena parte de la cadena productiva y demostrar el origen de la carne. Pero esa ventaja deberá acompañarse con inversiones en tecnología, eficiencia productiva, infraestructura y apertura de nuevos mercados.
La diversificación geográfica también será fundamental. Los números de 2026 muestran que Uruguay no depende de un único comprador: América del Norte, China, Europa e Israel concentran buena parte de los ingresos, mientras otros destinos completan la estructura comercial. Esa diversificación reduce el riesgo de que una crisis económica o una modificación de las condiciones de acceso en un solo mercado provoque un impacto devastador sobre todo el sector.
Para el Mercosur, el éxito exportador uruguayo también tiene importancia porque la región funciona como una de las grandes plataformas mundiales de producción de alimentos. Una mayor coordinación sanitaria, logística y comercial entre los países miembros podría contribuir a mejorar la competitividad regional, aunque cada país mantenga sus propias estrategias de acceso a mercados.
Uruguay superó nuevamente los US$ 2.000 millones en exportaciones de carnes y lo hizo en un escenario particularmente interesante: ingresaron más divisas pese a que se embarcó una cantidad menor de toneladas. El dato demuestra la capacidad de la industria uruguaya para capturar valor en los mercados internacionales, pero también plantea un desafío: no depender indefinidamente de precios elevados para compensar una reducción del volumen exportado. La fortaleza futura del sector deberá construirse sobre productividad, genética, sanidad, trazabilidad, apertura comercial, infraestructura y capacidad para conquistar nuevos consumidores. China, América del Norte, Europa e Israel continuarán siendo mercados decisivos, mientras el Mercosur puede ofrecer oportunidades complementarias. En un mundo donde la seguridad alimentaria gana importancia y los consumidores demandan productos de mayor calidad y trazabilidad, Uruguay tiene una oportunidad estratégica: convertir su reputación ganadera en una plataforma permanente de generación de divisas y desarrollo económico.
Foto: Carlos Pazos / El Observador
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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