Una devastadora inundación repentina golpeó este miércoles la región fronteriza entre Nepal y el Tíbet, en China, dejando al menos 160 personas muertas y más de 700 desaparecidas o sin contacto, mientras continúan las operaciones de rescate en una de las zonas montañosas más difíciles del Himalaya. La tragedia afectó especialmente al distrito nepalí de Rasuwa y al condado tibetano de Gyirong, donde la fuerza del agua arrasó carreteras, puentes, viviendas e infraestructuras energéticas.
El último balance disponible elevó a 157 los fallecidos en Nepal y a tres las víctimas mortales confirmadas en China. Las cifras podrían cambiar debido a que las autoridades continúan recuperando cuerpos y verificando la situación de cientos de personas que permanecen desaparecidas.
Entre quienes no han podido ser localizados se encuentran centenares de turistas, numerosos extranjeros, trabajadores y miembros de las fuerzas de seguridad. La región afectada incluye importantes rutas de montaña, zonas de trekking y caminos utilizados por peregrinos que se dirigen hacia lugares sagrados del Himalaya.
La inundación se produjo cuando una enorme masa de agua, lodo y escombros descendió violentamente por el sistema del río Bhote Koshi, alcanzando localidades como Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi. La fuerza del torrente fue tal que destruyó o dañó decenas de puentes y dejó extensos tramos de carreteras intransitables, complicando seriamente el acceso de los equipos de emergencia.
Las causas exactas de la catástrofe todavía se encuentran bajo investigación. Los primeros reportes apuntaron a una posible actividad sísmica seguida por un gran deslizamiento o colapso en una zona glaciar. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos revisó posteriormente su registro inicial y señaló que el evento detectado podría haber sido un gran deslizamiento y no un terremoto convencional.
Los especialistas analizan la posibilidad de que una avalancha de hielo, roca o material procedente de un glaciar haya bloqueado temporalmente el curso de un río, provocando posteriormente una liberación violenta del agua acumulada. Este tipo de fenómenos representa un riesgo creciente en el Himalaya, una de las regiones del planeta más sensibles al aumento de las temperaturas y al retroceso de los glaciares.
La destrucción de la infraestructura representa uno de los principales obstáculos para las operaciones de rescate. Puentes destruidos, carreteras cortadas y problemas en las comunicaciones han dejado aisladas varias zonas, obligando a las autoridades a utilizar helicópteros y equipos especializados para intentar llegar a los sobrevivientes y localizar a los desaparecidos.
El Gobierno de Nepal declaró las áreas afectadas como zona de desastre durante tres meses y ordenó la movilización de recursos militares y privados para apoyar la búsqueda. También se dispuso asistencia médica gratuita para los heridos y se inició un plan para recuperar progresivamente los servicios de electricidad, telecomunicaciones y transporte.
Al otro lado de la frontera, China desplegó equipos de rescate en la región tibetana, donde la catástrofe también provocó graves daños. Las autoridades continúan verificando el número real de víctimas y desaparecidos, mientras las condiciones geográficas y meteorológicas dificultan el trabajo de los socorristas.
La dimensión internacional de la tragedia se debe, en parte, a la presencia de numerosos visitantes extranjeros en la zona. Entre los desaparecidos hay ciudadanos de diferentes países, lo que ha llevado a gobiernos y embajadas a seguir de cerca las operaciones para determinar la situación de sus nacionales.
El desastre vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad del Himalaya frente a los fenómenos extremos. El calentamiento de los glaciares, los deslizamientos de tierra y las inundaciones repentinas representan amenazas cada vez más graves para las comunidades que viven en las zonas montañosas y para quienes recorren las rutas turísticas de la región.
Las autoridades mantienen además la preocupación por la posibilidad de nuevas crecidas o desprendimientos, especialmente en sectores donde el material acumulado puede haber alterado temporalmente el curso natural de los ríos. Los equipos de emergencia trabajan no solo en la búsqueda de sobrevivientes, sino también en la evaluación de las zonas que podrían continuar en peligro.
La tragedia ocurrida en la frontera entre Nepal y China ya se encuentra entre los desastres naturales más graves registrados este año en la región. Con al menos 160 muertos y cientos de personas todavía sin localizar, las próximas horas serán decisivas para las tareas de rescate. La magnitud de la destrucción demuestra una vez más la extrema vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya ante inundaciones repentinas y fenómenos vinculados con la inestabilidad de sus montañas y glaciares. Mientras Nepal y China movilizan sus recursos, cientos de familias continúan esperando noticias de sus seres queridos en medio de una emergencia que todavía está lejos de concluir.
Foto: Reuters / medios de emergencia
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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