Cuando se habla de El Niño, muchas veces se piensa únicamente en el calentamiento de las aguas del océano Pacífico. Sin embargo, detrás de este fenómeno existe un componente atmosférico fundamental: la Oscilación del Sur, un patrón de variaciones de presión y vientos que interactúa permanentemente con el océano y puede reorganizar las lluvias, las sequías, las temperaturas y hasta la formación de tormentas a miles de kilómetros de distancia. La combinación entre ambos componentes recibe el nombre de ENSO —El Niño-Oscilación del Sur—, uno de los principales fenómenos climáticos que permiten comprender por qué determinadas regiones de Sudamérica pueden atravesar períodos de lluvias excepcionales, déficits hídricos u olas de calor.
La Oscilación del Sur puede imaginarse como un enorme “sube y baja” atmosférico sobre el Pacífico tropical. Cuando la presión atmosférica aumenta relativamente en el Pacífico oriental, suele disminuir en el sector occidental, y cuando baja en el este tiende a aumentar en el oeste. Los científicos siguen este comportamiento mediante el Índice de Oscilación del Sur (SOI), calculado a partir de las diferencias de presión atmosférica entre zonas representativas como Tahití, en el Pacífico oriental, y Darwin, en Australia. El índice no provoca por sí solo un determinado estado del tiempo, sino que sirve como indicador de cómo se encuentra funcionando el sistema atmósfera-océano.
Para entender por qué este fenómeno es tan importante hay que observar la relación entre el océano y la atmósfera. En condiciones normales, los vientos alisios soplan desde el este hacia el oeste a lo largo del Pacífico ecuatorial. Ese movimiento desplaza las aguas superficiales cálidas hacia el Pacífico occidental, mientras frente a las costas de Sudamérica favorece el ascenso de aguas más frías y profundas, un proceso conocido como surgencia. Al mismo tiempo, la circulación atmosférica de Walker organiza grandes zonas de nubosidad y precipitaciones sobre las regiones donde se acumula el agua cálida.
Cuando se produce un debilitamiento de los vientos alisios, el equilibrio comienza a cambiar. El agua cálida que normalmente permanece acumulada hacia el oeste puede desplazarse hacia el centro y el este del Pacífico ecuatorial. También cambia la posición de la termoclina, que es la zona de transición entre las aguas superficiales más cálidas y las aguas profundas más frías. Como consecuencia, las áreas donde se forman nubes, tormentas y lluvias también pueden desplazarse. El cambio atmosférico y oceánico se retroalimenta mediante un mecanismo conocido como retroalimentación de Bjerknes, por el cual el calentamiento favorece cambios en los vientos y esos cambios pueden favorecer a su vez un mayor calentamiento en determinadas regiones del Pacífico.
Es justamente aquí donde aparece El Niño. En términos científicos, El Niño representa principalmente el componente oceánico del fenómeno: un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. La Oscilación del Sur representa el componente atmosférico, caracterizado por modificaciones de presión y circulación de los vientos. No son dos fenómenos completamente separados, sino dos partes de un mismo sistema climático acoplado. Por eso los científicos utilizan el término ENSO para describir el conjunto.
La situación contraria recibe el nombre de La Niña. En este caso, los vientos alisios tienden a fortalecerse, aumenta el contraste de presión entre las regiones oriental y occidental del Pacífico y se intensifica el enfriamiento relativo de las aguas del Pacífico ecuatorial oriental. El resultado vuelve a modificar la circulación atmosférica y desplaza los patrones de lluvia y temperatura hacia otras regiones del planeta. Así, El Niño y La Niña pueden entenderse como fases diferentes de un sistema que oscila y redistribuye energía entre el océano y la atmósfera.
Para Sudamérica, la importancia de este mecanismo es enorme porque los cambios que comienzan en el Pacífico tropical pueden generar efectos a miles de kilómetros de distancia. La reorganización de la presión, la convección y los vientos puede modificar la posición de corrientes en altura, frentes atmosféricos y zonas de precipitación. No significa que un determinado fenómeno del Pacífico vaya a provocar automáticamente una inundación o una sequía en un lugar específico, pero sí puede modificar significativamente las probabilidades de que determinados patrones climáticos aparezcan.
En el caso de la región sudamericana, esas alteraciones pueden tener consecuencias directas sobre la agricultura, los incendios forestales, los ríos, la disponibilidad de agua y la generación de energía. Un período con precipitaciones superiores a lo habitual puede beneficiar determinados cultivos y aumentar los caudales, pero también puede generar inundaciones, erosión y pérdidas agrícolas. En sentido contrario, una reducción prolongada de las lluvias puede afectar las cosechas, disminuir los niveles de los ríos, aumentar el riesgo de incendios y generar dificultades para sistemas energéticos que dependen de la generación hidroeléctrica.
Esta relación es particularmente relevante para Paraguay, Argentina, Brasil, Uruguay y otros países sudamericanos cuya economía depende fuertemente del comportamiento climático. La agricultura, la ganadería, el transporte fluvial y la producción hidroeléctrica necesitan anticiparse a cambios importantes en las precipitaciones y temperaturas. Por eso, comprender el estado del ENSO permite a los organismos meteorológicos y productivos elaborar escenarios de riesgo y preparar medidas preventivas con meses de anticipación.
Pero existe una diferencia fundamental entre pronosticar probabilidades y predecir exactamente el tiempo. La presencia de una determinada fase del ENSO no significa que todos los territorios asociados con ella necesariamente experimentarán las mismas condiciones. El clima regional depende también de otros fenómenos atmosféricos y oceánicos. Por eso, los especialistas hablan de cambios en las probabilidades de lluvia, sequía o calor extremo y no de resultados inevitables. La Oscilación del Sur es una pieza fundamental del rompecabezas climático, pero no es la única.
La ciencia climática todavía intenta responder preguntas importantes sobre este sistema. No todos los episodios de El Niño tienen exactamente las mismas características. Algunos concentran el calentamiento principalmente en la zona central del Pacífico, mientras otros presentan un calentamiento más marcado hacia el sector oriental. Estas diferencias pueden modificar la forma en que las teleconexiones atmosféricas afectan a diferentes regiones del mundo. Los investigadores también estudian cómo interactúan estos ciclos naturales con el calentamiento global, evitando reducir esa relación a una explicación lineal o simplificada.
Esta investigación tiene una utilidad práctica que va mucho más allá de la meteorología. Si los científicos pueden identificar con suficiente anticipación cómo está evolucionando el acoplamiento entre el océano y la atmósfera, los gobiernos y sectores productivos pueden prepararse mejor. Un productor agrícola puede ajustar fechas de siembra; las autoridades pueden anticipar escenarios de disponibilidad hídrica; los organismos de emergencia pueden reforzar planes ante lluvias extremas; y los responsables energéticos pueden incorporar posibles cambios en los caudales de los ríos a sus previsiones. Convertir una señal climática temprana en una decisión concreta es uno de los grandes objetivos de la investigación sobre ENSO.
La Oscilación del Sur demuestra, en definitiva, que el clima de Sudamérica no puede analizarse únicamente mirando lo que ocurre sobre nuestras propias ciudades y campos. Un cambio en la presión atmosférica sobre el Pacífico tropical puede alterar los vientos, modificar la temperatura del océano, desplazar zonas de tormentas y terminar influyendo sobre las lluvias o las sequías en regiones situadas a miles de kilómetros. El Niño y La Niña son las expresiones más conocidas de ese gigantesco sistema de interacción entre océano y atmósfera, pero comprender la Oscilación del Sur permite mirar detrás del fenómeno y entender mejor sus mecanismos. Para países como Paraguay y sus vecinos, ese conocimiento puede resultar decisivo para anticipar riesgos que afectan directamente a la producción de alimentos, los recursos hídricos, la energía y la vida cotidiana de millones de personas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Kany García llegó a Paraguay con su “Puerta Abierta Tour” y una noche para cantar al amor, la nostalgia y las raíces
- ★Comienza la carrera por el Óscar internacional: Corea del Sur, Colombia y República Dominicana ya tienen sus cartas
- ★Estados Unidos rinde homenaje a Dolly Parton: Trump decreta una semana de luto por la muerte de la gran estrella de la música country
- ★Europa con poco presupuesto: estrategias para viajar, conocer más y gastar menos
- ★Golden Retriever: por qué esta raza es tan sociable y cómo la genética ayudó a construir su personalidad

