El presidente Javier Milei encabezó este martes en la Casa Rosada una reunión con diputados y senadores de La Libertad Avanza (LLA), en la que asumió personalmente la conducción de la estrategia parlamentaria del oficialismo y lanzó una fuerte arenga política contra la oposición y el periodismo. “No nos dejemos psicopatear por los kukas y los periodistas”, fue una de las consignas transmitidas a los legisladores, en un encuentro realizado en la víspera de una sesión considerada clave para el Gobierno, donde el oficialismo buscará avanzar con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y una nueva versión de la Ley de Inocencia Fiscal.
La reunión comenzó alrededor de las 17.30 y se extendió durante casi dos horas. Participaron la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y los jefes de las bancadas libertarias, Gabriel Bornoroni en Diputados y Patricia Bullrich en el Senado. También estuvieron otros funcionarios y dirigentes oficialistas. El objetivo central fue alinear a los legisladores antes de una jornada parlamentaria en la que el Gobierno necesitará negociar con bloques aliados y sectores independientes para conseguir las mayorías necesarias.
Durante su exposición, Milei insistió en que sus legisladores no deben dejarse condicionar por las críticas provenientes del kirchnerismo ni por los cuestionamientos de los medios de comunicación. Según trascendió del encuentro, el Presidente pidió a su bancada que no se enganche con las provocaciones y que mantenga la defensa del programa económico. El mandatario también utilizó una expresión particularmente agresiva al reclamar que había que “hacer mierda a los kukas” durante la sesión parlamentaria del miércoles, profundizando un lenguaje de confrontación que ya forma parte habitual de su discurso político.
El ataque a la prensa adquiere una dimensión especialmente relevante porque se produce apenas un día después de otra escalada de Milei contra periodistas y medios de comunicación. Durante las últimas jornadas, el Presidente publicó cientos de mensajes contra periodistas y medios en redes sociales, con acusaciones de corrupción, manipulación y supuestas operaciones políticas. LA NACION contabilizó 335 mensajes contra la prensa entre el 17 y el 23 de agosto, además de otras intervenciones públicas en las que el mandatario volvió a cuestionar duramente al periodismo.
La nueva declaración tampoco puede analizarse de manera aislada de la controversia generada por Luis Caputo, quien reclamó recientemente una ley para sancionar a periodistas que publiquen información que, según el Gobierno, no tenga sustento. Milei respaldó públicamente el planteo de su ministro de Economía. La coincidencia temporal entre ambos episodios genera preocupación porque coloca nuevamente a la prensa en el centro de la confrontación política del Ejecutivo, justo cuando el Gobierno intenta consolidar su estrategia legislativa y económica.
Desde una perspectiva institucional, existe una diferencia fundamental entre criticar a un periodista y utilizar el poder político para intentar condicionar el ejercicio del periodismo. Un presidente tiene pleno derecho a cuestionar una información, responder a una investigación, presentar documentos y defender públicamente a su Gobierno. Pero cuando el discurso presidencial identifica sistemáticamente a periodistas como enemigos políticos, la situación adquiere otra dimensión, especialmente si esas declaraciones aparecen acompañadas por propuestas de sanciones legales contra quienes publiquen información considerada inconveniente por funcionarios.
El Gobierno, por su parte, sostiene que los medios y la oposición exageran o distorsionan determinados indicadores económicos y que el oficialismo debe aprender a responder con datos. Durante la reunión, Milei volvió a defender la consistencia de sus políticas fiscal y monetaria y afirmó que Argentina acumula 27 meses consecutivos de crecimiento. También relativizó el problema de la morosidad crediticia que afecta a millones de personas y sostuvo que ese fenómeno no debe ser utilizado para construir una interpretación negativa de toda la economía.
La morosidad se convirtió precisamente en uno de los principales puntos de discusión política de los últimos días. El Gobierno sostiene que el aumento de los atrasos en el pago de créditos debe analizarse en relación con la fuerte expansión del crédito privado y que no constituye por sí mismo una crisis macroeconómica. La oposición, en cambio, utiliza el crecimiento de las deudas de los hogares como evidencia de que una parte de la recuperación económica todavía no se traduce en una mejora suficiente de los ingresos familiares. La disputa, por lo tanto, no es solamente estadística: representa dos interpretaciones diferentes sobre el estado real de la economía argentina.
Milei aprovechó además el encuentro para transmitir a sus legisladores conceptos económicos que ya había desarrollado en exposiciones recientes, entre ellas sus intervenciones ante el Council of the Americas y la Bolsa de Comercio de Rosario. Como parte de esa estrategia de formación política y económica, el Presidente entregó a los legisladores el libro La economía en una lección, de Henry Hazlitt, y recomendó su lectura para comprender la reasignación de recursos y las consecuencias indirectas de las decisiones económicas.
El gesto tiene un significado político. Milei intenta que sus legisladores no funcionen solamente como una bancada que vote los proyectos enviados desde el Poder Ejecutivo, sino como defensores activos de una determinada concepción económica, basada en la reducción del peso del Estado, la disciplina fiscal, la estabilidad monetaria y la ampliación del papel del sector privado. El problema para el oficialismo es que esa estrategia debe ser traducida al lenguaje parlamentario y negociada con fuerzas que no necesariamente comparten todos sus postulados.
La primera prueba llegará en el Congreso con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Inocencia Fiscal. El Gobierno considera que ambas iniciativas son importantes para consolidar su programa económico. La reforma del Banco Central forma parte de la visión de Milei sobre la política monetaria y la relación entre emisión, inflación y financiamiento del Estado, mientras que la iniciativa de Inocencia Fiscal busca modificar aspectos del régimen tributario y la relación entre los contribuyentes y la administración fiscal.
Pero el oficialismo no tiene garantizada una mayoría automática para todos sus proyectos. La Libertad Avanza deberá negociar con otros bloques, una situación que obliga al Gobierno a combinar su discurso de confrontación con una práctica parlamentaria basada en acuerdos. Esa contradicción constituye uno de los desafíos centrales de Milei: mientras públicamente utiliza una retórica de fuerte enfrentamiento contra el kirchnerismo y los sectores que cuestionan su gestión, en el Congreso necesita conseguir votos de dirigentes que no pertenecen a su espacio.
La reunión también debe leerse dentro de la preparación política para el Presupuesto 2027. El proyecto debería ingresar a la Cámara de Diputados en septiembre y será una de las principales batallas parlamentarias del oficialismo. La convocatoria de los legisladores libertarios, por lo tanto, no se limitó a la sesión inmediata: también funcionó como una instancia para comenzar a ordenar la tropa oficialista frente a una discusión presupuestaria que será determinante para el segundo tramo de la administración Milei.
El escenario es especialmente delicado porque el Gobierno necesita demostrar simultáneamente fortaleza política y resultados económicos. La disciplina fiscal es uno de sus principales argumentos de gestión y Milei insiste en presentarla como una ruptura con décadas de déficits y emisión monetaria. Pero mientras el Ejecutivo celebra determinados indicadores macroeconómicos, las dificultades relacionadas con el crédito, la morosidad, los ingresos familiares y la actividad de determinados sectores mantienen abierta la discusión sobre cuánto de esa recuperación está llegando efectivamente a la población.
En este contexto, el enfrentamiento con la prensa puede terminar convirtiéndose en una distracción política para el propio Gobierno. La administración tiene por delante debates sobre deuda, crecimiento, empleo, crédito, inversión, producción, inflación y presupuesto. Dedicar una parte creciente de su capital político a confrontar con periodistas puede mantener movilizada a su base electoral, pero también puede desplazar la discusión desde los resultados concretos hacia una batalla permanente por el control del relato público.
El encuentro de Milei con sus legisladores muestra, en definitiva, un Gobierno que busca cerrar filas antes de una etapa parlamentaria decisiva y que pretende evitar que las críticas económicas o políticas debiliten su estrategia. Pero también muestra una creciente radicalización del lenguaje utilizado desde el poder. Defender un programa económico es legítimo; cuestionar a la oposición también forma parte de la disputa democrática. Lo que debe preservarse es la frontera entre la confrontación política y la descalificación sistemática de quienes cumplen una función esencial de control y fiscalización del poder. Argentina necesita que sus legisladores discutan leyes, que el Gobierno explique sus decisiones y que la prensa pueda investigar sin convertirse en enemiga del Estado. La fortaleza de una democracia no se demuestra evitando las preguntas incómodas, sino teniendo la capacidad de responderlas con hechos, documentos y resultados.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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