Truman Capote murió hace 42 años, pero su vida continúa pareciendo una novela escrita por él mismo. Nació en 1924 en Nueva Orleans, creció marcado por el abandono de sus padres, encontró en la escritura una forma de escapar de la soledad y terminó convertido en una de las figuras literarias más famosas de Estados Unidos. Escribió Desayuno en Tiffany’s y A sangre fría, frecuentó a políticos, artistas y millonarios y llegó a organizar una de las fiestas más célebres de la alta sociedad neoyorquina. Pero el mismo talento que le permitió entrar en la intimidad de los poderosos terminó provocando su caída: publicó sus secretos, perdió a sus amigas y pasó sus últimos años prácticamente aislado, mientras intentaba terminar una novela que quedó inconclusa.
Su verdadero nombre era Truman Streckfus Persons. Nació el 30 de septiembre de 1924 y pasó buena parte de su infancia entre familiares del sur estadounidense después de que sus padres se separaran. Su madre lo dejó al cuidado de tías y abuelas y aquella sensación de abandono marcó profundamente su personalidad. Capote reconocería posteriormente que comenzó a inventar historias para soportar la soledad. En Louisiana conoció además a una niña que terminaría convirtiéndose en otra gran escritora: Harper Lee. La amistad duró décadas, aunque posteriormente quedó atravesada por rivalidades y tensiones relacionadas con sus respectivas carreras literarias.
La transformación de Truman Persons en Truman Capote ocurrió cuando su madre se casó con un hombre de apellido Capote, quien adoptó al niño. En su adolescencia pasó brevemente por una academia militar y después estudió en una escuela privada de Manhattan. No destacó precisamente como estudiante aplicado, pero comenzó a frecuentar ambientes artísticos y clubes nocturnos. A los 17 años consiguió trabajo como cadete en The New Yorker. No logró publicar allí sus textos, pero aquel contacto con el mundo editorial neoyorquino terminó siendo una formación decisiva para el joven escritor.
Su primer gran reconocimiento llegó con el cuento “Miriam”, publicado en 1945, y posteriormente con Other Voices, Other Rooms. La novela apareció en 1948 y provocó un escándalo considerable, entre otras razones por la fotografía del joven Capote utilizada en la contratapa. Tenía apenas 23 años y ya había conseguido algo que muchos escritores persiguen durante décadas: llamar la atención del público y de la crítica con una voz literaria completamente personal.
Después llegó Holly Golightly, la protagonista de Breakfast at Tiffany’s, publicada en 1958. Capote había imaginado a Marilyn Monroe para la adaptación cinematográfica, pero el papel finalmente quedó en manos de Audrey Hepburn y se convirtió en uno de los personajes más reconocibles del cine estadounidense. Para entonces, Capote ya no era simplemente un escritor exitoso. Se había convertido en una celebridad capaz de moverse entre escritores, actores, empresarios y miembros de las familias más poderosas de Nueva York.
Pero el libro que cambió definitivamente su posición en la literatura fue ** In Cold Blood (A sangre fría)**. Capote dedicó seis años a investigar el asesinato de cuatro integrantes de la familia Clutter en Kansas. Entrevistó a habitantes de la zona, policías y a los dos hombres condenados por los asesinatos, Perry Smith y Richard Hickock. El resultado fue presentado por el propio autor como “la primera novela de no ficción”, una mezcla de investigación periodística, reconstrucción narrativa y técnicas literarias que tendría una enorme influencia posterior.
El éxito de A sangre fría lo llevó a la cima de la vida cultural estadounidense. En 1966 organizó en el Hotel Plaza de Nueva York el célebre Black and White Ball, una fiesta de máscaras que reunió a algunas de las personas más poderosas y conocidas del país. Capote había logrado entrar definitivamente en el mundo que durante años había observado desde afuera. Y allí encontró un nuevo material literario: las vidas privadas de sus propios amigos.
Entre sus amigas estaban Babe Paley, Lee Radziwill, C.Z. Guest, Slim Keith y Marella Agnelli, mujeres pertenecientes a círculos de enorme influencia social. Capote las llamaba sus “cisnes”. Con ellas compartía cenas, viajes, conversaciones privadas y confidencias. Conocía sus matrimonios, infidelidades, conflictos y secretos familiares. Aquella intimidad, sin embargo, escondía una contradicción: mientras ellas creían tener a un amigo cercano, Capote veía también personajes potenciales para su literatura.
La ruptura llegó en 1975, cuando Esquire publicó “La Côte Basque, 1965”, un capítulo de Answered Prayers. Aunque estaba presentado como ficción, las mujeres retratadas reconocieron inmediatamente los acontecimientos y personajes. El texto exponía asuntos privados, infidelidades y escándalos que hasta entonces habían permanecido protegidos por los círculos sociales de Nueva York. La reacción fue inmediata: sus amigas dejaron de hablarle y Capote quedó excluido del ambiente que había construido durante dos décadas.
La caída fue progresiva y pública. En 1978 protagonizó una entrevista televisiva en la que comenzó a hablar de manera incoherente sobre su consumo de alcohol y drogas hasta que el programa tuvo que ser interrumpido. Después sufrió convulsiones, fue hospitalizado por niveles tóxicos de medicamentos y tuvo problemas legales por conducir alcoholizado. A pesar de todo, siguió escribiendo. En 1980 publicó Music for Chameleons, que permaneció durante 16 semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times.
En sus últimos años se fue recluyendo cada vez más. Pasó buena parte de su último período en la casa de Joanne Carson, en Bel Air. Allí trabajaba sobre Answered Prayers, la novela que había anunciado durante años como su gran obra definitiva. La noche anterior a su muerte, Capote y Carson nadaron, conversaron sobre una futura fiesta de cumpleaños y él le entregó algunas páginas manuscritas del libro. Según Carson, Capote estaba convencido de que aquella sería su última gran obra y decía que era el trabajo más difícil que había realizado porque estaba escribiendo desde lo más profundo de sí mismo.
El 25 de agosto de 1984, Carson lo encontró inconsciente después del mediodía. Capote murió a los 59 años. El certificado de defunción estableció como causa una enfermedad hepática complicada por flebitis e intoxicación múltiple por drogas. Los análisis detectaron barbitúricos, Valium, anticonvulsivos y analgésicos, pero los médicos y las autoridades aclararon que no se trató de una sobredosis. Los medicamentos estaban relacionados con tratamientos que recibía por problemas de insomnio, ansiedad, dolores y convulsiones.
Sus últimas palabras conocidas tienen una carga simbólica extraordinaria. Según el relato de Joanne Carson, Capote habló de su madre y después pronunció “Beautiful Babe”, en referencia a Babe Paley, una de sus amigas más queridas, que había muerto de cáncer seis años antes. Después dijo “Answered Prayers”, el título del libro que llevaba años intentando terminar. En sus últimos instantes aparecieron así dos elementos que habían marcado su vida: sus vínculos afectivos y la obra literaria que nunca consiguió completar.
La historia todavía tuvo un episodio insólito después de su muerte. Sus restos fueron cremados y divididos entre Joanne Carson y Jack Dunphy, su compañero durante muchos años. Carson conservó una parte de las cenizas. En 1988, durante una fiesta de Halloween, fueron robadas de su casa y posteriormente recuperadas. Una parte terminó depositada en una cripta del Westwood Village Memorial Park, cerca de las tumbas de Marilyn Monroe y Natalie Wood.
En 2016 ocurrió algo todavía más extraño: una parte de las cenizas de Capote fue subastada por 43.750 dólares. Un comprador anónimo adquirió el objeto en Julien‘s Auctions. El lote formaba parte de una subasta que también incluía otros recuerdos pertenecientes a celebridades. El escritor que había convertido la vida privada de los demás en material literario terminó, de alguna manera, convertido después de muerto en un objeto de curiosidad para coleccionistas.
La historia de Capote puede leerse como una paradoja. Su mayor talento fue conseguir que las personas confiaran en él y le permitieran entrar en lugares donde otros periodistas y escritores no podían entrar. Pero esa misma capacidad terminó destruyendo sus relaciones más importantes. Las personas que le abrieron las puertas de sus casas también terminaron convertidas en personajes de una obra que las exponía públicamente.
Capote consiguió aquello que había buscado desde niño: dejar de ser invisible. Llegó a ser famoso, rico, admirado y recibido por las personas más poderosas de su época. Sin embargo, cuando utilizó las vidas privadas de sus propias amigas como materia literaria, perdió precisamente el mundo social que le había permitido construir esas historias.
Murió intentando terminar un libro sobre las personas y los secretos que había conocido de cerca. Nunca pudo completarlo. Pero su propia vida terminó convirtiéndose en una obra mucho más compleja: la historia de un niño solitario que inventó personajes para sobrevivir, de un escritor que revolucionó la narrativa, de un hombre que conquistó la alta sociedad y de una celebridad que terminó siendo expulsada del mismo mundo que había convertido en literatura.
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