Gene Simmons no considera que el final de KISS signifique el final de su vida sobre un escenario. El músico de 76 años continúa realizando conciertos con la Gene Simmons Band y encontró una fórmula completamente diferente a la gigantesca maquinaria que durante décadas acompañó a la legendaria banda estadounidense. Ahora viaja prácticamente solo, lleva únicamente su bajo y deja en manos de los promotores locales la organización de cada presentación. Para Simmons, el motivo no es solamente económico: actuar frente al público sigue siendo la parte más estimulante de su carrera.
El último concierto de KISS se realizó el 2 de diciembre de 2023 en el Madison Square Garden de Nueva York, después de la extensa gira End of the Road. Aquella presentación fue anunciada como el cierre definitivo de la etapa de la banda con sus integrantes originales sobre los escenarios. Sin embargo, Simmons no interpretó aquella despedida como una jubilación personal. Mientras KISS dejó de presentarse en su formato tradicional, el bajista comenzó a desarrollar una actividad mucho más pequeña y flexible con su propia agrupación.
La diferencia entre ambas estructuras es enorme. Durante los años de KISS, una gira podía involucrar unas 60 personas, tres autobuses de dos pisos, un avión privado y hasta 24 camiones de transporte. La producción requería transportar una cantidad enorme de equipos, escenografía y elementos técnicos para reproducir el espectáculo característico de la banda. Simmons decidió eliminar prácticamente toda esa infraestructura para poder continuar trabajando sin cargar con una organización semejante.
Su nuevo sistema es llamativamente sencillo. Simmons viaja con su bajo y el promotor de cada ciudad se ocupa de los vuelos, alojamiento y alquiler del equipamiento necesario para el concierto. No lleva una gran comitiva ni un equipo permanente de carretera. Esa estructura disminuye los costos y, según explicó el propio músico, incluso puede dejarle una rentabilidad mayor por presentación que el complejo modelo utilizado durante las giras de KISS.

La Gene Simmons Band está integrada por Jason Walker en guitarra y voz, Brian Tichy en batería y voz, Brent Woods en guitarra y Simmons en bajo y voz. El músico destaca especialmente la versatilidad de sus compañeros, ya que todos pueden asumir funciones vocales y cambiar de instrumento cuando la situación lo requiere. Esa capacidad permite que los conciertos tengan una dinámica diferente a la de KISS y que puedan incorporar canciones que nunca formaron parte del repertorio habitual de la banda.
También desapareció una de las reglas que caracterizaban a KISS: la distancia entre el escenario y el público. Simmons contó que con su actual formación puede invitar a seguidores a subir al escenario y responder a pedidos espontáneos. Esa libertad convierte cada concierto en una experiencia menos previsible y, para el músico, mucho más cercana. Ya no existe la necesidad de reproducir exactamente el gigantesco espectáculo de KISS en cada ciudad.
La explicación más profunda de su continuidad, sin embargo, no está en el dinero. Simmons sostiene que el escenario produce una conexión que no puede conseguirse de la misma manera en ninguna otra actividad artística. Para explicar su pensamiento comparó la música con un cuadro, un libro o una fiesta: una obra artística necesita encontrar un público para completar su sentido. En su caso, ese encuentro se produce cuando las luces se encienden y comienza el concierto.
Por eso, cuando le preguntaron por qué continúa actuando después del final de KISS, su respuesta no estuvo relacionada con contratos ni con la necesidad de mantenerse vigente. Simmons explicó que simplemente ama demasiado actuar y que es una de las actividades que más disfruta. Para él, permanecer lejos de los escenarios sería mucho más difícil que adaptar su carrera a una escala menor.
Mientras Simmons mantiene esta nueva etapa, la marca KISS también está entrando en una transformación radical. La banda vendió a Pophouse sus derechos relacionados con elementos como el maquillaje, las canciones, la publicación y la imagen. El acuerdo permite desarrollar nuevos negocios alrededor del legado del grupo, aunque KISS no puede volver a presentarse en vivo sin autorización de la compañía.
Pophouse está trabajando en varios proyectos para mantener viva la identidad de KISS sin necesidad de que sus integrantes vuelvan a realizar una gira convencional. Entre las iniciativas mencionadas aparecen una película, una serie animada, un parque temático y un espectáculo protagonizado por avatares. La estrategia busca transformar el patrimonio artístico de la banda en una franquicia de entretenimiento capaz de funcionar en distintos formatos.
Esto significa que KISS y Gene Simmons están siguiendo caminos diferentes. La banda se está convirtiendo progresivamente en una propiedad intelectual, mientras Simmons mantiene el vínculo físico con los seguidores. Uno apuesta por la explotación del legado mediante nuevas tecnologías y formatos de entretenimiento; el otro continúa dependiendo de algo mucho más antiguo: un escenario, instrumentos, músicos y personas reunidas frente a ellos.
La diferencia también revela cómo cambió la economía de las grandes giras de rock. Durante décadas, una banda como KISS necesitó una enorme infraestructura para transportar su espectáculo de una ciudad a otra. Simmons descubrió que después de alcanzar una determinada escala de reconocimiento no necesita trasladar todo el universo visual de KISS para seguir siendo una atracción internacional. Su nombre, su repertorio y su historia ya tienen suficiente valor para llenar escenarios con una producción considerablemente más pequeña.
Hay además una ventaja artística. En KISS, el espectáculo estaba cuidadosamente diseñado y debía respetar una identidad visual construida durante décadas. Con su banda actual, Simmons puede experimentar. Puede modificar el repertorio, incorporar músicos, invitar seguidores y recuperar canciones que nunca tuvieron espacio en los conciertos de KISS. La reducción de la maquinaria también aumentó su libertad.
A casi tres años de aquella última noche de KISS, Simmons demuestra que una despedida puede tener diferentes significados. Para KISS terminó una era; para él terminó una forma de trabajar. El músico no abandonó el escenario: simplemente dejó atrás los camiones, los grandes equipos y la gigantesca producción que durante décadas acompañaron a la banda.
Su nueva etapa tiene una lógica casi empresarial: menos personal, menos transporte, menos infraestructura y más control sobre el espectáculo. Pero detrás de esa fórmula hay una razón mucho más personal. Simmons todavía encuentra en el contacto directo con el público aquello que convirtió a la música en su profesión.
KISS puede estar construyendo ahora su futuro mediante películas, series, parques temáticos y avatares. Gene Simmons eligió otra ruta. Mientras pueda subir a un escenario y escuchar al público responder, para él la historia todavía no terminó.
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