Una obra maestra de la escultura griega clásica que desapareció hace siglos volvió a ocupar un espacio público en Pompeya, aunque no se trata del descubrimiento del original, sino de una reconstrucción en bronce realizada a partir de las evidencias arqueológicas conservadas. El Parque Arqueológico de Pompeya presentó una nueva recreación del Canon de Policleto, una obra del siglo V a. C. cuyo original se perdió y cuya existencia se conoce principalmente gracias a copias romanas y a las referencias históricas relacionadas con el escultor griego.
La nueva estatua fue instalada en la Palestra Grande de Pompeya, el enorme gimnasio utilizado por los habitantes de la antigua ciudad romana. El lugar no fue elegido al azar: la presencia de una representación de un atleta idealizado dentro de un espacio destinado precisamente al ejercicio físico permite recuperar parte de la relación que existía en la Antigüedad entre cuerpo, deporte, educación y belleza.
La reconstrucción fue realizada más de 2.000 años después de la creación de la obra original. Para intentar recuperar su aspecto, los especialistas utilizaron diferentes piezas arqueológicas como referencia. Una copia romana en mármol encontrada en Pompeya a finales del siglo XIX proporcionó la base principal de la figura, mientras que para reconstruir la cabeza se recurrió a un busto de bronce hallado en una villa de Herculano, la ciudad vecina que también quedó sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79.
El protagonista de esta historia es Policleto, uno de los grandes escultores de la Grecia clásica. Vivió durante el siglo V a. C. y desarrolló una concepción extremadamente precisa de las proporciones humanas. Su objetivo no era reproducir simplemente el cuerpo de una persona concreta, sino establecer una representación ideal del ser humano mediante relaciones matemáticas entre las distintas partes del cuerpo.
De esa búsqueda nació el Canon, cuyo nombre procede precisamente de la idea de una regla o modelo de proporciones. Policleto habría desarrollado un tratado teórico con ese nombre, actualmente perdido, en el que explicaba sus principios para representar el cuerpo humano de manera armónica. La escultura asociada a ese sistema también desapareció, pero su influencia sobrevivió durante siglos gracias a las numerosas copias realizadas posteriormente por los romanos.
La figura representa a un joven atleta desnudo, de cuerpo musculoso y proporciones cuidadosamente calculadas. Su postura transmite movimiento y equilibrio, una característica fundamental de la escultura clásica griega. No se trata de una figura rígida, sino de un cuerpo cuya distribución del peso genera una sensación de naturalidad.
Ese tipo de representación constituyó una revolución en la historia del arte occidental. Los escultores griegos comenzaron a abandonar progresivamente las representaciones rígidas y frontales de épocas anteriores para estudiar con mayor precisión la anatomía, el movimiento y la relación entre las diferentes partes del cuerpo.
Policleto llevó esa investigación a un nivel particularmente sofisticado. Su interés por las proporciones convirtió la escultura en una combinación de observación anatómica, matemática y filosofía estética.
La importancia del Canon no terminó con Grecia. Los romanos admiraron profundamente el arte griego y reprodujeron numerosas esculturas de los grandes maestros helénicos, especialmente cuando Roma extendió su poder por el Mediterráneo y comenzó a incorporar elementos de la cultura griega a sus propias élites.
Pompeya constituye precisamente uno de los lugares donde esa transmisión cultural quedó excepcionalmente conservada. Las casas, villas, espacios públicos y edificios religiosos de la ciudad estaban llenos de obras inspiradas en modelos griegos, muchas de ellas realizadas por artistas romanos o por talleres especializados en reproducir esculturas famosas.
La erupción del Vesubio del año 79 terminó convirtiendo a Pompeya en una especie de cápsula arqueológica. La ceniza y los materiales volcánicos cubrieron edificios, objetos, pinturas y esculturas, preservando una enorme cantidad de información sobre la vida cotidiana y la cultura del mundo romano.
Entre esas piezas aparecieron copias relacionadas con las obras de Policleto. Una de ellas fue utilizada ahora como referencia para reconstruir el Canon.
La elección de la cabeza es igualmente significativa. El busto de bronce procedente de Herculano aporta características que permiten complementar la información obtenida de la copia de mármol encontrada en Pompeya. Los especialistas tuvieron que comparar diferentes evidencias para intentar aproximarse a la apariencia que pudo tener el original griego.
No se trata, por lo tanto, de una reconstrucción basada en una única pieza. Es una interpretación arqueológica construida a partir de diferentes fragmentos de información que sobrevivieron durante más de dos milenios.
Ese aspecto resulta fundamental para comprender qué significa “recuperar” una obra perdida. El Canon original no reapareció. Ningún arqueólogo encontró la estatua de Policleto escondida bajo las ruinas de Pompeya. Lo que se recuperó fue la posibilidad de reconstruir visualmente cómo pudo haber sido aquella obra desaparecida.
La técnica utilizada para fabricar la nueva pieza también busca reproducir procedimientos antiguos. Los responsables recurrieron a la fundición a la cera perdida, una técnica utilizada por escultores griegos y romanos para fabricar grandes piezas de bronce.
El procedimiento comienza con la elaboración de un modelo en cera. Sobre ese modelo se coloca una capa de material refractario, normalmente arcilla, que posteriormente se calienta. La cera se derrite y sale del molde, dejando una cavidad que luego puede llenarse con bronce fundido.
Una vez que el metal se enfría, se rompe la cubierta exterior y aparece la escultura. Después comienza un proceso de acabado, corrección y tratamiento de la superficie.
La reconstrucción también recuperó otro aspecto que durante mucho tiempo fue olvidado: las esculturas antiguas no necesariamente tenían el aspecto monocromático que hoy asociamos con el mármol y el bronce clásico.
La nueva estatua fue sometida a un proceso de policromía, incorporando tonos oscuros al cuerpo y al cabello y una franja roja en los labios.
La recuperación del color cambia radicalmente la percepción del arte clásico. Durante siglos, la imagen dominante de Grecia y Roma fue la de esculturas blancas y superficies de mármol desnudas. La arqueología moderna ha demostrado que muchas esculturas y edificios estaban originalmente pintados con colores intensos.
Esto significa que el mundo visual de los antiguos griegos y romanos era mucho más colorido de lo que suele mostrar la cultura popular.
La reconstrucción también incorpora una cuestión particularmente interesante relacionada con el objeto que sostiene el atleta. Durante mucho tiempo se interpretó que la figura portaba una lanza, pero investigaciones posteriores llevaron a cuestionar esa identificación.
El problema surgió en parte por la asociación con otra obra de Policleto: el Doríforo, cuyo propio nombre significa “portador de lanza”. La confusión entre ambas esculturas llevó durante años a representar el Canon con un arma que posiblemente no correspondía al modelo original.
Las investigaciones actuales sostienen que Canon y Doríforo deben diferenciarse, aunque ambas obras compartan características estilísticas y estén relacionadas con la búsqueda de proporciones ideales desarrollada por Policleto.
La distinción no es un detalle menor para los especialistas. Identificar correctamente la postura, el objeto sostenido y la distribución del peso permite reconstruir con mayor precisión la composición original.
El proyecto también está relacionado con una decisión adoptada por el Parque Arqueológico de Pompeya en 2022. Ese año, la institución adquirió la histórica fundición Chiurazzi, una empresa napolitana fundada en el siglo XIX que conservaba más de 1.000 moldes de yeso de obras de Pompeya y Herculano.
La intervención del Estado italiano evitó que ese patrimonio terminara dispersándose fuera del país. Los moldes constituyen una colección de enorme valor porque documentan esculturas arqueológicas que fueron reproducidas en diferentes períodos y permiten estudiar la manera en que las obras antiguas fueron interpretadas y reconstruidas.
El director del Parque Arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, defendió precisamente la necesidad de mantener activos esos materiales. Los moldes de yeso pueden deteriorarse con el tiempo, especialmente cuando permanecen almacenados sin ser utilizados.
La recuperación del Canon representa, por lo tanto, mucho más que una exposición artística. Es también un experimento sobre cómo utilizar las herramientas de la arqueología, la artesanía tradicional y la investigación histórica para devolver visibilidad a una obra que desapareció físicamente.
La iniciativa plantea además una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto una reconstrucción puede considerarse una obra antigua?
La respuesta depende de cómo se interprete. La estatua expuesta en Pompeya no es el Canon original de Policleto. Es una reconstrucción contemporánea basada en evidencias antiguas. Su valor reside precisamente en hacer visible una obra cuyo original se perdió y en permitir al público comprender cómo funcionaba el modelo artístico que influyó sobre generaciones posteriores.
La situación es comparable con otros grandes ejemplos del arte antiguo cuyos originales desaparecieron pero sobrevivieron mediante copias romanas. Buena parte del conocimiento actual sobre determinados escultores griegos procede precisamente de estas reproducciones.
Sin la arqueología romana, numerosos aspectos del arte griego clásico serían mucho más difíciles de reconstruir. Las copias romanas actuaron involuntariamente como archivos de obras que posteriormente desaparecieron.
Pompeya ocupa un lugar excepcional dentro de ese proceso porque conserva las obras en el contexto en que fueron utilizadas. No solamente sabemos qué esculturas existían, sino también dónde podían encontrarse, qué espacios decoraban y qué relación tenían con la vida cotidiana de sus propietarios y usuarios.
La Palestra Grande es particularmente apropiada para la nueva estatua. Era un espacio destinado al ejercicio y a la formación física, por lo que una representación idealizada de un atleta encaja directamente con la función histórica del lugar.
En la cultura griega, el cuerpo humano tenía además una dimensión filosófica. La armonía física estaba vinculada con conceptos de equilibrio, proporción y virtud, y la representación del cuerpo masculino desnudo ocupaba un lugar central dentro de la escultura clásica.
Los romanos heredaron buena parte de esa concepción y la transformaron. Las copias de esculturas griegas se convirtieron en símbolos de educación, prestigio y sofisticación cultural entre las élites romanas.
La nueva pieza permite visualizar esa cadena de transmisión: un escultor griego del siglo V a. C.; copias realizadas durante la época romana; restos conservados en Pompeya y Herculano; moldes elaborados en la era moderna; y finalmente una nueva escultura de bronce fabricada en el siglo XXI.
Más de dos mil años de historia quedan concentrados en una sola figura.
El proyecto también coincide con una discusión contemporánea sobre la protección del patrimonio arqueológico. Italia ha reclamado en los últimos años la devolución de determinadas piezas que considera obtenidas ilegalmente durante excavaciones o actividades de saqueo.
Entre los casos vinculados indirectamente con esta iniciativa se encuentra el Doríforo conservado en el Minneapolis Institute of Art, cuya restitución ha sido reclamada por Italia debido a su supuesto origen ilícito. Las autoridades italianas sostienen que la pieza habría sido saqueada en Castellammare di Stabia durante la década de 1970.
La disputa demuestra que la historia de las esculturas antiguas no termina en el momento de su creación. Después de dos milenios, las obras siguen generando conflictos sobre propiedad, procedencia, conservación y restitución.
La adquisición de la fundición Chiurazzi también forma parte de ese debate. Los moldes conservados allí representan una etapa posterior de la historia del patrimonio: son reproducciones de obras antiguas que fueron realizadas cuando Europa desarrolló un enorme interés por el arte clásico y comenzó a reproducir esculturas arqueológicas para museos y coleccionistas.
Ahora, esas reproducciones se convierten nuevamente en herramientas científicas y educativas.
El Canon de Policleto reconstruido en Pompeya funciona así como una especie de puente entre épocas. Permite observar cómo una idea artística concebida en la Grecia del siglo V a. C. fue adoptada por Roma, sobrevivió indirectamente gracias a las copias, desapareció físicamente y finalmente volvió a aparecer mediante una reconstrucción contemporánea.
La historia también demuestra que una obra perdida no necesariamente desaparece por completo. Puede sobrevivir en textos, fragmentos, copias, moldes, dibujos, descripciones y recuerdos transmitidos por generaciones.
En el caso del Canon, esa supervivencia fue particularmente poderosa porque el concepto de proporción desarrollado por Policleto continuó influyendo en la historia del arte occidental.
Durante el Renacimiento, los artistas volvieron a estudiar intensamente las proporciones del cuerpo humano, y la tradición clásica se convirtió nuevamente en uno de los principales referentes de la cultura europea.
La búsqueda de un cuerpo humano ideal, equilibrado y matemáticamente proporcionado continuó apareciendo en la escultura y la pintura durante siglos.
Por eso, la reconstrucción presentada en Pompeya no es solamente una mirada hacia el pasado. También permite comprender de dónde surgieron algunas de las ideas que posteriormente moldearon el arte europeo.
La estatua volverá ahora a cumplir una función que sus creadores antiguos probablemente habrían comprendido perfectamente: ser observada, estudiada y utilizada para transmitir una determinada concepción de la belleza humana.
Y existe una última paradoja. El original desapareció hace mucho tiempo, pero su influencia nunca desapareció.
Policleto murió hace más de dos mil años y su tratado Canon se perdió, pero su idea de que el cuerpo humano podía representarse mediante relaciones precisas entre sus partes continúa siendo estudiada.
Ahora, en la Palestra Grande de Pompeya, esa idea vuelve a tener una forma física.
No es el regreso literal de una escultura perdida. Es la reconstrucción de una memoria artística que sobrevivió a la desaparición del original.
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