
Una investigación realizada en Uruguay encontró alteraciones en la memoria, la atención y distintas funciones ejecutivas entre adultos que consumen cannabis de manera habitual. El trabajo también detectó una disminución del flujo sanguíneo en determinadas regiones del cerebro y observó que las modificaciones fueron más extensas entre quienes consumían cannabis de mayor potencia, es decir, con una concentración más elevada de THC, el principal componente psicoactivo de la marihuana.
La investigación fue encabezada por Rodolfo Ferrando, profesor agregado de Medicina Nuclear e Imagenología Molecular de la Universidad de la República, y constituye un trabajo centrado específicamente en el cannabis que circula dentro del mercado regulado uruguayo. El proyecto fue aprobado por el Comité de Ética del Hospital de Clínicas en 2019 y las evaluaciones se desarrollaron entre septiembre de 2020 y noviembre de 2025.
Para realizar el análisis se estudiaron 21 consumidores de marihuana adquirida en farmacias, 20 personas que utilizaban cannabis procedente del autocultivo o de clubes cannábicos y siete personas que no consumían. Los participantes fueron sometidos a diferentes pruebas destinadas a evaluar memoria, atención, lenguaje, velocidad de procesamiento y funcionamiento ejecutivo, además de estudios de imagen para observar la actividad cerebral.
Uno de los resultados más destacados apareció en las pruebas de memoria. Los consumidores presentaron un menor rendimiento en el proceso de aprendizaje y en la capacidad para recordar información, en comparación con el grupo utilizado como referencia. La atención también mostró resultados inferiores, lo que indica que las diferencias no se limitaron a una única capacidad cognitiva.
El estudio también encontró modificaciones en las llamadas funciones ejecutivas, un conjunto de capacidades que permite organizar una conducta, controlar impulsos, cambiar de estrategia y adaptarse a situaciones nuevas. Entre los aspectos que aparecieron disminuidos estuvieron el control inhibitorio y la flexibilidad mental, dos mecanismos fundamentales para tomar decisiones y responder adecuadamente ante diferentes circunstancias.
Otro elemento que llamó la atención de los investigadores fue la relación con la potencia del cannabis. Los participantes que utilizaban variedades con mayor concentración de THC presentaron alteraciones más marcadas, especialmente en las regiones prefrontales del cerebro. Las zonas prefrontales intervienen en procesos cognitivos complejos, entre ellos la planificación, el control de la conducta, la toma de decisiones y la regulación de respuestas.
Los estudios de imagen también mostraron una reducción del flujo sanguíneo en regiones frontales y temporales entre los consumidores habituales. Según Ferrando, las alteraciones fueron particularmente evidentes en usuarios de cannabis de alta potencia y alcanzaron áreas relacionadas con funciones cognitivas superiores y con los circuitos cerebrales vinculados al sistema de recompensa.
El investigador, sin embargo, introdujo un elemento importante al interpretar los resultados: las alteraciones observadas no necesariamente deben considerarse permanentes. Según la investigación y la evidencia internacional citada por Ferrando, algunos de los efectos sobre las funciones cerebrales pueden ser reversibles, al menos parcialmente, después de abandonar o reducir el consumo. Esto significa que el estudio no permite afirmar que todas las personas que consumen cannabis desarrollarán un deterioro irreversible.
El trabajo adquiere especial interés en Uruguay porque el país mantiene desde 2017 un sistema de regulación legal del cannabis. Los adultos pueden acceder a la sustancia mediante farmacias autorizadas, autocultivo o clubes cannábicos, aunque para utilizar cualquiera de las tres modalidades deben estar registrados. La existencia de un mercado regulado permitió estudiar específicamente los efectos asociados a productos obtenidos legalmente y no únicamente los derivados de sustancias de composición desconocida.
El mercado, además, continúa creciendo. Datos recientes del Instituto de Regulación y Control del Cannabis muestran que las ventas en farmacias durante el primer cuatrimestre de 2026 fueron superiores a las del mismo período de 2025. En marzo se comercializaron 525 kilos, frente a los 348 kilos registrados durante el mismo mes del año anterior, un aumento del 51%.
La evolución del mercado también modificó el tipo de cannabis disponible. En las farmacias comenzaron comercializándose variedades con concentraciones relativamente bajas de THC, pero posteriormente se incorporaron opciones de mayor potencia. La variedad Épsilon, por ejemplo, puede alcanzar hasta un 20% de THC y pasó a ocupar un lugar importante dentro de la oferta farmacéutica.
Esto resulta relevante porque uno de los principales hallazgos de la investigación apunta precisamente a la concentración de THC. No todos los productos de cannabis presentan la misma potencia, y la cantidad de este compuesto puede modificar la intensidad de los efectos psicoactivos. El estudio uruguayo encontró que las alteraciones cerebrales eran más marcadas entre quienes utilizaban cannabis de mayor potencia.
La investigación también se desarrolla en un contexto en el que Uruguay busca reforzar la información sobre los riesgos del consumo. La Junta Nacional de Drogas señala que la regulación del mercado no significa que el cannabis esté libre de riesgos y advierte sobre posibles efectos en concentración, memoria, aprendizaje, reflejos y capacidad para realizar tareas complejas.
El nuevo trabajo aporta ahora información obtenida específicamente mediante evaluaciones cognitivas e imágenes cerebrales en personas que utilizan cannabis del mercado regulado. Su importancia está en que permite observar el fenómeno desde una realidad particular: un país donde el acceso legal existe desde hace casi una década y donde es posible analizar diferentes formas de consumo dentro de un sistema regulado.
De todos modos, los resultados deben interpretarse con prudencia. El tamaño de la muestra es reducido y el estudio compara grupos de consumidores con un grupo de referencia pequeño. Por eso, los resultados aportan evidencia relevante sobre asociaciones entre consumo habitual y determinadas alteraciones cognitivas y cerebrales, pero no permiten extrapolar automáticamente las conclusiones a todas las personas que consumen cannabis ni establecer que cada alteración observada sea causada exclusivamente por la marihuana.
También es importante diferenciar entre consumo ocasional y consumo frecuente. La investigación uruguaya se concentró en consumidores habituales y crónicos, por lo que sus conclusiones no deben utilizarse para afirmar que cualquier exposición aislada producirá los mismos efectos.
El factor de la edad también merece atención. El cerebro continúa desarrollándose durante la adolescencia y la juventud, y diferentes investigaciones internacionales han encontrado asociaciones entre el consumo de cannabis y un menor rendimiento en determinadas capacidades cognitivas durante esas etapas. Una revisión científica publicada en 2026 encontró que los efectos relacionados con la memoria son uno de los resultados más consistentes de la literatura, aunque los resultados sobre funciones ejecutivas son más variables y dependen de la edad, la intensidad del consumo y la metodología utilizada.
En Uruguay, además, la normativa establece que solamente los mayores de 18 años pueden acceder legalmente al cannabis. La regulación busca ordenar el mercado y reducir determinados riesgos, pero no elimina los efectos psicoactivos ni las posibles consecuencias asociadas al consumo frecuente.
El estudio de Ferrando coloca así nuevamente la discusión sobre la mesa. La legalización permitió controlar la producción y comercialización, conocer mejor los productos y establecer mecanismos de registro, pero también generó la posibilidad de observar durante varios años qué ocurre con consumidores habituales dentro de un mercado regulado.
La principal conclusión no es que toda persona que consuma marihuana sufrirá un daño cerebral permanente, sino que el consumo frecuente de cannabis no puede considerarse completamente inocuo y que los efectos observados parecen ser más importantes cuando aumenta la potencia del THC. La memoria, la atención y el control de determinadas funciones ejecutivas aparecen entre las capacidades más comprometidas en los participantes analizados.
El hallazgo abre además una nueva discusión para las políticas públicas uruguayas. A medida que aumenta la disponibilidad de productos con diferentes concentraciones de THC, la información sobre potencia, frecuencia de consumo y riesgos cognitivos adquiere un papel cada vez más importante. El desafío será trasladar la evidencia científica a campañas de prevención que permitan que los consumidores conozcan los posibles efectos sin confundir regulación con ausencia de riesgos.
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