
En la primera parte comprendimos que, desde la mirada de Erich Fromm, amar no significa aferrarse, poseer ni desaparecer dentro del otro. El amor maduro requiere conservar la propia individualidad mientras construimos una unión genuina.
Pero comprenderlo es apenas el comienzo. ¿Qué ocurre cuando aprendemos a amarnos, a dar sin vaciarnos y a relacionarnos sin convertir el miedo a perder en una necesidad de controlar?
En esta segunda parte profundizaremos en el amor propio, la libertad, la capacidad de dar y la construcción de vínculos maduros, para descubrir una de las ideas más poderosas de Fromm: amar no consiste solamente en encontrar a alguien que nos ame, sino en desarrollar nosotros mismos la capacidad de amar.
- Sin respeto, el amor puede convertirse en dominación:
Para Fromm, el respeto es inseparable del amor.
Respetar significa ser capaz de percibir al otro tal como es y reconocer su individualidad.
Esto tiene una consecuencia profunda: si realmente respeto a alguien, no intento moldearlo exclusivamente según mis necesidades.
La dependencia emocional puede hacer exactamente lo contrario.
Queremos que el otro permanezca porque necesitamos que permanezca.
Queremos que piense de determinada manera porque eso disminuye nuestra inseguridad.
Queremos saber dónde está, qué hace o con quién habla porque la incertidumbre nos resulta intolerable.
El respeto introduce una idea diferente:
“Puedo amarte profundamente sin impedirte ser tú.”
La autonomía, entonces, no es enemiga del amor. Es una de las condiciones que permiten que el vínculo no se convierta en sometimiento.
- No podemos amar realmente a alguien que no conocemos:
El cuarto elemento fundamental es el conocimiento.
Fromm vincula cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. No podemos respetar verdaderamente a una persona si únicamente conocemos la imagen que hemos construido de ella.
Aquí aparece un problema frecuente en las relaciones dependientes: la idealización.
No vemos solamente quién es el otro; vemos quién necesitamos que sea.
Entonces aparecen pensamientos absolutos:
“Es perfecto para mí.”
“Es la única persona capaz de comprenderme.”
“Nunca encontraré a alguien semejante.”
“Mi vida no tendría sentido sin esta persona.”
Cuando idealizamos, podemos terminar enamorados no de la persona real, sino de nuestra representación de ella.
Conocer implica aceptar virtudes, contradicciones, limitaciones y defectos.
El amor maduro necesita realidad, no fantasía.
- El amor a uno mismo no es egoísmo: Este es uno de los aspectos especialmente importantes del pensamiento de Fromm.
Para él, el amor hacia uno mismo y el amor hacia los demás no son necesariamente opuestos.
Si una persona es capaz de desarrollar genuinamente la capacidad de amar, esa actitud también debe incluirse a sí misma.
Esto cambia radicalmente nuestra comprensión de la dependencia.
Amarse no significa pensar:
“No necesito a nadie.”
Significa reconocer:
“Yo también soy alguien digno de cuidado, respeto y consideración.”
Por eso una persona puede amar profundamente y, al mismo tiempo, establecer límites.
Puede amar y decir “no”.
Puede amar y conservar sus proyectos.
Puede amar y reconocer que una relación le está haciendo daño.
Puede incluso amar a alguien y decidir no permanecer a su lado.
El amor propio no destruye necesariamente el vínculo; evita que para conservarlo tengamos que destruirnos a nosotros mismos.
- El amor es una actividad, no simplemente algo que recibimos:
Una de las tesis centrales de El arte de amar es que amar constituye una capacidad que debe cultivarse, no simplemente una experiencia pasiva que nos sucede. Fromm presenta el amor como un arte que requiere práctica, conocimiento y esfuerzo.
Esta perspectiva cuestiona una idea muy común:
“Seré feliz cuando encuentre a alguien que me ame correctamente.”
Fromm desplaza la pregunta.
En lugar de concentrarnos únicamente en:
“¿Quién me amará?”
podemos preguntarnos:
“¿He desarrollado yo la capacidad de amar?”
Esto implica madurez, disciplina, paciencia y trabajo interior.
La persona dependiente concentra gran parte de su energía en conseguir, conservar o recuperar el amor del otro.
La persona que desarrolla una capacidad madura para amar también trabaja sobre quién es ella dentro de la relación.
- Dar no significa empobrecerse: Fromm también concede gran importancia al acto de dar.
Pero dar desde el amor no significa vaciarse para que otra persona permanezca.
Existe una enorme diferencia entre:
“Te doy porque amo” y
“Te doy todo porque tengo miedo de que, si dejo de hacerlo, me abandones.”
Exteriormente ambas conductas pueden parecer sacrificio o generosidad.
Psicológicamente pueden provenir de lugares completamente distintos.
Cuando una persona entrega continuamente tiempo, dinero, proyectos, amistades, dignidad o bienestar para evitar una ruptura, ya no estamos simplemente ante generosidad. Puede existir miedo detrás de esa entrega.
El amor maduro permite dar sin desaparecer en aquello que damos.
- La libertad y el amor no son enemigos: En el pensamiento de Fromm existe una preocupación constante por la libertad humana.
Muchas personas desean libertad, pero al mismo tiempo sienten miedo ante ella porque ser libres también significa asumir responsabilidad, incertidumbre e individualidad.
Algo semejante puede ocurrir dentro de las relaciones.
Queremos amar, pero también queremos garantías:
“Prométeme que nunca cambiarás.”
“Prométeme que jamás te irás.”
“Demuestra constantemente que todavía me amas.”
El problema es que ninguna relación humana puede eliminar completamente la incertidumbre.
Intentar conseguir seguridad absoluta mediante control puede terminar destruyendo precisamente aquello que pretendíamos proteger.
La madurez consiste en aprender a vincularnos profundamente sin convertir el vínculo en una prisión.
- Amor maduro: unión sin perder la individualidad: Aquí encontramos posiblemente la idea que mejor sintetiza la relación entre el pensamiento de Fromm y lo que actualmente denominamos dependencia emocional.
El objetivo no es dejar de necesitar afecto.
Tampoco consiste en convertirse en alguien emocionalmente inaccesible.
Mucho menos significa proclamar:
“Yo no necesito a nadie.”
Eso también podría convertirse en otra forma de defensa frente a la vulnerabilidad.
La propuesta es mucho más profunda:
aprender a vincularse sin desaparecer dentro del vínculo.
Dos personas pueden acompañarse, necesitar afecto, construir proyectos, experimentar intimidad y apoyarse mutuamente sin que ninguna tenga que renunciar a su identidad para garantizar que la otra permanezca.
Cuando amar deja de significar necesitar.
Desde una perspectiva inspirada fielmente en Fromm, superar la dependencia emocional no significa aprender a vivir sin vínculos.
Significa transformar nuestra manera de vincularnos.
Pasar de la posesión al respeto.
De la idealización al conocimiento.
Del control al reconocimiento de la libertad.
De la necesidad de ser salvados a la responsabilidad personal.
Del abandono de uno mismo al amor propio.
Y de la fusión que elimina la identidad a una unión donde continúan existiendo dos personas completas.
Por eso quizá la pregunta más importante no sea:
“¿Cómo consigo dejar de necesitar a esta persona?”
Sino:
“¿Cómo puedo aprender a amar sin dejar de ser yo?”
Ahí aparece una distinción fundamental.
La dependencia dice:
“Te necesito para sentirme completo.”
La posesión dice:
“Te quiero conmigo para sentirme seguro.”
El amor maduro, en cambio, permite algo mucho más difícil:
“Puedo conservar mi individualidad, reconocer la tuya y, desde esa libertad, construir contigo.”
Ese planteamiento está mucho más cerca del pensamiento de Erich Fromm que muchas de las listas de consejos que actualmente circulan atribuidas a él.
Porque para Fromm, amar no consiste simplemente en encontrar a la persona correcta.
Consiste, fundamentalmente, en desarrollar nuestra propia capacidad de amar.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.”1 Corintios 13:4-5, (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★DEPENDENCIA EMOCIONAL Y AMOR MADURO: UNA MIRADA DESDE ERICH FROMM. (Parte 2).
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