El Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) activó una alerta fitosanitaria preventiva ante el riesgo de ingreso a Paraguay de la denominada “escoba de bruja de la mandioca”, una enfermedad causada por el hongo Ceratobasidium theobromae, anteriormente conocido como Rhizoctonia theobromae. La plaga todavía no fue detectada en Paraguay, pero su presencia en países de la región elevó la preocupación de las autoridades sanitarias. El organismo la mantiene catalogada como Plaga Cuarentenaria Ausente, debido al potencial impacto que podría generar sobre uno de los cultivos de importancia tanto para la agricultura familiar como para la actividad comercial paraguaya.
La preocupación se debe principalmente a la capacidad del hongo para afectar el sistema vascular de la planta, interfiriendo en el transporte de agua y nutrientes. De acuerdo con la jefa de Vigilancia Fitosanitaria del Senave, Carolina Garay, se trata de un patógeno agresivo que puede provocar reducción del crecimiento, necrosis de las hojas y una caída considerable de la producción. Si la enfermedad ingresara y lograra establecerse en una plantación, el rendimiento podría disminuir hasta 90%, mientras que la alerta oficial contempla escenarios de pérdidas de entre 80% y 100% del rendimiento. La diferencia depende de las condiciones y del nivel de afectación del cultivo.
El nombre popular de la enfermedad surge de uno de sus signos más característicos. Las plantas afectadas pueden desarrollar una proliferación anormal de hojas y ramas en las puntas, adquiriendo una apariencia semejante a una escoba. También pueden observarse hojas amarillentas o deformadas, pecíolos más pequeños, necrosis vascular y una coloración oscura o amarronada en los tallos. La identificación temprana resulta fundamental porque, una vez que la planta está infectada, no existe actualmente un tratamiento curativo capaz de eliminar la enfermedad.
El riesgo de ingreso está especialmente relacionado con el movimiento de material utilizado para la propagación de la mandioca. El hongo puede transmitirse mediante estacas infectadas, incluso cuando estas no presentan síntomas visibles, y también existen mecanismos de dispersión asociados a esporas transportadas por el viento e insectos vectores chupadores de savia. Por este motivo, el Senave recomienda a los productores no introducir material de propagación procedente de zonas donde la enfermedad haya sido detectada y utilizar estacas certificadas o de origen conocido, seleccionando cuidadosamente el material destinado a nuevas plantaciones.
La amenaza adquirió una dimensión regional después de que la enfermedad fuera detectada en Guayana Francesa en 2023 y posteriormente aparecieran síntomas compatibles en 2025 en una zona de Brasil próxima a ese territorio. Para Paraguay, la cercanía geográfica con Brasil y la circulación de productos y material vegetal hacen que la vigilancia sea especialmente importante. Por eso, el Senave está trabajando con organismos de Brasil, Argentina y Bolivia, además del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), con sede en Colombia, para perfeccionar los métodos de identificación y buscar materiales de mandioca que puedan presentar resistencia a la enfermedad.
La respuesta paraguaya se concentra actualmente en evitar que la enfermedad ingrese y consiga establecerse, antes que en combatir focos existentes, porque no existe un registro confirmado de la plaga dentro del territorio nacional. El Senave prepara materiales visuales con fotografías de los síntomas para ayudar a los productores a reconocer posibles casos y trabaja con el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) para distribuir información mediante los servicios de extensión agrícola. La institución también solicita que cualquier síntoma sospechoso sea comunicado a las autoridades fitosanitarias para permitir una investigación rápida y evitar una eventual propagación.
El impacto potencial no sería solamente agrícola, sino también económico y social. La mandioca constituye una fuente de alimentos e ingresos para numerosos productores, especialmente dentro de la agricultura familiar, por lo que una caída severa de los rendimientos podría reducir los ingresos de las familias rurales, aumentar los costos de producción y afectar la disponibilidad de materia prima para diferentes actividades comerciales. La experiencia con otras enfermedades agrícolas demuestra que una plaga que logra establecerse puede exigir durante años inversiones en vigilancia, manejo, investigación y control, además de generar pérdidas productivas.
La prevención adquiere todavía más importancia porque la enfermedad no representa un riesgo para la salud humana. El problema es exclusivamente fitosanitario: el objetivo de las autoridades es proteger las plantas, la producción y el valor económico del cultivo. Por ello, la alerta no significa que la población deba dejar de consumir mandioca, sino que los productores y quienes trabajan con material vegetal deben extremar las precauciones para impedir la introducción del patógeno.
Para Paraguay, la situación también demuestra la importancia de fortalecer la cooperación fitosanitaria dentro del Mercosur y de América del Sur. Las enfermedades agrícolas no respetan fronteras y pueden desplazarse mediante el comercio, el transporte de material vegetal o determinados vectores. La coordinación entre los servicios sanitarios de los países vecinos permite compartir información, mejorar los diagnósticos y establecer medidas preventivas antes de que una amenaza se transforme en una emergencia productiva.
La alerta sobre la “escoba de bruja” funciona, por tanto, como una advertencia para toda la cadena de producción de mandioca: el principal objetivo ahora es impedir que la enfermedad entre al país. La utilización de material sano y certificado, la vigilancia permanente de los cultivos y la comunicación inmediata de síntomas sospechosos son las principales herramientas disponibles. Si Paraguay consigue mantener al patógeno fuera de sus plantaciones y profundiza la investigación regional sobre variedades resistentes, podrá reducir considerablemente el riesgo de una enfermedad que, de establecerse, podría comprometer hasta la totalidad del rendimiento en los casos más severos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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