
El SASSMAQ, sistema creado por la Asociación Brasileña de la Industria Química (Abiquim), está adquiriendo un peso cada vez mayor en la selección de empresas que transportan productos químicos por carretera dentro del Mercosur. Aunque su adhesión es voluntaria y no constituye una exigencia legal para operar, grandes industrias químicas lo utilizan como criterio de homologación de proveedores, lo que en la práctica puede determinar qué transportadoras llegan siquiera a participar de una cotización.
El sistema fue creado en 2001 y evalúa aspectos relacionados con seguridad, salud ocupacional, medio ambiente y calidad. Su metodología tomó como referencia el programa internacional Responsible Care y también incorpora criterios de gestión de calidad inspirados en estructuras similares a las utilizadas por la ISO 9001.
La particularidad del SASSMAQ es que funciona como un filtro previo. Una empresa puede contar con autorización legal para transportar mercancías y aun así quedar fuera de determinados contratos si no dispone de la evaluación exigida por el sector químico. La certificación no es obligatoria por ley, pero puede resultar determinante para acceder a una parte importante del mercado.
La evaluación comprende documentación, instalaciones, vehículos, procedimientos operativos, capacitación y mecanismos de seguridad. El proceso es realizado por organismos certificadores habilitados y el certificado tiene una vigencia de dos años, con auditorías de seguimiento durante ese período.
Para las empresas que trabajan dentro del Mercosur, la exigencia se suma a los requisitos propios del transporte internacional. Una carga que atraviesa una frontera terrestre debe cumplir las disposiciones del Acuerdo sobre Transporte Internacional Terrestre (ATIT) y contar con las habilitaciones correspondientes para operar en los países involucrados.
En el caso de una transportadora brasileña, por ejemplo, la operación internacional requiere una Licencia Originaria otorgada por la ANTT y posteriormente una Licencia Complementaria en el país de destino. Cuando se trata de productos peligrosos, se incorporan además exigencias específicas relacionadas con documentación, identificación de la carga, preparación de los conductores y procedimientos para responder ante emergencias.
El resultado es un sistema de varios niveles. La transportadora debe estar habilitada para cruzar fronteras, cumplir las normas aplicables a productos peligrosos y, al mismo tiempo, superar los criterios privados establecidos por la industria química.
Esta combinación está modificando la competencia dentro del sector. Las empresas que no cuentan con la certificación pueden encontrarse con que ni siquiera son incluidas en las listas de proveedores habilitados de determinados fabricantes, independientemente del precio que puedan ofrecer por el servicio.
Para las industrias químicas, el objetivo está relacionado principalmente con la reducción de riesgos. El transporte de sustancias químicas implica posibilidades de accidentes, derrames, contaminación y daños a personas o al medio ambiente. Por eso, las compañías contratantes buscan conocer de antemano cómo trabaja la empresa que trasladará sus productos.
La certificación funciona así no solamente como una evaluación de calidad, sino también como una herramienta de gestión del riesgo dentro de toda la cadena logística.
El fenómeno tiene además una dimensión económica. Cuando disminuye el número de transportadoras capaces de cumplir simultáneamente con las exigencias legales, internacionales y privadas, aumenta la barrera de entrada para nuevos competidores. Las empresas que ya invirtieron en capacitación, mantenimiento de flotas, procedimientos de seguridad y certificaciones adquieren una posición más favorable.
Para los transportistas, sin embargo, mantener esos estándares representa un costo permanente. No se trata simplemente de obtener un documento y conservarlo durante dos años. La empresa debe mantener procedimientos, capacitar a sus trabajadores, revisar vehículos y demostrar que continúa cumpliendo los requisitos establecidos.
En las rutas internacionales, el desafío es todavía mayor porque la operación atraviesa diferentes jurisdicciones y sistemas aduaneros. Una empresa debe estar preparada para responder ante una emergencia no solamente en su propio territorio, sino también cuando el vehículo se encuentra en otro país.
Esto adquiere especial importancia para las rutas que conectan Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, donde existe un flujo permanente de mercancías por carretera. Chile también aparece dentro de las operaciones regionales de algunas empresas especializadas en transporte internacional, aunque no sea miembro pleno del Mercosur.
La evolución de los controles fronterizos agrega otra variable. La digitalización de los procesos aduaneros está aumentando la cantidad de información que debe estar disponible antes de que una carga llegue físicamente a la frontera.
La trazabilidad comienza a tener un papel cada vez más importante en el transporte internacional. Ya no se trata únicamente de presentar documentación cuando el camión llega a una aduana, sino de contar con información anticipada y verificable sobre la operación.
Para el sector químico, esa transformación puede favorecer a las empresas que ya cuentan con sistemas de control y registro adecuados. Una operación con mayor trazabilidad permite conocer quién transporta la carga, qué vehículo utiliza, quién conduce, qué documentación posee y cuáles son los procedimientos previstos ante una eventual emergencia.
También existe una relación creciente con las políticas ESG —ambientales, sociales y de gobernanza— de las grandes industrias. Las empresas contratantes están sometidas a una mayor presión para demostrar que sus proveedores cumplen estándares de seguridad y responsabilidad ambiental.
Un accidente protagonizado por un transportista contratado puede terminar afectando la imagen de la empresa propietaria de la carga. Por ese motivo, la selección del proveedor dejó de ser únicamente una cuestión de precio y disponibilidad.
La responsabilidad sobre la cadena logística se está extendiendo desde el fabricante hasta los operadores que participan del transporte. El SASSMAQ aparece en ese contexto como una herramienta que permite evaluar anticipadamente parte de esos riesgos.
La tendencia apunta a que estos filtros tengan todavía mayor importancia en los próximos años. A medida que aumenten la digitalización de las fronteras, la exigencia de información anticipada y los controles ambientales y de seguridad, las empresas con sistemas de gestión más estructurados tendrán mayores posibilidades de competir por contratos internacionales.
Esto puede beneficiar a los operadores consolidados, pero también plantea un desafío para pequeñas y medianas transportadoras que quieran ingresar al mercado químico. El costo de adecuar instalaciones, vehículos, capacitación y procedimientos puede convertirse en una barrera considerable para nuevos participantes.
El mercado, por lo tanto, avanza hacia una selección cada vez más basada en estándares. El precio del flete continúa siendo importante, pero puede pasar a ser un factor secundario cuando una empresa no cumple previamente con los requisitos considerados indispensables por el contratante.
En ese escenario, el SASSMAQ está dejando de funcionar solamente como una certificación asociada a la seguridad de las operaciones. En la práctica, se está convirtiendo en una puerta de entrada al negocio del transporte químico internacional en el Mercosur.
La transformación también refleja una tendencia más amplia dentro de la integración regional: la circulación de mercancías no depende únicamente de eliminar barreras comerciales, sino de armonizar procedimientos, mejorar la trazabilidad y elevar los estándares de seguridad.
Para las industrias químicas, esto significa contar con una cadena logística más controlada. Para las transportadoras, implica asumir mayores inversiones y mantener una preparación permanente para conservar su lugar en el mercado.
El futuro del transporte químico dentro del Mercosur estará cada vez más condicionado por la capacidad de las empresas para demostrar seguridad, trazabilidad, calidad y cumplimiento internacional. El SASSMAQ, aunque no sea una obligación legal, ya funciona como uno de los principales filtros privados del sector y puede determinar quién consigue transportar determinadas cargas y quién queda fuera de la competencia antes de siquiera presentar una cotización.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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