La muerte de Lucas, ocurrida en Portugal a los 49 años, cerró de manera inesperada la historia de la dupla sertaneja que formó junto a su hermano Matheus. Los dos músicos, que construyeron buena parte de su carrera en Europa, murieron con menos de seis años de diferencia: Matheus falleció en diciembre de 2020 por complicaciones de COVID-19 y Lucas murió ahora tras sufrir un infarto. La sucesión de ambas muertes volvió a poner en circulación entre admiradores y usuarios de las redes sociales la idea de que la dupla estaría marcada por una supuesta “maldición”. Sin embargo, no existe ninguna evidencia que permita sostener una explicación sobrenatural. Lo que sí existe es una historia familiar extraordinaria: dos hermanos que compartieron durante décadas escenarios, discos y una carrera internacional terminaron muriendo relativamente jóvenes y dejando atrás una trayectoria que tuvo en Portugal uno de sus principales centros de éxito.
La noticia de la muerte de Lucas fue confirmada por la grabadora Espacial. El cantante murió en Portugal durante la madrugada del 15 de agosto y, según las primeras informaciones difundidas, la causa fue un infarto. Su familia inició los procedimientos necesarios para trasladar el cuerpo a Brasil.
Su muerte ocurrió casi seis años después de la de su hermano. Matheus, cuyo nombre de nacimiento era Edilson da Silva Rodrigues, murió el 22 de diciembre de 2020, a los 57 años. Había regresado de Portugal poco antes de presentar síntomas de COVID-19, fue internado en Presidente Prudente y posteriormente intubado. Su estado se agravó con complicaciones de la enfermedad y no logró recuperarse.
La coincidencia temporal entre ambas muertes es el elemento que ahora alimenta el relato de una supuesta “maldición”. Pero las causas conocidas son completamente diferentes: Matheus murió por complicaciones de una infección por COVID-19 y Lucas sufrió un infarto. No existe evidencia médica o científica que permita establecer una relación entre ambos fallecimientos.
La historia de los hermanos comenzó mucho antes de que alcanzaran reconocimiento internacional. Lucas y Matheus construyeron una carrera como dupla sertaneja y terminaron desarrollando una relación especialmente fuerte con Portugal. Llegaron al país en 1993 y allí encontraron un público que acompañó durante años sus producciones y presentaciones.
El éxito europeo fue considerable. La dupla publicó numerosos discos, consiguió reconocimientos comerciales y realizó presentaciones en diferentes países. Su repertorio romántico encontró una audiencia particularmente receptiva en Portugal, donde terminaron convirtiéndose en uno de los nombres brasileños más conocidos dentro del circuito de música sertaneja.
Entre sus canciones más recordadas aparece “Paciência”, considerada uno de sus mayores éxitos. La dupla también grabó versiones y canciones que ampliaron su público fuera de Brasil. El Diccionario Cravo Albin registra una trayectoria internacional que incluyó Portugal, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Canadá y Mozambique.
Después de la muerte de Matheus, Lucas enfrentó una decisión difícil: abandonar definitivamente el proyecto que había construido junto a su hermano o intentar continuar. Eligió la segunda opción.
Lucas continuó actuando junto a su sobrino Matheus Jr., hijo de su hermano fallecido. De esta manera, el apellido artístico de la dupla volvió a los escenarios en una nueva formación, aunque inevitablemente cargada con el recuerdo del integrante original.
Ese capítulo hace que la muerte de Lucas tenga una dimensión todavía más simbólica. No desaparece solamente uno de los integrantes de una dupla musical: desaparece también el último de los dos hermanos que habían construido juntos el proyecto original.
Ahora, Matheus Jr. queda como uno de los principales continuadores de esa historia artística. No existe, sin embargo, ningún fundamento para convertirlo en una supuesta “próxima víctima”. Hacerlo sería transformar una tragedia familiar en una predicción sin evidencia.
La expresión “dupla maldita” debe entenderse, en todo caso, como una construcción narrativa surgida después de la segunda muerte. En el mundo de la música existen numerosos casos de artistas relacionados por tragedias, enfermedades o muertes prematuras que posteriormente son rodeados por mitos. Pero una coincidencia estadística o una sucesión de fallecimientos no constituye una maldición.
En este caso, además, las circunstancias conocidas no muestran un patrón común. Uno de los hermanos murió durante la pandemia de COVID-19 y el otro, años después, por un evento cardíaco. Son acontecimientos diferentes y separados por casi seis años.
Lo que sí resulta indiscutible es el impacto que ambas pérdidas tienen sobre una historia musical familiar. Durante décadas, Lucas y Matheus fueron prácticamente inseparables en los escenarios. Sus nombres artísticos quedaron unidos en discos, carteles, contratos y presentaciones.
Incluso después de la muerte de Matheus, Lucas mantuvo viva esa identidad artística.
Ahora esa etapa terminó definitivamente.
La tragedia también devuelve la atención hacia una carrera que tuvo una característica poco habitual dentro del sertanejo brasileño: su mayor éxito se produjo fuera de Brasil, particularmente en Portugal. Las fuentes biográficas destacan que los hermanos desarrollaron buena parte de su actividad profesional en Europa y acumularon una extensa discografía.
La muerte de Lucas deja, por lo tanto, dos preguntas diferentes. La primera es estrictamente periodística: ¿qué ocurrió exactamente durante sus últimas horas y cuáles fueron las circunstancias médicas del infarto? La segunda pertenece al terreno de la memoria: ¿cómo continuará la historia artística de una dupla cuyo nombre quedó asociado para siempre a dos hermanos que ya no están?
La primera pregunta deberá responderse con información médica y familiar confirmada. La segunda dependerá de quienes continúen interpretando su repertorio y preservando su legado.
Por ahora, lo único que puede afirmarse con certeza es que Lucas es el segundo de los dos integrantes originales de Lucas y Matheus en morir. Matheus falleció en 2020 y Lucas en 2026. La idea de una “maldición” pertenece al terreno del mito y no puede presentarse como una explicación de los hechos.
La historia, sin embargo, tiene suficientes elementos para convertirse en una investigación periodística atractiva sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural: dos hermanos, una carrera internacional, una muerte durante la pandemia, una segunda muerte por un problema cardíaco, un sobrino que tomó el lugar de su padre y una dupla cuyo nombre artístico acaba de quedar definitivamente ligado a la memoria de ambos.
La pregunta no debería ser quién será la próxima víctima. La pregunta periodística es qué hay detrás de esta coincidencia y cómo una tragedia familiar terminó convirtiéndose en el mito. Hasta ahora, la evidencia disponible apunta a dos muertes con causas diferentes y sin una conexión demostrada. Lo demás pertenece a la interpretación popular.
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