
Una de las películas más controvertidas de la historia del cine moderno, “Los demonios” (The Devils), dirigida por Ken Russell en 1971, volverá a los cines en una versión restaurada en 4K que recupera buena parte del material que fue eliminado durante décadas. La película, basada en el libro Los demonios de Loudun, de Aldous Huxley, llegará a las salas en octubre, más de cinco décadas después de su estreno original y tras una larga historia de censura, prohibiciones y enfrentamientos con sectores religiosos y organismos cinematográficos.
La película recrea un episodio ocurrido en Loudun, Francia, durante el siglo XVII, en un período marcado por las tensiones religiosas entre católicos y hugonotes. En ese contexto aparece el sacerdote Urbain Grandier, un personaje carismático cuya influencia sobre la población terminó convirtiéndose en el centro de una compleja historia de poder, sexualidad, religión y persecución.
La trama gira alrededor de un grupo de diecisiete monjas ursulinas que terminan acusando a Grandier de haberlas poseído o provocado fenómenos relacionados con la presencia demoníaca. Lo que inicialmente parece un episodio religioso adquiere progresivamente una dimensión política, porque la figura del sacerdote queda atrapada en las disputas de poder existentes en la ciudad.
Ken Russell llevó esa historia al cine con una puesta en escena deliberadamente provocadora. Oliver Reed interpretó a Urbain Grandier y Vanessa Redgrave a la hermana Jeanne des Anges, dos personajes que concentran buena parte de la tensión dramática de la película.
La producción incluyó escenas de fuerte contenido sexual, religioso y violento, además de imágenes que cuestionaban directamente la relación entre Iglesia, poder y represión. El resultado fue una película visualmente extrema para comienzos de la década de 1970 y muy diferente de las producciones históricas convencionales de aquella época.
La polémica comenzó prácticamente desde su estreno. La película fue censurada en distintos países y nunca pudo exhibirse durante décadas en su versión completa, mientras organizaciones religiosas y grupos conservadores cuestionaban su contenido. En algunos mercados fueron eliminadas escenas consideradas demasiado explícitas.
La intervención de la censura llegó incluso a modificar considerablemente el montaje. En el Reino Unido hubo recortes y restricciones, mientras que en Estados Unidos la versión exhibida fue todavía más reducida. De una versión británica de 111 minutos se eliminaron posteriormente otros fragmentos.
El conflicto no se limitó a la sexualidad. Uno de los principales motivos de controversia fue la representación de instituciones religiosas y de figuras vinculadas al poder eclesiástico. La película mostraba la religión no solamente como una cuestión de fe, sino también como un espacio en el que podían operar intereses políticos, ambición y mecanismos de control social.
La reacción fue particularmente fuerte en sectores vinculados al Vaticano. La producción llegó a ser calificada como ofensiva y quedó fuera de circulación en diferentes territorios. En Finlandia, por ejemplo, su exhibición no fue autorizada hasta 2011, cuatro décadas después de su estreno.
A pesar de las restricciones, “Los demonios” adquirió con el tiempo una reputación particular entre críticos e historiadores del cine. La película comenzó a ser considerada no solamente por su contenido polémico, sino también por su dirección artística, su puesta en escena y la manera en que Ken Russell utilizó el exceso visual para representar la locura colectiva y el fanatismo.
Uno de los elementos más importantes de la producción fue la participación del diseñador Derek Jarman, cuya dirección artística contribuyó a construir un universo visual cargado de símbolos religiosos, violencia, erotismo y elementos grotescos.
El resultado fue una película que buscaba incomodar al espectador. Russell no pretendía reconstruir el siglo XVII desde una perspectiva puramente documental, sino utilizar aquel episodio histórico para plantear preguntas sobre la autoridad, la represión, la sexualidad y la manipulación religiosa.
Con el paso del tiempo, las escenas que habían provocado el escándalo original adquirieron además un valor histórico dentro de la evolución de la censura cinematográfica. Muchas de las restricciones que parecían justificadas en 1971 comenzaron a ser consideradas parte de la propia historia de la película.
Durante años, acceder a una versión cercana a la visión original de Russell fue complicado. Existieron ediciones domésticas con material adicional, pero algunas escenas continuaron ausentes. Una edición lanzada por el British Film Institute en 2012 permitió recuperar parte de la obra, aunque todavía no se trataba de una versión completamente restaurada.
El nuevo proceso de restauración representa un cambio importante. Warner Bros. y Clockwork trabajaron sobre el negativo original de cámara y tomaron como referencia un montaje privado realizado por el propio Russell en 2004, antes de su muerte en 2011.
La restauración en 4K no solamente busca mejorar la calidad de imagen. Su importancia está también en la posibilidad de recuperar una versión más cercana a la concepción original del director, eliminando parte de las modificaciones impuestas por la censura a lo largo de los años.
La llegada de esta versión a los cines tiene además un significado particular porque será la primera película con clasificación NC-17 distribuida por Warner Bros. en los 103 años de historia del estudio, según la información publicada sobre el estreno. La clasificación indica que no está destinada a menores de 17 años.
La decisión de estrenar la película con esa clasificación también muestra cuánto cambió la relación entre el cine, la censura y el público desde 1971. Una obra que durante décadas fue recortada y prohibida ahora puede llegar a las salas en una versión mucho más cercana a la intención de su creador, aunque bajo una clasificación destinada exclusivamente a adultos.
El caso de “Los demonios” también permite observar cómo cambia la percepción de una obra con el paso del tiempo. Lo que en el momento de su estreno fue considerado escandaloso puede ser estudiado décadas después como una expresión artística relacionada con la crítica al autoritarismo, la represión sexual y el uso político de la religión.
La historia real en la que se inspira la película también conserva una enorme fuerza dramática. Los acontecimientos de Loudun estuvieron vinculados a acusaciones de posesión demoníaca, conflictos religiosos y procesos contra personas consideradas responsables de prácticas consideradas heréticas.
Huxley investigó aquel episodio para escribir su libro, publicado en 1952. Russell tomó posteriormente ese material y lo transformó en una obra cinematográfica que se apartó deliberadamente de una representación histórica convencional.
El director utilizó el exceso como recurso narrativo. Las escenas multitudinarias, los espacios religiosos deformados, los rituales y las imágenes corporales construyen una atmósfera en la que resulta difícil separar la fe de la histeria colectiva.
Ese es uno de los aspectos que explica por qué la película continúa siendo discutida más de medio siglo después de su estreno. No se trata solamente de una película sobre demonios o posesiones, sino de una obra que utiliza esos elementos para explorar cómo una sociedad puede convertir las creencias, los miedos y las acusaciones en instrumentos de poder.
El regreso de la película también coincide con un interés renovado por recuperar obras cinematográficas que fueron alteradas por la censura. La restauración permite que nuevas generaciones conozcan películas que durante décadas circularon en versiones incompletas y que, por esa razón, no podían ser evaluadas de acuerdo con la intención original de sus directores.
En el caso de Ken Russell, esta recuperación adquiere especial relevancia porque “Los demonios” es considerada una de las obras centrales de su filmografía y una de las producciones más radicales del cine británico de comienzos de los años setenta.
La película también consolidó la imagen de Russell como un director dispuesto a llevar los límites de la representación cinematográfica hasta zonas incómodas. Su estilo combinaba teatro, música, simbolismo religioso, erotismo y violencia, elementos que posteriormente influirían en la valoración crítica de su obra.
Más de cinco décadas después, el debate ya no gira exclusivamente alrededor de si las escenas deben ser censuradas. La discusión se desplaza hacia otra pregunta: ¿qué significa recuperar una obra que durante décadas fue modificada para hacerla aceptable para su época?
La respuesta puede encontrarse parcialmente en esta nueva restauración. Al recuperar el material original, el público podrá aproximarse a la película desde una perspectiva diferente y evaluar por sí mismo el alcance de sus provocaciones.
El regreso también demuestra que algunas películas sobreviven precisamente por aquello que las convirtió en controversiales. Las restricciones terminaron transformando a “Los demonios” en una obra de culto y contribuyeron a mantener vivo el interés por conocer qué había detrás de las versiones mutiladas.
En octubre, “Los demonios” tendrá finalmente la posibilidad de regresar a las salas en una versión restaurada en 4K, 55 años después de su estreno. La película de Ken Russell llegará acompañada por toda la historia que la convirtió en una obra singular: una tragedia religiosa ocurrida en la Francia del siglo XVII, la interpretación de Oliver Reed y Vanessa Redgrave, la provocadora dirección artística de Derek Jarman, la censura internacional y décadas de versiones incompletas. Su regreso no representa solamente el rescate de una película polémica, sino también la recuperación de una parte de la historia del cine que durante años permaneció parcialmente oculta.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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