Dos jóvenes de 18 y 19 años, señalados por la Justicia uruguaya como presuntos participantes en el triple crimen ocurrido en una boca de venta de drogas del barrio Cerro de Montevideo, fueron detenidos en Argentina, extraditados a Uruguay y sometidos a la Justicia. Ambos habían escapado hacia el país vecino después del ataque del 24 de mayo, en el que tres personas fueron asesinadas a tiros. La investigación permitió reconstruir parte de la fuga mediante tareas de inteligencia y trabajo de campo, mientras la coordinación entre la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado de Uruguay e Interpol permitió localizar a los sospechosos en territorio argentino. Uno de ellos ya fue enviado a prisión preventiva por 180 días y el segundo recibió una medida cautelar hasta el 30 de diciembre, mientras la Fiscalía continúa reuniendo pruebas para determinar el grado de responsabilidad de cada uno.
El ataque ocurrió durante la noche del domingo 24 de mayo, cuando cinco personas vestidas de negro llegaron en un automóvil hasta una vivienda del Cerro, en el oeste de Montevideo. Según la reconstrucción presentada por las autoridades, los atacantes ingresaron al inmueble utilizado como punto de venta de drogas y comenzaron a disparar contra quienes se encontraban en el interior. La Policía contabilizó al menos 50 disparos y encontró tres personas muertas y otras dos heridas. La violencia del ataque llevó inicialmente a los investigadores a considerar como principal hipótesis un enfrentamiento o ajuste de cuentas entre organizaciones criminales.
Las víctimas fueron una mujer de 35 años, que tenía cinco antecedentes penales; un hombre de 29 años, con cuatro antecedentes; y un joven de 23 años que no registraba antecedentes. La distribución de los cuerpos dentro de la vivienda permitió reconstruir parcialmente la secuencia del ataque: uno fue localizado en el living, otro en una habitación contigua y una tercera víctima apareció herida de bala en el exterior, mientras que las restantes personas estaban en otro dormitorio. Cuando llegaron los agentes, encontraron además a un hombre con heridas de bala en las piernas, quien alcanzó a advertirles que dentro de la casa estaban las demás víctimas.
La vivienda fue allanada al día siguiente y la investigación comenzó a concentrarse en la estructura criminal que controlaba ese punto de venta de drogas. El lugar era conocido como la “boca del Ricardito” y estaba vinculado a Ricardo Cáceres Correa, alias “Ricardito”, un conocido delincuente uruguayo que permanecía privado de libertad. El propio Cáceres negó haber participado en el triple homicidio durante una audiencia judicial realizada a finales de julio, aunque reconoció públicamente que se dedicaba al tráfico de drogas.
La investigación permitió determinar que la actividad criminal vinculada con esa estructura no necesariamente se detenía en las puertas de una cárcel. Según la información obtenida por los investigadores mediante teléfonos celulares incautados, Cáceres continuaba ejerciendo funciones de liderazgo mientras estaba preso. La estructura contaba con personas encargadas de administrar dinero, mantener comunicación con los integrantes de la organización y supervisar distintos puntos de venta. Después del triple crimen, el supuesto líder fue trasladado a una unidad penitenciaria de máxima seguridad.
La pareja de Cáceres también quedó vinculada a la investigación. De acuerdo con la información difundida por el Ministerio del Interior, ella había sido detenida después del allanamiento y cumplía funciones de enlace con el cabecilla de la organización. Los investigadores sostienen que se encargaba de comunicar instrucciones, recoger parte del dinero generado por las ventas y desplazarse entre distintos puntos de distribución utilizando un vehículo a su disposición. La incautación de teléfonos permitió avanzar en la reconstrucción del funcionamiento de la organización y de la posible continuidad de sus operaciones.
En paralelo, las tareas de inteligencia permitieron identificar a los dos jóvenes que posteriormente fueron encontrados en Argentina. Una vez que la Fiscalía recibió la información reunida por los investigadores, se emitieron las correspondientes órdenes de detención. Sin embargo, los sospechosos ya habían abandonado Uruguay y cruzado hacia territorio argentino, lo que obligó a ampliar la investigación mediante mecanismos de cooperación policial internacional. La participación conjunta de la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado y de Interpol resultó determinante para localizarlos.
El primero de los sospechosos, de 18 años, fue localizado en Buenos Aires cuando intentaba salir de la capital argentina con destino a Uruguay. Después de su detención, fue trasladado a Montevideo el miércoles y quedó inmediatamente a disposición de la Justicia uruguaya. La extradición permitió que el proceso penal pudiera avanzar en el mismo país donde ocurrió el homicidio y donde se encuentran las principales pruebas materiales de la investigación.
Tras comparecer ante la Justicia, el joven de 18 años fue imputado por un delito de homicidio complejo muy especialmente agravado por concurso, en calidad de cómplice. El tribunal dispuso como medida cautelar su prisión preventiva durante 180 días, período durante el cual la Fiscalía deberá continuar con la investigación y determinar qué elementos permiten sostener la acusación y cuál habría sido exactamente su participación dentro del grupo que ingresó a la vivienda.
El segundo sospechoso, de 19 años, también había sido detenido en Buenos Aires y fue extraditado posteriormente a Uruguay. Su audiencia judicial se realizó este viernes y terminó con una imputación por homicidio muy especialmente agravado por concurso, pero en este caso en calidad de autor. La Justicia dispuso su prisión preventiva hasta el 30 de diciembre, mientras se desarrollan nuevas diligencias para establecer su responsabilidad en el ataque.
La diferencia entre las imputaciones de ambos jóvenes es relevante porque refleja que la Fiscalía no necesariamente atribuye a todos los integrantes del grupo exactamente la misma función. Uno fue considerado inicialmente cómplice y el otro autor, aunque ambas calificaciones corresponden a una etapa preliminar del proceso y pueden modificarse a medida que avance la investigación. La imputación no equivale a una condena y será necesario que la Fiscalía presente las pruebas correspondientes para determinar las responsabilidades penales definitivas.
El caso también pone de manifiesto la dimensión transfronteriza que puede adquirir una investigación criminal en el Cono Sur. Los homicidios ocurrieron en Uruguay, los sospechosos huyeron hacia Argentina y fueron detenidos en Buenos Aires, mientras que la coordinación entre autoridades de ambos países permitió concretar su retorno a Montevideo. La utilización de Interpol permitió articular las órdenes de búsqueda y las actuaciones necesarias para localizar a los sospechosos fuera del territorio uruguayo.
La fuga hacia Argentina no fue un elemento menor dentro de la investigación. Una vez identificados los presuntos participantes, los investigadores tuvieron que determinar hacia dónde habían escapado y establecer mecanismos para detenerlos en un país extranjero. La cooperación internacional evitó que el cruce de la frontera se transformara en un obstáculo permanente para el proceso y permitió que los sospechosos fueran puestos nuevamente a disposición de la Justicia del país donde se produjo el triple asesinato.
El episodio se inserta además en una investigación más amplia sobre el funcionamiento de las llamadas “bocas de drogas” en Montevideo. Estos puntos de venta constituyen estructuras de distribución de estupefacientes que pueden estar vinculadas con organizaciones mayores y que, en determinados casos, se convierten en escenarios de disputas violentas por el control territorial o por el manejo de las ganancias. El hecho de que la vivienda del Cerro estuviera conectada con una organización cuyo supuesto liderazgo continuaba funcionando desde una cárcel agregó una dimensión adicional a la investigación.
La utilización de teléfonos celulares fue especialmente importante porque permitió a los investigadores reconstruir comunicaciones y establecer cómo se organizaba la actividad criminal. En este caso, la información obtenida de los dispositivos ayudó a sostener la hipótesis de que Ricardo Cáceres continuaba ejerciendo influencia sobre la estructura pese a estar encarcelado. Ese elemento llevó a las autoridades a adoptar medidas adicionales para impedir que siguiera operando desde el sistema penitenciario.
El triple crimen también dejó en evidencia el nivel de violencia empleado. Al menos 50 disparos fueron efectuados dentro y alrededor de la vivienda, una cantidad que reforzó desde el comienzo la hipótesis de un ataque dirigido contra personas vinculadas al mundo criminal. La presencia de víctimas con antecedentes penales y de otra persona sin antecedentes también forma parte de las líneas que deberán ser analizadas para determinar si el objetivo era una persona concreta, una organización determinada o el control del punto de venta.
La investigación todavía no está cerrada. La prisión preventiva de los dos jóvenes proporciona a la Fiscalía un período para avanzar con peritajes, análisis de comunicaciones, reconstrucción de movimientos, declaraciones de testigos y otros elementos que puedan confirmar o descartar las hipótesis iniciales. También será necesario determinar la identidad y el papel de los restantes integrantes del grupo de cinco personas que, según la reconstrucción inicial, llegó aquella noche a la vivienda del Cerro.
El caso muestra además la importancia de la cooperación entre Uruguay y Argentina en investigaciones vinculadas con organizaciones criminales. La movilidad de los sospechosos entre ambos países obliga a las fuerzas de seguridad a trabajar más allá de las fronteras nacionales y a compartir información con rapidez. En delitos graves, la posibilidad de localizar y extraditar a una persona buscada puede ser determinante para impedir que una fuga internacional termine paralizando una investigación.
La extradición de los dos jóvenes representa un avance importante para esclarecer el triple crimen del Cerro, pero todavía no significa que la investigación haya determinado todas las responsabilidades. La Justicia uruguaya deberá establecer qué papel desempeñó cada sospechoso, quiénes fueron los restantes integrantes del grupo que ejecutó el ataque y cuál fue el motivo concreto de una operación que terminó con tres personas asesinadas. Al mismo tiempo, la investigación sobre la “boca del Ricardito” apunta a una estructura criminal que, según los elementos reunidos por las autoridades, continuaba funcionando y generando ingresos incluso con su supuesto líder encarcelado. El caso combina así homicidio, narcotráfico, fuga internacional y cooperación policial entre Uruguay y Argentina, mientras los dos principales sospechosos identificados hasta ahora permanecen bajo prisión preventiva a la espera del avance del proceso judicial.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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