La líder opositora venezolana María Corina Machado celebró este sábado las recientes excarcelaciones de presos políticos anunciadas por el Gobierno de Venezuela, pero advirtió que la medida todavía está lejos de resolver la crisis de detenciones por motivos políticos. Machado reclamó la liberación inmediata y sin excepciones de todas las personas que permanecen privadas de libertad y sostuvo que la excarcelación debe ir acompañada del cierre de los procesos que considera arbitrarios. Su pronunciamiento se produce después de que el Gobierno anunciara 131 medidas de excarcelación, en medio del proceso de diálogo iniciado entre representantes del chavismo y un sector de la oposición con participación y respaldo de Estados Unidos.
Machado calificó como motivo de satisfacción que venezolanos detenidos durante largos períodos puedan regresar con sus familias, pero insistió en que no debe establecerse una diferencia entre unos casos y otros. Su posición coincide con el reclamo formulado por organizaciones defensoras de derechos humanos y familiares de detenidos, que consideran insuficiente una liberación parcial mientras continúen personas encarceladas por razones políticas. La dirigente opositora sostuvo que el objetivo debe ser alcanzar una liberación completa y que los responsables de las violaciones cometidas deberán responder ante la justicia.
El anuncio oficial del Gobierno venezolano se produjo el viernes 14 de agosto, cuando informó que 131 personas recibirían medidas alternativas a la privación de libertad dentro del denominado Programa para la Paz y la Convivencia Democrática. La decisión fue presentada como una medida vinculada con el proceso de normalización política que atraviesa el país. Sin embargo, las autoridades no difundieron inicialmente un listado completo con los nombres de todos los beneficiarios ni detallaron de manera individual las condiciones impuestas a cada persona.
Esta última cuestión es fundamental porque excarcelación no significa necesariamente libertad plena. Algunas de las personas beneficiadas pueden quedar sujetas a medidas cautelares, restricciones de movilidad, presentación periódica ante tribunales u otras condiciones judiciales. Por ese motivo, Foro Penal y otros grupos de derechos humanos han diferenciado entre las personas que efectivamente salen de los centros penitenciarios y aquellas que recuperan plenamente sus derechos y quedan sin procesos judiciales pendientes.
Foro Penal comenzó a verificar individualmente las liberaciones anunciadas por el Gobierno. En una actualización difundida durante la tarde del viernes, la organización confirmó inicialmente al menos 64 excarcelaciones de presos políticos en diferentes centros penitenciarios del país. Entre los nombres posteriormente identificados aparecen Emirlendris Carolina Benítez, Yolimar Alemán de Chaya y otras personas que habían permanecido detenidas durante años. La organización señaló que el proceso de verificación continuaba mientras las autoridades ejecutaban nuevas medidas.
El caso de Emirlendris Benítez se convirtió en uno de los símbolos de las recientes excarcelaciones. Benítez había sido condenada a 30 años de prisión después de ser acusada de participar en el denominado caso del atentado con drones contra Nicolás Maduro. Organizaciones de derechos humanos denunciaron que fue torturada durante su detención y que sufrió graves consecuencias físicas, entre ellas la pérdida de un embarazo y una discapacidad que la dejó en silla de ruedas. Su liberación fue presentada por defensores de derechos humanos como uno de los casos más relevantes de esta nueva etapa.
Otro de los casos mencionados corresponde a Yolimar Alemán, vinculada por las autoridades venezolanas con la llamada Operación Gedeón. Su proceso judicial había sido cuestionado por organizaciones defensoras de los detenidos, que denunciaron irregularidades y reclamaron durante años su liberación. La excarcelación de personas involucradas en expedientes de alto contenido político es especialmente significativa porque demuestra que las medidas anunciadas no se limitaron únicamente a detenidos recientes o a casos de menor repercusión.
La magnitud del problema, sin embargo, sigue siendo considerable. Antes de las nuevas excarcelaciones, Foro Penal contabilizaba 391 presos políticos en Venezuela, de acuerdo con el registro citado por Reuters y actualizado al inicio del proceso del 14 de agosto. La organización había informado además que entre los detenidos había civiles y militares, lo que refleja que la represión política documentada por la ONG no afecta exclusivamente a dirigentes partidarios.
La cifra exacta posterior a las nuevas liberaciones todavía requiere cautela. No es correcto restar automáticamente los 131 anunciados por el Gobierno a los 391 registrados por Foro Penal, porque la organización debe verificar individualmente quiénes fueron realmente excarcelados y determinar si todas las personas incluidas en el anuncio oficial forman parte de su registro de presos políticos. Además, algunas personas pueden haber recibido medidas alternativas sin recuperar plenamente su libertad. Por eso, el número de presos políticos que permanecen actualmente detenidos debe establecerse a partir de la próxima actualización consolidada de Foro Penal.
El proceso de liberaciones se desarrolla en paralelo a una nueva etapa de negociaciones políticas en Venezuela. Desde comienzos de agosto, representantes del Gobierno y de un sector de la oposición mantienen conversaciones destinadas a abordar la reorganización institucional del país. Estados Unidos desempeña un papel relevante en este proceso, mientras Machado y Edmundo González Urrutia permanecen fuera de la mesa formal de negociación. La liberación de detenidos se ha convertido en una de las principales pruebas para determinar si el diálogo puede producir resultados concretos.
La oposición que participa en las negociaciones había señalado previamente que la situación de los presos políticos debía formar parte de la agenda. Dinorah Figuera, jefa negociadora opositora, confirmó que el tema sería llevado a la mesa después de reunirse con antiguos detenidos y familiares de personas que todavía permanecen privadas de libertad. La presión de las familias y de las organizaciones de derechos humanos terminó coincidiendo con la decisión oficial de aplicar las nuevas medidas.
El Gobierno de Estados Unidos interpretó las excarcelaciones como un paso positivo. El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó la liberación de más de 130 presos como un paso crucial hacia la reconciliación venezolana. Washington viene presionando por una apertura política y por medidas destinadas a reducir la conflictividad interna, y considera la liberación de detenidos una señal concreta de avance dentro del proceso de negociación.
Pero las organizaciones de derechos humanos mantienen una posición más cautelosa. Para Foro Penal, una liberación solamente puede considerarse plenamente efectiva si la persona recupera su libertad y no queda sometida a restricciones que mantengan abierto el mecanismo de persecución judicial. La organización también reclama transparencia sobre las identidades de los beneficiarios, sus condiciones judiciales y el número exacto de personas que permanecen detenidas.
La exigencia de Machado va precisamente en esa dirección. Su reclamo no se limita a que salgan de prisión los casos más conocidos, sino que abarca a todos los detenidos considerados presos políticos, independientemente de su afiliación, profesión o fecha de detención. La dirigente ha sostenido que la liberación selectiva no puede convertirse en una herramienta de negociación permanente ni en un mecanismo para administrar políticamente quién recupera su libertad y quién continúa encarcelado.
El debate también se relaciona con una eventual ley de amnistía. El proceso político venezolano contempla mecanismos destinados a revisar causas judiciales y facilitar el cierre de expedientes relacionados con la confrontación política. Para las organizaciones defensoras de los detenidos, una verdadera solución requiere no solamente sacar a las personas de las cárceles, sino revisar las acusaciones, anular procesos considerados arbitrarios y garantizar que quienes recuperen su libertad no vuelvan a ser perseguidos por los mismos hechos.
La experiencia reciente explica por qué existe desconfianza. Venezuela ha atravesado sucesivas etapas de excarcelaciones en las que grupos de detenidos fueron liberados mientras otros permanecieron encarcelados. Foro Penal ha documentado durante años detenciones por motivos políticos y ha cuestionado la utilización de figuras penales como terrorismo, conspiración o incitación al odio contra opositores, activistas, periodistas, militares y ciudadanos vinculados a protestas o actividades consideradas críticas por las autoridades.
La actual coyuntura es diferente porque las liberaciones ocurren dentro de un proceso de negociación política con participación internacional. Eso aumenta su importancia, pero también genera interrogantes sobre su sostenibilidad. Si las excarcelaciones forman parte de una estrategia de apertura institucional, el siguiente paso debería ser establecer mecanismos verificables que impidan nuevas detenciones arbitrarias y garanticen independencia judicial.
El acuerdo alcanzado entre el chavismo y sectores opositores también contempla reformas institucionales. En el primer ciclo de negociaciones se acordó trabajar en la renovación del Tribunal Supremo de Justicia, un punto considerado clave para reconstruir la confianza en las instituciones. La cuestión judicial está directamente relacionada con los presos políticos porque una liberación duradera requiere que los tribunales puedan revisar causas sin presiones políticas.
El número de liberaciones anunciadas también debe observarse dentro de un proceso mucho más amplio. Foro Penal había informado meses atrás de cientos de excarcelaciones realizadas durante 2026, mientras continuaban existiendo cientos de personas detenidas por motivos políticos. La organización registró 670 excarcelaciones acumuladas en una etapa anterior del año y todavía contabilizaba cientos de detenidos, demostrando que las sucesivas oleadas de liberación no habían eliminado el problema.
Por ello, el anuncio del 14 de agosto puede representar un cambio importante, pero todavía no constituye el final de la crisis. La cifra de 131 personas anunciada por el Gobierno tiene valor político y humanitario, pero su verdadero alcance dependerá de cuántas recuperen efectivamente la libertad, cuántas permanezcan sometidas a restricciones judiciales y qué ocurrirá con quienes continúan detenidos.
La exigencia de María Corina Machado coloca ahora el foco sobre la segunda parte del proceso: determinar quiénes siguen encarcelados y bajo qué condiciones. Las primeras excarcelaciones constituyen una señal relevante dentro del diálogo venezolano, pero mientras cientos de personas permanezcan privadas de libertad por motivos políticos, la crisis no puede considerarse resuelta. El próximo desafío será obtener una lista verificable de todos los beneficiarios, conocer las condiciones impuestas a quienes salieron de prisión y establecer cuántos presos políticos continúan detenidos. Para Machado, la oposición y las organizaciones de derechos humanos, la meta no es una liberación parcial sino el cierre de los procesos considerados políticos y la libertad plena de todos los detenidos.
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