Una jornada de pesca familiar terminó con una sorpresa extraordinaria en Pensilvania, Estados Unidos, cuando Seamus Coffey, de 8 años, capturó en el lago Ridley Park una piraña de vientre rojo de casi un kilo. El pez, originario de Sudamérica, fue posteriormente identificado y confirmado por la Comisión de Pesca y Barcos de Pensilvania. Las autoridades creen que probablemente se trataba de un animal mantenido como mascota y abandonado ilegalmente en el lago.
El episodio ocurrió el 8 de agosto de 2026, cuando Seamus salió a pescar con su padre, Michael Coffey, en el lago Ridley Park, ubicado en el condado de Delaware. El niño esperaba capturar un bass, una de las especies habituales en las aguas de la región, pero después de sentir una fuerte mordida comenzó a recoger el sedal y terminó sacando un pez que ninguno de los dos esperaba encontrar allí.
Cuando el animal salió del agua, el padre inicialmente pensó que podía tratarse de un bluegill u otro pez de agua dulce común. Seamus, sin embargo, tenía otra respuesta. El niño reconoció inmediatamente al ejemplar como una piraña gracias a los videos educativos sobre pesca y especies de todo el mundo que suele ver en internet. La identificación realizada por el pequeño terminó siendo correcta.
La Comisión de Pesca y Barcos de Pensilvania examinó posteriormente el ejemplar y confirmó que se trataba efectivamente de una piraña de vientre rojo. El pez pesaba aproximadamente 2 libras, equivalentes a unos 900 gramos, una dimensión considerable para un ejemplar que terminó en un lago estadounidense situado a miles de kilómetros de su área natural de distribución.
La especie pertenece a los peces de agua dulce originarios de Sudamérica, especialmente de sistemas fluviales de países como Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y otros territorios de la región amazónica y de la cuenca del Plata. Las pirañas tienen cuerpos comprimidos lateralmente, mandíbulas fuertes y dientes diseñados para cortar fragmentos de carne. La Comisión de Conservación de Vida Silvestre y Pesca de Florida señala que la mayoría de los ejemplares son menores de dos libras, aunque algunas especies pueden alcanzar tamaños considerablemente mayores.
Lo verdaderamente extraño, por tanto, no es solamente el tamaño del animal. La piraña no pertenece a la fauna natural de Pensilvania. Su presencia en el lago Ridley Park plantea inmediatamente la pregunta de cómo llegó hasta allí y si podría existir algún otro ejemplar oculto en las aguas.
La principal hipótesis de las autoridades apunta a un origen doméstico. El pez probablemente habría sido adquirido por una persona como mascota exótica y posteriormente liberado en el lago cuando su propietario dejó de querer mantenerlo. El portavoz de la Comisión de Pesca y Barcos de Pensilvania, Mike Parker, explicó que este tipo de liberación constituye un problema tanto para el animal como para el medioambiente.
La práctica puede parecer inofensiva para quien decide deshacerse de un pez exótico soltándolo en un río, estanque o lago, pero desde el punto de vista ambiental puede convertirse en un problema. Una especie introducida puede competir con peces nativos por alimento y espacio, transmitir enfermedades o alterar las relaciones entre depredadores y presas.
En el caso de la piraña encontrada en Pensilvania, existe además una limitación natural: el invierno. Las pirañas son peces tropicales y no están adaptadas a las bajas temperaturas de Pensilvania. Los especialistas citados en la cobertura estadounidense consideran que el ejemplar probablemente habría sobrevivido durante el verano, pero difícilmente podría resistir indefinidamente las condiciones invernales del estado.
Eso reduce el riesgo de que este ejemplar concreto establezca una población permanente, pero no elimina la preocupación ambiental. El verdadero problema sería que hubiera más peces exóticos liberados en el mismo sistema o que aparecieran especies capaces de soportar mejor las condiciones climáticas locales.
La historia adquiere además un curioso antecedente. El mismo lago Ridley Park ya había sido escenario, en 2013, de otra captura extraordinaria relacionada con un pez sudamericano. En aquella ocasión, un pescador creyó haber capturado una piraña, pero las autoridades determinaron que se trataba de un pacu, un pariente de las pirañas perteneciente al mismo grupo familiar. El animal también habría llegado al lago probablemente después de ser liberado por alguien.
Ese antecedente convierte el episodio de 2026 en algo más interesante que una simple pesca insólita. En el mismo lago donde hace más de una década apareció un pacu, ahora fue confirmado un ejemplar auténtico de piraña. No significa que exista una población establecida, pero sí demuestra que la liberación de peces exóticos en aguas públicas no es una posibilidad puramente teórica.
La reacción posterior de la familia también fue significativa. Después de que la Comisión confirmara la especie, el pez fue sacrificado de manera humanitaria y eliminado. Según la información difundida por medios estadounidenses, las autoridades consideraron que esa era la decisión adecuada para evitar que el ejemplar permaneciera en el ecosistema o fuera trasladado nuevamente.
El caso también desmonta parcialmente una imagen popular de las pirañas. Aunque son depredadores con una dentadura especialmente adaptada para cortar, su presencia no significa automáticamente que un lago se convierta en una amenaza para los seres humanos. El verdadero problema en este episodio no fue un supuesto ataque a bañistas, sino la introducción de una especie exótica en un ecosistema donde no pertenece.
La sorpresa mayor, de hecho, terminó siendo el propio pescador. Seamus no solo consiguió una captura extraordinaria para un niño de ocho años, sino que además identificó correctamente una especie que su padre no reconoció inmediatamente. La explicación del pequeño fue tan sencilla como inesperada: la conocía porque veía videos sobre pesca.
La fotografía del niño sosteniendo el ejemplar rápidamente llamó la atención en Estados Unidos y convirtió una salida familiar de pesca en una historia viral. Pero detrás de la imagen curiosa existe una advertencia ambiental bastante más seria: los animales exóticos no deben ser liberados en la naturaleza cuando sus propietarios dejan de poder mantenerlos.
Las autoridades de Pensilvania también recuerdan que la tenencia de determinados animales exóticos puede estar sometida a normas específicas, mientras que liberarlos en aguas públicas constituye un asunto completamente diferente. Tener un animal en condiciones legales no significa que exista autorización para abandonarlo en un ecosistema natural.
El episodio deja una pregunta todavía abierta: ¿fue realmente un caso aislado? Por ahora no existe evidencia pública de una población de pirañas en el lago Ridley Park. La explicación más probable continúa siendo la liberación de una mascota. Sin embargo, la aparición de un ejemplar de este tamaño demuestra que la vigilancia sobre especies no nativas sigue siendo necesaria, incluso en lugares donde su presencia parece absolutamente improbable.
Para Seamus, la historia probablemente quedará como la pesca más memorable de su infancia. Para los especialistas, el caso representa otra señal de alerta sobre un problema mucho menos simpático: cuando una mascota exótica termina en la naturaleza, la aventura de su propietario puede convertirse en un riesgo para todo un ecosistema.
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