La fuerte apreciación del guaraní frente al dólar está comenzando a convertirse en un problema de competitividad para las empresas exportadoras de Paraguay. Mientras la moneda paraguaya gana valor y reduce el costo de productos importados, las compañías que venden al exterior reciben menos guaraníes por cada dólar facturado y deben afrontar sus costos principalmente en moneda local. El sector advierte que, si la tendencia persiste, algunas empresas podrían perder margen, clientes e incluso mercados frente a competidores de países donde sus monedas se han debilitado menos.
El fenómeno cambiario adquirió una dimensión especialmente significativa durante 2026. A finales de junio, el dólar se ubicaba alrededor de G. 6.115, frente a niveles cercanos a G. 8.000 registrados en junio de 2025. La diferencia supone una caída cercana al 24% en la cotización de la moneda estadounidense en ese período y una apreciación muy importante del guaraní. El Banco Central del Paraguay (BCP), por su parte, registró en julio una mediana de expectativas de G. 6.100 por dólar para ese mes, confirmando que los agentes económicos todavía esperaban un tipo de cambio bajo.
Para una empresa exportadora, la aritmética puede ser bastante más dura que la cifra macroeconómica. Si una compañía vende un producto por US$ 1 millón, a un tipo de cambio de G. 8.000 obtenía G. 8.000 millones al convertir sus ingresos. Con un dólar de G. 6.100, la misma venta genera aproximadamente G. 6.100 millones. El precio internacional no cambió, pero los ingresos expresados en guaraníes se redujeron en unos G. 1.900 millones.
El problema se vuelve todavía mayor cuando la estructura de costos permanece en guaraníes. Salarios, electricidad, servicios, transporte, impuestos, alquileres y buena parte de los insumos locales deben pagarse dentro de Paraguay. Cuando el ingreso está denominado en dólares y los costos en guaraníes, una apreciación rápida de la moneda local comprime el margen de la empresa.
La Cámara Paraguaya de Exportadores (Capex) ya trasladó esta preocupación al Banco Central. El gremio sostiene que la combinación entre ingresos en dólares y costos predominantemente en guaraníes está afectando la rentabilidad y la capacidad de las empresas para reinvertir. También advierte sobre el impacto que el descalce cambiario puede tener sobre contratos internacionales y sobre la previsibilidad necesaria para mantener inversiones.
El sector cárnico también está expuesto. La Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec) advirtió que la apreciación del guaraní reduce los ingresos obtenidos en moneda nacional por los exportadores y afecta directamente al productor primario y a la cadena agroexportadora. El gremio llegó a reclamar una revisión de fondo de la situación cambiaria y cuestionó la decisión del BCP de mantener una posición de menor intervención en el mercado.
La industria maquiladora y manufacturera enfrenta una dificultad similar. Las empresas que producen en Paraguay para vender a mercados internacionales compiten con fabricantes de Brasil, Argentina y otros países. Si sus competidores tienen monedas relativamente más débiles, pueden ofrecer precios internacionales más atractivos o absorber mejor un aumento de costos sin sacrificar tanto margen.
El riesgo, por tanto, no consiste solamente en ganar menos dinero. Una empresa puede llegar a un punto en el que mantener el precio internacional resulte poco rentable. Si aumenta el precio para compensar la pérdida cambiaria, puede perder competitividad y quedar fuera de determinadas licitaciones, contratos o cadenas de suministro. Si mantiene el precio para conservar al comprador, absorbe el costo y reduce su rentabilidad.
Ahí aparece la advertencia más delicada del sector: el riesgo de perder mercados. En una economía exportadora, recuperar un cliente internacional después de haber sido reemplazado por un proveedor brasileño, argentino, uruguayo o asiático puede ser mucho más difícil que simplemente ajustar una cotización.
Sin embargo, sería incorrecto presentar la apreciación del guaraní únicamente como una mala noticia. Para los importadores y consumidores que compran bienes con componentes importados, un dólar más barato reduce el costo de adquisición. Maquinarias, vehículos, determinados alimentos, tecnología, combustibles e insumos importados pueden beneficiarse de una moneda local más fuerte. Esa ventaja puede ayudar a contener la inflación y abaratar inversiones productivas.
El problema es que los beneficios y los costos no se distribuyen de la misma manera. El importador recibe una ventaja inmediata; el exportador enfrenta una reducción de sus ingresos convertidos a moneda local. Y Paraguay necesita ambos sectores: importa bienes de capital y tecnología, pero también depende de las exportaciones para generar divisas, empleo y actividad económica.
Los datos del comercio exterior muestran precisamente esa paradoja. En el primer semestre de 2026, las exportaciones paraguayas alcanzaron US$ 10.162,8 millones, un crecimiento de 23,6% respecto del mismo período de 2025. Las exportaciones registradas llegaron a US$ 6.553,4 millones, mientras que las reexportaciones sumaron US$ 2.600,9 millones. El comercio exterior cerró el semestre con un superávit de US$ 746,6 millones.
Es decir, Paraguay está exportando más mientras su moneda se fortalece. Esa aparente contradicción es importante: la apreciación no ha provocado hasta ahora un desplome de las exportaciones. El país continúa vendiendo grandes volúmenes al exterior, especialmente productos agropecuarios.
La soja es el ejemplo más evidente. Durante el primer semestre, Paraguay exportó aproximadamente 5,89 millones de toneladas de soja en grano, frente a 4,11 millones en el mismo período del año anterior. Los ingresos por el grano alcanzaron alrededor de US$ 2.273 millones, y el complejo sojero —incluyendo aceite y pellets— generó cerca de US$ 2.978 millones.
Eso significa que el fuerte desempeño exportador puede estar compensando parcialmente el efecto negativo del tipo de cambio. Cuando aumentan simultáneamente los volúmenes exportados y los precios internacionales de determinados productos, las empresas pueden soportar mejor una moneda local apreciada.
Pero esa protección no es permanente. Si los precios internacionales caen, la cosecha disminuye o los costos internos continúan aumentando, el impacto del tipo de cambio puede pasar rápidamente de una molestia contable a un problema de rentabilidad.
La situación también tiene un componente regional. Paraguay compite comercialmente con países cuyos tipos de cambio han tenido comportamientos diferentes. Un producto paraguayo cuyo precio interno aumenta en dólares puede perder competitividad frente a un producto brasileño o argentino si las monedas de esos países se deprecian en términos relativos.
El propio Ministerio de Economía y Finanzas ya había advertido en documentos oficiales que una depreciación de las monedas de socios y competidores de Paraguay frente al guaraní puede hacer que las exportaciones paraguayas sean más caras y menos competitivas, al mismo tiempo que favorece el ingreso de productos importados más baratos.
El Banco Central del Paraguay estudia el fenómeno desde una perspectiva más amplia. Su análisis sobre el traspaso cambiario señala que el tipo de cambio tiene efectos directos sobre la inflación, la actividad económica y la competitividad externa en una economía pequeña y abierta como la paraguaya. La apreciación, por tanto, no es solamente un dato financiero: puede modificar decisiones de producción, inversión, comercio y precios.
También existen factores internacionales detrás del movimiento. El debilitamiento global del dólar ha contribuido al fortalecimiento de varias monedas latinoamericanas, pero en Paraguay el movimiento ha sido particularmente pronunciado. El BCP ha señalado factores como los flujos de capital, ingresos vinculados al turismo, inversión extranjera y condiciones financieras internacionales como elementos que influyen en la dinámica cambiaria.
A esto se suma el comportamiento de las exportaciones agrícolas. Una buena cosecha significa que ingresan más dólares al mercado paraguayo. Cuando la oferta de divisas aumenta mientras la demanda de dólares no crece en la misma proporción, el precio de la moneda estadounidense puede disminuir y el guaraní fortalecerse.
La cuestión política aparece precisamente en este punto. ¿Debe el Banco Central permitir que el mercado determine el tipo de cambio o intervenir para suavizar una apreciación considerada excesiva? No existe una respuesta sencilla.
Una intervención demasiado agresiva podría impedir el ajuste natural del mercado, aumentar costos para la autoridad monetaria y transmitir señales contradictorias. Pero una apreciación demasiado rápida también puede afectar a sectores productivos que necesitan tiempo para adaptar sus contratos, costos, financiamiento y estrategias comerciales.
El debate se vuelve todavía más complejo porque Paraguay mantiene una meta de inflación de 3,5%, y un guaraní fuerte ayuda a contener el precio de bienes importados. El BCP registraba una inflación interanual de 2,1% en junio de 2026, por debajo de la meta, mientras la tasa de política monetaria se encontraba en 5,50%.
Por eso, una eventual depreciación deliberada del guaraní no sería gratuita. Podría mejorar los ingresos de los exportadores en moneda local, pero también encarecer importaciones y generar presiones sobre los precios internos. La autoridad monetaria debe equilibrar ambos efectos.
Para las empresas, mientras tanto, la solución no pasa únicamente por esperar un cambio de tendencia. Algunas deberán avanzar hacia coberturas cambiarias, contratos de largo plazo, mayor productividad, diversificación de mercados y reducción de costos. La sofisticación financiera comienza a convertirse en una necesidad para compañías que durante años pudieron operar con menor exposición a variaciones cambiarias.
La apreciación también puede tener una consecuencia inesperada: obligar a Paraguay a acelerar la transición desde un modelo exportador basado principalmente en materias primas hacia productos con mayor valor agregado. Cuanto más sofisticado y diferenciado sea un producto, mayor capacidad puede tener una empresa para defender precios internacionales y absorber fluctuaciones cambiarias.
El país llega a este escenario, además, con una estrategia oficial de diversificación productiva que busca atraer industrias y aprovechar su energía abundante. Si Paraguay quiere convertir su electricidad barata y renovable en una ventaja industrial, necesitará que las empresas puedan competir internacionalmente no solamente por costos laborales o cambiarios, sino también por productividad, infraestructura, tecnología y calidad.
El gran riesgo sería que el éxito macroeconómico termine generando un problema microeconómico. Un guaraní fuerte puede ser una señal de confianza en la economía, pero una apreciación demasiado rápida puede convertirse en un impuesto silencioso para quienes producen en Paraguay y venden al mundo.
La situación todavía no permite afirmar que Paraguay esté perdiendo mercados de manera generalizada. Las cifras del primer semestre muestran exactamente lo contrario: las exportaciones crecieron con fuerza. Pero las advertencias de los gremios revelan un problema de mediano plazo que podría hacerse más visible si el tipo de cambio permanece durante mucho tiempo en niveles bajos.
El escenario que se abre hacia los próximos meses será, por tanto, una disputa entre dos fuerzas: un guaraní fuerte que ayuda a contener precios y abarata importaciones, y un guaraní excesivamente fuerte que puede quitar oxígeno a los exportadores. El desafío para Paraguay será encontrar un equilibrio que permita aprovechar la fortaleza de su moneda sin convertirla en una desventaja para las empresas que necesitan competir fuera de sus fronteras.
Porque para un exportador, el problema no termina cuando el dólar baja. El verdadero problema comienza cuando el comprador extranjero pregunta por qué el producto paraguayo se volvió más caro y encuentra otro proveedor dispuesto a ocupar su lugar.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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