Nala, una perra de raza San Bernardo que fue rescatada en condiciones extremas de abandono y debilidad, recibió el alta después de aproximadamente diez días de internación y protagonizó una escena que conmovió a miles de personas: antes de abandonar la clínica veterinaria, se acercó a las trabajadoras que habían participado de su recuperación, recibió sus caricias y luego caminó hacia Mariana Camargo, la mujer que asumió su cuidado. La historia representa el último capítulo de un rescate que comenzó a finales de julio, cuando Nala fue encontrada junto a otros 20 perros en un criadero clandestino donde los animales habían sido abandonados sin alimentación adecuada. Según el relato difundido por el equipo de rescate, algunos perros llegaron a alimentarse de los restos de aquellos que no sobrevivieron. Nala se encontraba gravemente debilitada y necesitó tratamiento intensivo y una transfusión de sangre, pero consiguió recuperarse lo suficiente para continuar su nueva vida fuera del hospital veterinario.
La escena de la despedida adquiere especial significado cuando se conoce el estado en que Nala llegó a manos de los rescatistas. No se trataba simplemente de un animal perdido o abandonado en la vía pública. La San Bernardo formaba parte de un grupo de 21 perros encontrados en un canil clandestino, después de que la persona responsable del lugar se marchara y dejara a los animales sin los cuidados básicos necesarios para sobrevivir.
Según el relato del activista Rafael Saraiva, involucrado en el rescate, los perros quedaron sin alimentación suficiente y en condiciones de abandono extremo. La situación alcanzó un nivel dramático: algunos animales terminaron comiendo los restos de otros que habían muerto.
Nala sobrevivió, pero llegó al rescate con un estado físico que exigía atención inmediata. Su tamaño, que normalmente caracteriza a los San Bernardo como perros fuertes y robustos, contrastaba con la fragilidad que presentaba después del período de abandono.
Fue entonces cuando apareció Mariana Camargo, tutora de Olívia, una Golden Retriever cuya propia historia de superación había llevado a Mariana a convertirse en una conocida defensora del bienestar animal. Mariana decidió asumir la responsabilidad de Nala y comenzar una nueva etapa que inicialmente estuvo marcada por la incertidumbre.
Una recuperación que comenzó en una clínica
La situación de Nala requería mucho más que alimentación y descanso. La perra necesitaba recuperar fuerzas después de un período prolongado de privaciones y tuvo que permanecer internada para recibir atención veterinaria intensiva.
Uno de los procedimientos más importantes fue una transfusión de sangre, necesaria para ayudar a estabilizar su organismo y darle mejores condiciones para responder al tratamiento.
Mientras Nala permanecía hospitalizada, Mariana también movilizó a sus seguidores para conseguir apoyo para los gastos veterinarios. La recuperación de un animal de gran tamaño puede representar costos elevados cuando necesita internación, medicamentos, exámenes, transfusiones y vigilancia permanente.
Pero poco a poco aparecieron señales de esperanza.
Una de las primeras imágenes que llamó la atención fue la de Nala comiendo con entusiasmo. Para quienes seguían su recuperación, que la perra volviera a mostrar interés por la comida representaba mucho más que un momento cotidiano: era una señal de que su organismo estaba comenzando a reaccionar.
Mariana describió entonces a Nala como una “gigante de mirada dulce” que había conocido la crueldad y que finalmente tendría la oportunidad de descubrir qué significaba ser amada.
Diez días después llegó el momento esperado
Después de aproximadamente diez días de internación, los veterinarios determinaron que Nala estaba suficientemente recuperada para continuar el tratamiento fuera de la clínica.
La salida, sin embargo, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más emotivos de toda la historia.
Cuando llegó el momento de marcharse, Nala no salió simplemente caminando hacia la persona que había ido a buscarla. En el camino se encontró con las trabajadoras de la clínica que habían participado de sus cuidados.
La San Bernardo se acercó a ellas, recibió caricias y permaneció unos instantes junto a las profesionales antes de continuar hacia Mariana.
Para quienes habían acompañado su recuperación, aquel comportamiento parecía una despedida. Para Mariana, fue una imagen difícil de olvidar después de todo lo que Nala había atravesado.
La frase utilizada para acompañar las imágenes resumió ese cambio de vida: sus patas ya no necesitaban tener miedo; ahora podían caminar junto a alguien que había decidido darle una segunda oportunidad.
No se puede afirmar científicamente que un perro comprenda una despedida humana de la misma manera que una persona, pero sí existe abundante evidencia de que los perros son capaces de reconocer personas, asociar experiencias con determinados individuos y responder a señales emocionales y sociales. Por eso, la reacción de Nala puede interpretarse dentro de un vínculo construido durante los días de cuidado y contacto constante.
Del abandono a una nueva familia
La historia de Nala también demuestra que el rescate no termina cuando un animal sale de un lugar de maltrato.
Después de la emergencia inicial comienza una segunda etapa, muchas veces más larga: recuperar el peso, tratar enfermedades, controlar posibles secuelas, reconstruir la confianza y permitir que el animal vuelva a relacionarse con las personas sin miedo.
En animales que han sufrido abandono grave, el proceso puede requerir semanas o meses. La alimentación debe ser controlada, porque un organismo debilitado no siempre puede recuperar inmediatamente todo lo perdido. También deben vigilarse infecciones, anemia, problemas digestivos, parásitos, lesiones y otras consecuencias asociadas a la falta de cuidados.
Por eso, la alta hospitalaria de Nala no significa que su recuperación haya terminado.
La propia historia difundida por Mariana deja claro que la perra continuará necesitando alimentación adecuada, controles veterinarios, descanso y adaptación a su nueva vida.
La otra historia que explica por qué Mariana decidió ayudarla
La llegada de Nala a la vida de Mariana no ocurrió por casualidad.
Antes de convertirse en la responsable de esta San Bernardo, Mariana había construido una relación especialmente fuerte con Olívia, una Golden Retriever parapléjica que se convirtió en una referencia en las redes sociales por su historia de superación.
Olívia sufrió un grave accidente cuando era apenas una cachorra. Con aproximadamente cuatro meses, cayó desde una altura considerable y sufrió una lesión en la columna que le provocó parálisis.
Sus antiguos responsables llegaron a considerar la eutanasia, pero el veterinario que la atendió decidió no realizarla y buscó una alternativa para la cachorra. Finalmente, Olívia llegó a Mariana, quien decidió adoptarla y comenzar un proceso de rehabilitación.
La adaptación exigió cambios profundos en la rutina familiar. Olívia necesitó fisioterapia, cuidados diarios y una silla de ruedas personalizada que le permitiera recuperar movilidad e independencia.
Con el tiempo, la historia de Olívia se transformó en una plataforma de concientización sobre los animales con discapacidad.
Mariana comenzó a compartir la vida cotidiana de la Golden Retriever y a mostrar que una discapacidad física no necesariamente significa que un perro deba perder su calidad de vida. En 2023, incluso impulsó un proyecto social destinado a facilitar sillas de ruedas para perros con discapacidad, inspirado precisamente en la experiencia de Olívia.
Una comunidad que pasó de seguir una historia a ayudar a otros animales
El alcance de Olívia en las redes sociales también permitió que Mariana utilizara esa visibilidad para otras causas.
En 2024, por ejemplo, seguidores de la Golden Retriever participaron en una campaña de ayuda para animales afectados por las inundaciones de Rio Grande do Sul. La movilización consiguió recaudar más de 11.000 reales en menos de ocho horas, dinero utilizado para comprar aproximadamente dos toneladas de alimento, además de otros productos destinados a los animales afectados por la emergencia.
Ese antecedente ayuda a comprender por qué el rescate de Nala pudo movilizar rápidamente a una comunidad digital.
La historia de Olívia había creado una red de personas interesadas en el bienestar animal. Cuando apareció Nala, esa red ya existía y pudo transformarse nuevamente en una herramienta para conseguir atención, recursos y apoyo.
El problema que existe detrás de la historia de Nala
Aunque la historia termina, por ahora, con una escena de esperanza, el origen de Nala expone un problema mucho más amplio: el abandono y la explotación de animales en establecimientos clandestinos.
Los caniles irregulares pueden operar fuera de controles sanitarios adecuados y mantener animales en condiciones incompatibles con el bienestar básico. En los casos más graves, los perros pueden sufrir hambre, enfermedades, reproducción indiscriminada, falta de atención veterinaria, hacinamiento y ausencia de socialización.
Los perros de razas grandes, como el San Bernardo, presentan además necesidades particulares. Su tamaño implica mayores requerimientos de espacio, alimentación y atención veterinaria. Mantenerlos en condiciones de hacinamiento o alimentación insuficiente puede producir consecuencias especialmente graves.
Por eso, el rescate de Nala no debería ser interpretado únicamente como una historia sentimental. También funciona como un recordatorio sobre la importancia de denunciar establecimientos clandestinos y situaciones de abandono, además de fortalecer la fiscalización y las políticas de protección animal.
Antes, ahora y después
Antes, Nala era una de las 21 víctimas de un escenario de abandono extremo. Su vida estaba marcada por la falta de alimento, la enfermedad y la incertidumbre sobre si conseguiría sobrevivir.
Ahora, después de aproximadamente diez días de atención intensiva, la San Bernardo puede caminar fuera de la clínica y comenzar una nueva etapa bajo los cuidados de Mariana. La imagen de sus patas avanzando hacia las personas que la cuidaron representa precisamente el contraste entre ambos momentos.
Después vendrá la parte menos visible de la historia: la recuperación completa.
Nala tendrá que recuperar su condición física, adaptarse a una vivienda, aprender nuevas rutinas y comprender que la comida llegará regularmente, que las personas pueden acercarse sin representar una amenaza y que ya no tendrá que luchar por sobrevivir.
Y quizá ese sea el verdadero significado de la escena que conmovió a las redes sociales.
Nala no salió de la clínica simplemente como una perra que había terminado un tratamiento. Salió como un animal que había sobrevivido al abandono y que comenzaba a descubrir una realidad completamente diferente: una vida en la que sus patas ya no tienen que correr para sobrevivir, sino caminar hacia un lugar seguro.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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